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Alejandro Pizarro Ubilla
Diversas acciones en materia administrativa, incluyendo pagos de boletas, sobresueldos e inasistencias laborales, sumado a determinados “privilegios” de algunos funcionarios habrían ensombreciendo paulatinamente la gestión del alcalde Marcelo Pereira, que deberá entregar su puesto al edil electo Alí Manouchehri, quien cargará con una pesada mochila.

Se trató de una derrota sin precedentes, inesperada. Fue lo sucedido el pasado fin de semana en el marco de las elecciones municipales, de convencionales y de gobernadores regionales, donde Coquimbo vivió un hecho político que marcará un antes y un después en su historia comunal. Esto porque luego de casi 29 años, el sillón edilicio porteño dejará de estar en manos de la Democracia Cristiana, para pasar al independiente Alí Manouchehri, que de todas formas cuenta con un “background” político que fue vital para su triunfo.

Quien sufrió esta lapidaria caída y puso fin a cerca de tres décadas del falangismo en la comuna puerto fue Marcelo Pereira Peralta, quien alcanzó apenas el cuarto lugar entre seis candidatos (fue superado por Manouchehri, Fernando Viveros y Ricardo Vitaly, y sólo se impuso a Pedro Antonio Castillo y Moira Navea).

Si bien muchos podían pensar que la maquinaria política que se conformó con el paso de los años sería –como en oportunidades anteriores- un factor determinante en estos comicios, esta no fue suficiente para lograr un resultado que, según fuentes internas de la DC, muchos sospechaban que ocurriría, tarde o temprano.

¿Cuáles fueron las razones para que se produjera una caída tan estrepitosa? Para muchos, está el manejo administrativo y financiero de la municipalidad, además de privilegios de unos pocos por sobre una enorme cantidad de funcionarios. Por otro lado, está la mantención de “viejas prácticas” que, según fuentes consultadas por El Día, son recurrentes. “Los operadores políticos siguen haciendo y deshaciendo”, señaló una voz fiable.

Para otros, un aspecto determinante fueron las malas relaciones que el alcalde conformó con diversos equipos y personas, lo que terminó, incluso, en una seria denuncia por parte de una funcionaria. Muchos quisieron, pero no se atrevieron a hablar “para no perder la pega”, aseguró otra persona cercana al municipio porteño.

Lo cierto es que todo este cúmulo de situaciones administrativas quedaron retratadas en el Informe Final de la Contraloría General de la República, que fue dado a conocer el 22 de marzo de 2021. Pero eso no es todo, porque poco a poco la administración Pereira fue perdiendo legitimidad entre los dirigentes vecinales y sociales.

Las malas prácticas



De acuerdo al informe de Contraloría señalado anteriormente, uno de sus principales objetivos fue apuntar a “eventuales irregularidades relacionadas con un posible déficit presupuestario, contrataciones de personal a honorarios, horas extraordinarias pagadas al equipo de confianza del alcalde, dobles contrataciones de personal municipal, dilación en pago de facturas, contratación a honorarios de don Juan Carlos Rojas Pizarro, uso de imagen excesiva del alcalde y negligencia en resolución de sumarios administrativos”.

Sólo como dato, quedó consignado en el informe de este órgano fiscalizador que la Municipalidad de Coquimbo al 31 de diciembre de 2019 “mantenía deudas sin devengar en su sistema contable correspondiente a facturas no registradas por la suma de $8.312.593.248; sentencias ejecutoriadas sin contabilizar por $69.287.897; deuda por transacción extrajudicial correspondiente al proyecto de construcción del edificio consistorial por un monto de $1.487.500.000 y una deuda con el Gobierno Regional de Coquimbo por $3.467.694.525, derivada del anotado proyecto de construcción”

Asimismo, el informe señaló que “se determinó que la Municipalidad de Coquimbo, al 31 de diciembre de 2019 presentaba un déficit de caja ascendente a la suma de $25.114.724.270, evidenciando con ello que sus disponibilidades monetarias no eran suficientes para cubrir las obligaciones contraídas en el ejercicio en análisis”.

