APOYOS Y CRÍTICAS

Adhesión de Chile al “Escudo de las Américas” desata fuerte controversia política

Mientras el gobierno de José Antonio Kast y sectores del oficialismo justificaron el acuerdo como una estrategia indispensable para asfixiar al crimen organizado y al narcotráfico transnacional, desde la oposición denuncian una pérdida de soberanía, acusando una subordinación directa a la agenda geopolítica de Estados Unidos.
En el marco de su participación en la última asamblea de Naciones Unidas, el Presidente José Antonio Kast anunció la adhesión de Chile al “Escudo de las Américas”, agitando las aguas políticas en nuestro país. (Foto: EFE)
En el marco de su participación en la última asamblea de Naciones Unidas, el Presidente José Antonio Kast anunció la adhesión de Chile al “Escudo de las Américas”, agitando las aguas políticas en nuestro país. (Foto: EFE)
miércoles 23 de septiembre de 2026

La oficialización de la integración de Chile al denominado "Escudo de las Américas" ha encendido un intenso debate político en el país durante las últimas horas. 

La iniciativa, promovida por la administración del presidente estadounidense Donald Trump, busca crear un frente común contra el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo transnacional. Sin embargo, el anuncio realizado por el Presidente José Antonio Kast generó de inmediato un marcado choque de posturas en el mundo político nacional, abriendo un abismo entre quienes ven la medida como una herramienta operativa de seguridad regional y quienes la catalogan como un acto de subordinación geopolítica ante Washington.

Por un lado, el oficialismo defiende la adhesión manifestando que la delincuencia transnacional no respeta fronteras y exige esfuerzos conjuntos de inteligencia, logística y financiamiento. Por otro lado, diversos sectores de la oposición sostienen que la medida debilita la independencia nacional, expone al país a la doctrina de influencia estadounidense y elude deliberadamente el control democrático del Parlamento.

La justificación oficialista

Desde los sectores que respaldan la decisión del ejecutivo, el argumento central radica en la urgencia de combatir mafias internacionales con la máxima capacidad técnica disponible. Para estas fuerzas políticas, la magnitud de la crisis de seguridad que vive la región impide actuar de forma aislada.

El diputado Erich Grohs, representante del Partido Nacional Libertario (PNL), respaldó enfáticamente el ingreso al bloque multinacional, señalando a El Día que "el narcoterrorismo constituye una amenaza global que destruye vidas, familias y economías enteras".

“Bandas criminales como el Tren de Aragua no respetan fronteras y no podemos combatirlas de forma aislada. El ingreso de Chile al Escudo de las Américas es un paso en la dirección correcta para asfixiar financieramente a estas mafias, congelar sus activos y frenar la inmigración ilegal de sus miembros”, aseveró Grohs.

Asimismo, el parlamentario descartó de plano las aprensiones sobre un posible menoscabo institucional: “Esta cooperación bajo ninguna circunstancia significa renunciar a nuestra soberanía, sino que fortalece nuestras capacidades”, enfatizó.

En una línea congruente, el diputado de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Marco Antonio Sulantay, remarcó que la consolidación de redes delictivas globales demanda respuestas combinadas de carácter operativo, técnico y administrativo.

Sulantay descartó de manera categórica, además, que el pacto constituya una intromisión extranjera en las decisiones locales. “Trabajar en conjunto con otros países, incluyendo Estados Unidos, no es, en ningún caso, intervencionismo, ni pérdida de soberanía, como lo han planteado algunas voces críticas, ya que es un acuerdo político, sin implicancias jurídicas, por lo que, desde este punto de vista, está exento de obligaciones legales”, puntualizó el legislador gremialista.

Preocupación por la soberanía nacional

En la vereda opuesta, los reparos hacia el acuerdo abarcan desde cuestionamientos sobre la política exterior chilena hasta alertas sobre los intereses comerciales y tecnológicos en juego.

La diputada del Frente Amplio (FA), Carolina Tello, criticó severamente al gobierno, afirmando que se trata de una iniciativa impulsada por Donald Trump, que no pasó por el filtro del Congreso ni abrió un debate democrático formal.

