RESPUESTA DEL ECOSISTEMA
Lluvias de julio transforman el Limarí: expertos anticipan recuperación de flora y fauna
En pocas semanas, los cerros y quebradas del Limarí dejaron atrás parte del paisaje café asociado a los años de sequía para cubrirse de verde tras las intensas precipitaciones registradas en julio. El fenómeno no solo modificó la apariencia de la provincia, sino que también reactivó procesos ecológicos que permanecían en pausa bajo el suelo.
Semillas, bulbos, raíces y distintos organismos que permanecían latentes respondieron al nuevo pulso de humedad, favorecidos por la acumulación de agua y las condiciones posteriores al evento. Sin embargo, las lluvias también generaron crecidas de ríos y quebradas, desbordes y remociones en masa que pudieron afectar a la vegetación y modificar algunos sectores.
Para Cristian Delpiano, investigador del Laboratorio de Ecología del Desierto de la Universidad de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad, es probable que la magnitud del sistema frontal haya provocado pérdidas puntuales de ejemplares, especialmente en zonas ribereñas.
“Con los desbordamientos de los ríos y la crecida de las quebradas, es muy probable que se generó remociones en masa importante, y probablemente hubo mucho árbol decepado, arbustos”, explicó.
No obstante, el especialista plantea que la vegetación de estos ambientes posee mecanismos que le permiten enfrentar episodios de precipitaciones intensas. Por ello, aunque algunos hayan sido afectados, los sectores tienen capacidad de recuperarse y volver a ser colonizados.
“En general, la vegetación ribereña tiene mecanismos de adaptación para soportar estos eventos de lluvia. Así que, si bien puede que hayan ocurrido pérdidas de individuos, también es probable que esos sitios vuelvan a ser recolonizados”, sostuvo.
Uno de los ambientes que podría experimentar una recuperación más rápida son los humedales. Delpiano explica que estos ecosistemas responden a los llamados pulsos de agua, por lo que las modificaciones provocadas por las lluvias no necesariamente representan un deterioro permanente.
“Los humedales suelen un poco como resetearse con estos pulsos, y después la vegetación vuelve a aparecer”, señaló el investigador.
La disponibilidad temporal de agua también podría generar efectos favorables para especies que permanecen ocultas durante largos periodos, particularmente anfibios. En quebradas donde normalmente no existe agua permanente, la acumulación generada por las precipitaciones podría propiciar condiciones para su aparición y reproducción.
El investigador recordó que un fenómeno similar fue observado después de las lluvias de 2017 en la Quebrada del Romeral, donde se registró la presencia de sapos y renacuajos en un lugar donde habitualmente no se esperaba encontrar este tipo de especies.
A ello se suma la reactivación de otros componentes del ecosistema. La humedad permite el desarrollo de microorganismos, hongos e invertebrados del suelo y, posteriormente, puede aumentar la disponibilidad de insectos herbívoros y polinizadores. Esta cadena puede favorecer a aves, pequeños mamíferos, rapaces y zorros durante los próximos meses.
Cambios, pero no necesariamente permanentes
Aunque el paisaje del Limarí experimentó una transformación evidente, Delpiano llama a distinguir entre cambios ecológicos y daños permanentes.
“Si uno espera que exista daño, yo creo que uno puede decir daños y cambios, sí, permanente dependiendo del lugar, pero yo diría que en general a largo plazo no, porque son zonas que están adaptadas a estas crecidas de agua efímeras”, afirmó.
El especialista reconoce que el evento fue particularmente intenso y que las remociones en masa y la activación de quebradas pudieron generar modificaciones importantes en determinados puntos. Sin embargo, estima que los daños permanentes serían acotados.