Además, se constató que durante cada trimestre del año 2019, “el alcalde y el Concejo Municipal tomaron conocimiento de parte de las Direcciones de Control y Administración y Finanzas, del déficit presupuestario que afectaba a la Municipalidad”. Sin embargo, según cercanos a la casa edilicia, estas indicaciones no fueron consideradas.

Al respecto, el abogado Rodrigo Valdivia, en conversación con diario El Día, señaló que “bajo este complejo escenario, que incluye otra serie de irregularidades y mala gestión, el nuevo alcalde Alí Manouchehri, en medio de todas las felicitaciones que debe estar recibiendo, lamentablemente tiene que tener presente que va a heredar muchos temas judicializados, de los cuales él se va a tener que hacer cargo. Todas las acciones legales, como el cobro de facturas, demandas laborales y de reconocimiento de relación laboral y otras tutelas que hay en contra del alcalde Marcelo Pereira, lo ponen a él como el representante legal de la entidad edilicia. Desconozco cuáles serán los fondos de que dispondrá para responder a estos compromisos, pero no hay duda que serán los equipos jurídicos los que tendrán que responder por todas las acciones judiciales”.

Una cultura arraigada



Además de lo anteriormente señalado, según el informe de la Contraloría “se verificó que el 33% del total de funcionarios que componen la dotación de la gestión municipal de Coquimbo, desempeñándose en calidad jurídica de planta o contrata, mantuvieron, a su vez, un contrato a honorarios (…) implicando para ese municipio, durante el año 2019, un desembolso de a lo menos $1.567.001.718”.

Bajo ese contexto, son muchos nombres los que se repiten, siendo el más bullado el de Juan Carlos Rojas, jefe de gabinete municipal que hace muchos años es parte de los “círculos de confianza” de las últimas administraciones, de gran poder al interior de la DC en Coquimbo y quien generó distintas relaciones con los alcaldes. Hubo algunos que trataron de mantenerlo a raya, pero hubo otros que lo fortalecieron, y es el caso del edil Marcelo Pereira. Pero de Rojas hablaremos más adelante. 

Entre las prácticas que se hicieron recurrentes al interior de la actual administración fue la permanente ausencia del jefe comunal, según señalaron a El Día fuentes al interior del municipio. Para muchos cercanos, esta fue una actitud constante, que poco a poco alejó a Pereira de la comunidad y terminó por incidir en la aplastante derrota sufrida el pasado domingo.

Eso no era todo, pues en relación a la sesiones de Concejo Municipal “o no llegaba o lo hacía tarde. Faltaba constantemente, lo que era una queja constante de los mismos concejales. Siempre estaba esa incertidumbre”, afirmó otra persona ligada a la casa edilicia.

Misma situación es la que ocurría con los vecinos, hecho que sin duda lo habría alejando más y más de sus electores. Una persona muy allegada a sectores poblaciones afirmó que “si usted me pregunta a mí por qué el alcalde perdió, fue porque la gente lo castigó y no lo quiere. No era comprometido con los vecinos. Si a las 15:00 horas tenía una reunión, por ejemplo, con vecinos de Tierras Blancas, nadie avisaba si iba o no iba, y las personas se daban cuenta que la reunión no se iba a realizar cuando equipos municipales que llegaban antes se comenzaban a retirar. Esto era repetitivo con las personas mayores y con los dirigentes sociales”.

Lo peor de todo, según fuentes ligadas al municipio, es que el alcalde sencillamente “no llegaba a trabajar, incluso en días de semana. En tiempos normales no daba explicaciones y en pandemia fue mucho peor”. 

En ese contexto, incluso sus propios asesores lo tuvieron que casi “empujar” para que asistiera a las diferentes actividades que le correspondía ir. De acuerdo a otra persona que era muy cercana a este círculo, existían dos realidades paralelas en torno a él. “En los funcionarios municipales había molestia porque no iba a trabajar. Pero en su círculo más cercano creo que hacían la vista gorda y también se aprovecharon de esa forma de trabajar. Eso facilitó que muchos hicieran lo que quisieran. Si uno no ve un alcalde que ponga el control, se produce un desorden que después es difícil de manejar”, reveló esta fuente.

