EL GIGANTE SILENCIOSO
La historia del emblemático árbol de la Plaza de Armas de Coquimbo
En el corazón de Coquimbo, frente a la histórica Iglesia San Pedro, se alza un testigo silencioso de la transformación de la comuna puerto: un majestuoso sicomoro (Ficus sycomorus) de 132 años. Plantado en 1894, cuando la comuna apenas contaba con 22 años de existencia, el ejemplar ha sido testigo de gran parte de la historia moderna de la ciudad.
El origen de este árbol, también conocido como higuerilla, cruza océanos y culturas. Fue traído desde la India y plantado por Inés Chesney de Cosgrove, una vecina de origen escocés. Su ubicación no habría sido casual, sino escogida por su simbolismo, buscando representar un punto de encuentro entre las corrientes religiosas y espirituales de Oriente y Occidente.
La especie posee una rica herencia multicultural. En el antiguo Egipto se le asociaba con la muerte y la resurrección; en la India representa la sabiduría ancestral, mientras que para el budismo evoca al árbol de la iluminación o bodhi. Por su parte, la tradición cristiana lo vincula con la Virgen, reuniendo así diversos significados espirituales y culturales.
Para la comunidad local, la tradición popular ha convertido a esta higuerilla en un emblema de la fuerza y el coraje coquimbano frente a la adversidad. Actualmente, además de destacar por su imponente presencia, la generosa sombra del sicomoro cobija a músicos locales que comparten sus melodías con quienes transitan por el sector, manteniendo viva parte de la identidad cultural del puerto.