“Eso no es cooperación, es subordinación. Tras esta supuesta cooperación en seguridad, no hay otra cosa que la doctrina Monroe para poner de rodillas a toda Sudamérica y subordinarnos a su agenda anti China y anti BRICS”, denunció Tello.

Según la parlamentaria del FA, la decisión del Presidente José Antonio Kast denigra los intereses soberanos de la nación, ya que el "Escudo de las Américas" contempla cláusulas sobre la revisión de inversiones extranjeras directas, el control de minerales críticos -como el litio y el cobre- y la imposición de proveedores "confiables" en materia de infraestructura digital. “Esto apunta, de manera directa, a desplazar la tecnología e inversiones de Beijing y Brasilia en nuestra región”, advirtió.

Por su parte, la diputada del Partido Comunista (PC), Nathalie Castillo, exigió explicaciones inmediatas al ejecutivo sobre el alcance real de los compromisos adquiridos, remarcando la necesidad de transparencia y urgencia para conocer el texto íntegro del pacto.

“El Presidente Kast tiene que transparentar de inmediato a qué se comprometió exactamente a Chile con el llamado Escudo de las Américas. El Presidente no se manda solo, Chile tiene instituciones, un Congreso y contrapesos democráticos que deben respetarse”, aseveró la legisladora comunista.

Castillo subrayó que no basta con asegurar en la prensa que el acuerdo no es un tratado formal ni que la soberanía está resguardada, y exigió precisar la naturaleza de la información compartida, el grado de injerencia que tendrán organismos estadounidenses en territorio nacional y los límites normativos de la alianza. “Chile no es el patio trasero de Estados Unidos y nuestra soberanía no está disponible para ningún gobierno extranjero. Las decisiones sobre Chile se toman en Chile, no en Washington”, concluyó.

Todos de derecha

También desde la izquierda el diputado Bernardo Salinas, puso en duda la verdadera naturaleza del pacto y cuestionó la representatividad de sus integrantes.

Salinas advirtió que llama la atención que los 15 países signatarios del Escudo de Las Américas respondan de manera homogénea a gobiernos de derecha y extrema derecha, “por tanto, no es eso un 'Escudo de las Américas', sino que son solo los países sometidos a Estados Unidos y a su política internacional”, argumentó.

Al respecto, el parlamentario recordó los orígenes de la iniciativa: “Cuando este tratado nace, primero fue un acuerdo entre El Salvador y Costa Rica, justamente para combatir el crimen organizado. Sin embargo, Trump vio una oportunidad para poder intervenir y ser injerencista en la política interna de cada uno de los países”.

A juicio de Salinas, bajo esta arquitectura de seguridad será el gobierno de Estados Unidos el que defina de forma unívoca qué estructuras son criminales y cuáles son narcotraficantes. Esto, alertó, responde "a una agenda ideológica orientada a perseguir y combatir organizaciones sociales, movimientos políticos y gobiernos de izquierda en la región".

El legislador sostuvo además que la medida resulta derechamente innecesaria, dado que Chile ya cuenta con herramientas vigentes y eficaces de coordinación multinacional. En particular, destacó los mecanismos operativos a través de INTERPOL y AMERIPOL, así como los convenios existentes de intercambio de inteligencia policial.

“Hoy día existe una alianza de intercambio de información estratégica y de inteligencia para combatir el narcotráfico. Por tanto, no se justifica en absoluto esta alianza que se ha hecho con Estados Unidos. Además esta alianza apunta a intervenir la política interna de los países”, señaló.

Para ilustrar lo que considera un fracaso del modelo, Salinas citó la situación actual de Ecuador, país miembro de la alianza. Afirmó que dicho estado ha tenido que recurrir sistemáticamente a la prórroga de estados de excepción constitucional debido a que, lejos de reducirse, el crimen organizado, la tasa de homicidios y el tráfico de drogas han experimentado un incremento sostenido.