En ese contexto, según lo señalado por el informe de la Contraloría, “se constató que la Municipalidad de Coquimbo no cuenta con procedimientos formalizados respecto al uso del sistema de control de asistencia, situación que quedó en evidencia en visita efectuada por esta Entidad de Control al área de fiscalización de recursos humanos (…) Por otra parte, de la revisión efectuada a las marcaciones de entrada y salida registradas en el sistema de control de asistencia Tempo, que mantiene esa entidad edilicia, para el período 2019, correspondiente a los 29 funcionarios seleccionados en la muestra sujeta a examen, se observó que 705 registros, correspondientes al 62,06% del total revisado, fueron editados en marcaciones de ingreso y/o salida, y 48 registros figuraban en blanco, es decir, el 66,29% de los registros asociados a los pagos referidos a trabajos extraordinarios en jornada diurna y nocturna, sujetos a revisión, ascendentes a $113.970.197, están basados en registros de horarios alterados, sin que se advirtiera el nombre del funcionario que edita tales registros ni la documentación que tuvo a la vista para tal cometido”, constató el documento.

Bajo ese prisma, una constante que marca la interna del Municipio de Coquimbo es la presencia de los llamados “operadores políticos”, en su gran mayoría militantes antiguos de la Democracia Cristiana que tienen mucho poder y que son prácticamente intocables. Bajo ese punto de vista, allegados a la gestión municipal señalan que el futuro alcalde Manouchehri tendrá un gran desafío, pues esas prácticas son una constante y serían muy difíciles de desterrar. 

Funcionario de confianza 



Uno de los funcionarios de mayor trayectoria e influencia al interior del Municipio de Coquimbo es Juan Carlos Rojas, jefe de gabinete del alcalde Marcelo Pereira. Si bien en períodos anteriores gozó de mayor o menor poder, siempre ha sido considerado un hombre de confianza.

Aunque fue elegido como concejal en 2016, declinó de su cargo para transformarse en la mano derecha del edil, dejando su cargo electo en manos de Hernán Cortés.

Según el informe final de la Contraloría, de acuerdo con las verificaciones y los datos registrados en el sistema SIAPER de esta Entidad de Control, se constató que Rojas “desde el año 2012 hasta el 2019 se encontraba vinculado bajo la modalidad de contrata, con una jornada de 22 horas semanales, asimilado al grado 10° de la Escala Única Sueldo Municipal (EUSM).Cabe señalar que, para el período fiscalizado, esto es, el año 2019, dicho contrato fue formalizado a través del decreto exento N° 3.306, de fecha 26 de noviembre de 2018, cumpliendo la función de encargado de Gabinete-Alcaldía”.

Paralelamente, y según consigna de manera textual el informe “Rojas Pizarro prestó servicios a honorarios por media jornada, siendo formalizado por medio del decreto exento N° 698, de fecha 9 de marzo de 2020, para el programa comunitario ‘Fortalecer la comunicación entre la comunidad y la Ilustre Municipalidad de Coquimbo’, dependiente de Alcaldía y Gabinete del municipio”.

De acuerdo al ente contralor, por estas funciones se fijó para Juan Carlos Rojas un pago mensual de $2.968.000, para los meses de enero hasta mayo. “En tanto, para los meses de junio a diciembre un pago mensual de $3.390.222, estipulando en su convenio un registro de asistencia de acuerdo al sistema establecido en el municipio”.

Según la opinión de otro funcionario, “el gran problema al interior del Municipio precisamente es Juan Carlos Rojas. Está acostumbrado a las malas prácticas. Muchas de las personas que no van a trabajar y llegaban sólo a entregar sus informes y sus boletas no necesariamente se relacionaban con el alcalde, sino con Rojas, que les daba todas esas pasadas. Estoy muy seguro que él le hizo mucho daño a la gestión de Pereira, y también se daba el gusto de aparecer cuando quería. No resuelve nada y siempre sus decisiones dependían de lo que decía el partido”, comentó una fuente.

