Mucho más que un trabajo: así se vive desde dentro el ser carabinero en La Serena

Desde el primer saludo en el cuartel hasta el último patrullaje de la jornada, ser carabinero significa vivir una experiencia marcada por el servicio, la camaradería y el compromiso con la comunidad. En momentos en que se anunció un cambio en la edad de ingreso a la institución, Diario El Día ingresó a la intimidad cotidiana de dos oficiales de la región de Coquimbo para conocer qué hay detrás del uniforme, y escuchar en primera persona, por qué los jóvenes debiesen postular.
Para la subteniente Camila Delgado, ser carabinera significa asumir un compromiso con la comunidad y estar dispuesto a enfrentar responsabilidades y momentos difíciles. (Foto: Cedida)
Para la subteniente Camila Delgado, ser carabinera significa asumir un compromiso con la comunidad y estar dispuesto a enfrentar responsabilidades y momentos difíciles. (Foto: Cedida)
lunes 24 de agosto de 2026

Hay días en que el uniforme se pone casi de manera automática. La camisa, los zapatos perfectamente lustrados, la gorra, cada detalle revisado antes de salir. Pero detrás de esa rutina hay algo que no se puede planchar ni ajustar frente a un espejo: la decisión de dedicar la vida al servicio de los demás.

En la Primera Comisaría de La Serena y la Sexta Comisaría de Las Compañías, la jornada de los carabineros comienza mucho antes de salir a patrullar.

Entre formaciones, instrucciones y revisiones de equipo también existen momentos cotidianos que dan cuenta de los vínculos que se construyen al interior de la institución. Una conversación entre compañeros, una comida compartida o el saludo al iniciar el turno forman parte de una rutina que, para quienes integran las filas policiales, termina convirtiéndose en una verdadera familia.

El subteniente Luis Vega explica que ingresar a Carabineros implica mucho más que comenzar un trabajo. “Uno llega a Carabineros pensando que viene solamente a trabajar, pero con el tiempo se da cuenta de que esto se transforma en una experiencia de vida”, relata, destacando los lazos que se generan entre quienes deben enfrentar juntos jornadas complejas y situaciones de emergencia.

En la Sexta Comisaría Las Compañías, la subteniente Camila Delgado vive una rutina similar. Antes de salir a terreno se revisan los equipos, se coordinan los servicios y se realiza la formación. Una de las principales consignas es cuidarse durante cada procedimiento. “Siempre repetimos, salimos todos, volvemos todos”, explica, reflejando una preocupación permanente por la seguridad de los propios funcionarios.

Ya en las calles, el trabajo policial adquiere un carácter impredecible. Los patrullajes preventivos pueden derivar en controles vehiculares, fiscalizaciones, denuncias, procedimientos por delitos flagrantes o situaciones que exigen tomar decisiones en pocos segundos. La misión es prevenir los delitos, responder ante las emergencias y entregar seguridad a la comunidad.

El patrullaje preventivo no tiene un horario único ni un escenario definido. Puede ser temprano en la mañana en un barrio residencial, al mediodía en una zona comercial, durante la tarde en sectores con mayor circulación de personas o entrada la noche, cuando cambian las dinámicas de la ciudad.

Para el subteniente Vega, precisamente esa incertidumbre es parte de lo que hace particular la profesión.

“Uno nunca sabe exactamente con qué se va a encontrar cuando sale a patrullar. Puede ser un procedimiento muy sencillo o una situación que requiera tomar decisiones importantes en pocos segundos. Y ahí aparece la responsabilidad que tenemos: actuar correctamente, proteger a las personas y entregar seguridad”, explica.

Pero la labor también incluye una dimensión menos visible: el vínculo con los vecinos. Durante los recorridos, los funcionarios conversan con dirigentes, comerciantes y adultos mayores, reciben inquietudes y orientan a quienes requieren ayuda. Son interacciones que no necesariamente quedan registradas en las estadísticas, pero que permiten fortalecer la confianza entre la comunidad y sus policías.

Delgado destaca precisamente esos pequeños gestos. “El saludo de una persona en la calle, que te reconozcan, que te digan gracias o que simplemente te sonrían, es un agradecimiento que uno recibe directamente”, señala. Vega coincide y asegura que ese reconocimiento puede convertirse en una motivación para continuar trabajando, incluso después de jornadas agotadoras.

En esta oportunidad, Diario El Día acompañó parte de la rutina de los funcionarios para mostrar una dimensión que habitualmente queda fuera de la noticia policial: la preparación de los servicios, la convivencia dentro del cuartel, las formaciones y el patrullaje. La experiencia permitió observar que la vida de un carabinero no comienza cuando se produce una emergencia ni termina al finalizar un procedimiento, sino que se construye durante toda la jornada.

Este relato cobra especial relevancia debido a los cambios en los requisitos de ingreso a la institución. Tras la modificación establecida mediante el Decreto 88, la edad mínima para postular se redujo a 17 años y el rango se amplió hasta los 30, abriendo una nueva posibilidad para jóvenes que buscan iniciar una carrera policial.

Para la subteniente Delgado, optar por este camino significa asumir un compromiso con la comunidad y estar dispuesto a enfrentar responsabilidades y momentos difíciles. Vega, en tanto, sostiene que además de vocación se necesitan ganas de aprender, crecer y servir. A su juicio, la institución entrega herramientas profesionales, pero también permite desarrollarse en lo personal a través de la experiencia y el aprendizaje junto a los compañeros.

Ambos oficiales coinciden en que la palabra “familia” adquiere un significado concreto dentro de Carabineros. Es el compañero que pregunta cómo se está después de un procedimiento complejo, quien ayuda cuando una tarea se dificulta, los cumpleaños compartidos y la confianza que se construye con los años. Ese vínculo también se extiende hacia la comunidad, donde los funcionarios terminan reconociendo a vecinos, comerciantes, niños y adultos mayores durante sus patrullajes.

No todas las jornadas terminan con una detención o un procedimiento destacado. Muchas veces el resultado es simplemente haber prevenido un delito, ayudado a una persona, escuchado a un vecino o entregado tranquilidad.

Para Camila Delgado y Luis Vega, esa es parte de la dimensión de una profesión que trasciende el uniforme. Ser carabinero implica asumir una responsabilidad diaria, confiar en el equipo y enfrentar escenarios impredecibles, pero también entender que detrás de cada funcionario existe una persona con familia, sueños, cansancio y proyectos.

Para quienes sienten que su vocación está en servir y proteger, la institución puede representar mucho más que una carrera: una experiencia de vida.

Mucho más que un trabajo: así se vive desde dentro el ser carabinero en La Serena