 



Una voz crítica



Uno de los más críticos de la gestión de Marcelo Pereira es el concejal Fernando Viveros (PC), quien ratificó muchos de los temas mencionados en este reportaje. En efecto, fue de los pocos ediles que buscó acusar al jefe comunal de “notable abandono de deberes”, iniciativa que no prosperó porque no contó con el quórum necesario para ser presentada ante el Tribunal Electoral Regional.

“Creo que existió una corresponsabilidad de parte del Concejo Municipal, porque nunca hubo la determinación ni el coraje para acusar a Marcelo Pereira de notable abandono de deberes. La historia dirá quiénes estuvimos a la altura en un momento tan importante para la historia de nuestra comuna. Fue un alcalde muy ausente en temas administrativos y de liderazgo externo. Cada vez que había un conflicto importante, nunca aparecía Marcelo Pereira y el que tenía que enfrentar todas estas situaciones era el administrador municipal, Patricio Reyes”, señaló.

Según el concejal, “Marcelo Pereira faltó a más de la mitad de los Concejos Municipales. De hecho, los conducía generalmente Alejandro Campusano”, acotó.

Para Viveros, “en estos años hubo falta de conducción y liderazgo. Creo que se caracterizó por ser una gestión ilegítima e inmoral, sin probidad y no manejando en forma cuidadosa los recursos públicos. De hecho, contrataron a más de mil personas durante estos cuatro años e incrementaron una cuenta, que es la 2104004, que paga a los honorarios y a los prestadores de servicios, entre otros. Esa cuenta se incrementó en más de 1.500 millones en 2016, llegando a 16 mil millones a la fecha actual, y se ha pagado sólo a través del endeudamiento”, subrayó el concejal comunista.

Viveros también criticó el proceso de los nuevos funcionarios de planta, “donde Marcelo Pereira puso a su jefe de gabinete, Juan Carlos Rojas, a Miguel Ángel Cuadros y al jefe jurídico, Claudio García. Todo quedó en una nebulosa, porque hay funcionarios que llevan años, décadas, y no fue considerada la meritocracia como un factor objetivo”, sostuvo.

Con vistas al período que deberá enfrentar el nuevo alcalde, Alí Manouchehri, el concejal espera que “mantenga su independencia y pueda ejecutar un proyecto transformador en la comuna de Coquimbo. Lo más importante es que trabaje en equipo, y de hecho, en el Concejo Municipal el nuevo alcalde no tiene mayorías, por tanto las variadas visiones deben ser consideradas desde el punto de vista programático. Y lo que nosotros como bancada comunista vamos a exigir, junto a Ignacio Plaza de Convergencia Social, es que se revise la situación de los sueldos en el Municipio de Coquimbo, homologándolos de acuerdo a la carrera funcionaria y que se acaben los sobresueldos”.

Por su parte, el excandidato a la alcaldía porteña, y que superó en los resultados a Pereira, Ricardo Vitaly, pone la voz de alerta y cree que “nuevamente se cocinó políticamente el Municipio de Coquimbo. El alcalde Pereira en 2016 alcanzó 20.300 votos y en la elección de hace una semana apenas alcanzó los 8 mil. Y no hay que olvidar que le dio vuelta la espalda el Partido Socialista, el PPD e incluso Cristián Galleguillos, sin olvidar que la senadora Adriana Muñoz le quitó el piso. También sumaron los dichos de Cristóbal Reyes. Todo esto facilitó el apoyo a Manouchehri de parte de las élites políticas locales”. 

Una acusación que pasó la cuenta



Sin duda, otra de las polémicas que acompañó la gestión de Marcelo Pereira fueron las malas relaciones con algunos equipos, según consignaron varias fuentes a El Día.

Pero el hecho que más complicó al edil fue la grave acusación formulada por la fonoaudióloga María Eugenia Dubó, quien encabezó la Oficina de Gestión Inclusiva del Municipio. La profesional aseguró que fue víctima de acoso laboral y maltrato, además de “castigos” luego de que ella iniciara una relación amorosa con otro funcionario. 

Asimismo, señaló que “fui estigmatizada por denunciar otras situaciones de abuso. Me encontré con una cultura del abuso y de la violencia de género dentro del municipio, avalada y ejercida por el alcalde Marcelo Pereira y su círculo de confianza. Entonces, para mí fue algo muy fuerte, porque nunca en mis años de trabajo había pasado por esto. Hay muchas funcionarias que vivieron el acoso y el abuso de poder”, argumentó.

Incluso, como una anécdota, señaló que “en una oportunidad fuimos a comer con varios compañeros de trabajo y el administrador municipal, Patricio Reyes. Él se tomó una foto conmigo y la subió a sus redes sociales. No pasaron ni cinco minutos y él recibe una llamada y luego yo, de parte de Marcelo Pereira. Estaba furioso por esa imagen, y esa era una dinámica que era conocida por parte de su círculo cercano. Que después lo desconocieran por un tema político y de camaradería es otra cosa”, acotó Dubó, quien fue removida de su puesto, a su juicio “en forma arbitraria”, y relegada a otras labores de menor relevancia.

Recordemos que la fonoaudióloga no sólo denunció públicamente esta situación, sino que se atrevió a presentar una demanda. “Hubo mucha gente que no se atrevió a denunciar, y hubo otros que lo hicieron pero se retractaron por miedo. Incluso, un vecino mío captó que había un vehículo municipal tomando fotos a mi casa. Lo que se busca es amedrentarte y perseguirte”, subrayó.

El abogado de María Eugenia Dubó, Rodrigo Valdivia, aseguró a El Día que “a mi representada, en su rol en la Oficina de Gestión Inclusiva, se le encomendó la creación de la Casa del Autismo. Esto se anunció en forma pública con bombos y platillos, donde a María Eugenia se le asignó la responsabilidad en su puesta en marcha. Todo esto se conoció públicamente en febrero de 2020 y se señaló que en un plazo de tres meses estaría concluido. Los tiempos no se cumplieron, aunque en este período mi representada gestionó los recursos para su puesta en marcha. Fueron alrededor de 58 millones de pesos”.

Según el jurista, en ese intertanto ocurrió un hecho delicado, y que inició lo que ellos definen como una “persecución” y que concluyó en la demanda que interpusieron contra Pereira. “Hubo una denuncia contra un funcionario por acoso laboral y sexual contra una practicante. Sin embargo, se trataba de una de las ‘manos derechas’ de Pereira al interior del Municipio. María Eugenia, como encargada de la oficina donde ocurrieron estos hechos, denunció lo sucedido ante la Oficina de Recursos Humanos de la Municipalidad de Coquimbo, por lo que se inició un sumario”, aseguró.

El abogado de la fonoaudióloga señaló que a raíz de estos hechos “el alcalde Pereira comenzó a aportillar todas las acciones llevadas adelante por María Eugenia. Interpretamos que el hecho de que este funcionario fuera cercano al círculo del alcalde y camarada de partido incidió en estas actitudes, que se fueron acentuando. Poco a poco la fueron aislando, incluso no era convocada a las reuniones tanto presenciales como remotas. La aislaron, y por eso ella pidió licencia por estrés laboral. Y en ese intertanto, sin ningún decreto alcaldicio, se designa una nueva jefa de servicio en su reemplazo, sumado a otras presiones y amenazas. Por eso es que nos decidimos a iniciar acciones legales, a través de una tutela por derechos fundamentales en materia laboral en contra de mi representada”.

El jurista reveló que “hubo otras tres denuncias, pero que finalmente no se formalizaron, porque el miedo era muy grande”.

“Hubo una campaña sucia”



El alcalde (S) de Coquimbo y administrador municipal, Patricio Reyes, conversó con diario El Día. Cabe señalar que si bien fue contactado, Marcelo Pereira declinó referirse al tema, porque recién regresará a sus funciones el lunes.

Sin embargo, Reyes abordó todos los puntos antes mencionados, y que sin duda podrían haber incidido en la dolorosa derrota electoral sufrida hace siete días. “Esto lo digo desde el alma, uno debe tener convicciones democráticas cuando se gana, pero sobre todo cuando se pierde. Uno debe ser hidalgo en reconocer la derrota, y nosotros fuimos derrotados, lo admitimos ampliamente”, señaló.

A su juicio, considera que “no sintonizamos bien con las demandas y urgencias de la ciudadanía, fundamentalmente en el contexto de la pandemia. Pero la culpa en primer término es nuestra. Aceptamos que la ciudadanía le dio el respaldo a otra opción y tenemos que asumirlo”.

Consultado sobre las circunstancias de una derrota política de gran envergadura, Patricio Reyes considera que “fue mayor de lo esperado, porque se sumaron las expectativas de la gente, lo que generó mucha molestia con el Gobierno, con la política tradicional y por supuesto contra nosotros. Todo eso nos pasó la cuenta a todo el sistema político”, reconoció el militante DC.

 A su juicio, la crisis de representatividad que hay en el país fue clave. “Hay una crisis de los partidos políticos antiguos. Fuimos parte de un tsunami de independientes y nuevos movimientos sociales. Es cosa de ver lo que sucedió en Santiago Centro, donde Felipe Alessandri era un alcalde bastante proactivo, pero cedió ante una nueva marea. Estoy convencido que la situación nacional también influyó en nuestra derrota”, dijo.

Según el administrador municipal de Coquimbo, también hubo una radicalización de los ataques en contra de Pereira. “Hubo ataques contra la persona del alcalde y de todo su entorno, para enlodar nuestra imagen y bajar nuestros bonos políticos. Fue una campaña de todos los candidatos, y eso también se vio en las redes sociales, donde se buscaron todos los errores, reales o no, para acentuarlos y difundirlos profusamente. Claramente eso también genera un daño. Creo que hubo un clima beligerante y excesivo en contra de nosotros. Fuimos víctimas de aquello”, aseguró.

Respecto de una autocrítica, considerando las denuncias de los dirigentes sociales y la baja asistencia del alcalde a los Concejos Municipales, Patricio Reyes puntualizó que “todo se puede haber hecho mejor. Las obras humanas son perfectibles porque son humanas, naturalmente. Pero que no quepa duda que nosotros hicimos nuestro mea culpa y asumimos que la derrota fue exclusivamente por nuestra culpa. Creo que todos los demás factores son adicionales y acumulativos. Deberíamos haber sintonizado mejor con la ciudadanía y no lo hicimos”, argumentó.

 Respecto de las acusaciones de abuso de poder y acoso que se le han hecho al jefe comunal, Patricio Reyes consignó que “todo influyó, pero muchas de las acusaciones que se dieron a conocer a través de las redes sociales eran verdades a medias o derechamente mentiras. Tanto va el cántaro al agua que termina por romperse. No obstante aquello, y no quiero barrer debajo de la alfombra, asumo nuestro mea culpa pero creo que también se suman hechos que nos terminaron por perjudicar aún más”.

 En relación con lo estrictamente administrativo, y la creciente deuda municipal que se le ha adjudicado a la actual administración, Patricio Reyes aseguró que “se produjo un aumento de la deuda porque Coquimbo es muy demandante y muchas de sus necesidades tienen que ser cubiertas por el municipio. Tuvimos que asumir situaciones nuevas, como es una residencia del Sename de la que tuvimos que hacernos cargo y que respondió a una demanda ciudadana. A eso hay que sumar la creación de nuevas delegaciones, que también fueron solicitadas por la gente”.

Además, el administrador municipal señaló que ha habido una merma importante de ingresos versus los gastos que se ejecutaron. “No hay que olvidar que a partir del 2019, hemos tenido una baja sustantiva de ingresos municipales, primero por el estallido social y luego la pandemia. Adicionalmente, está el contrato de Enjoy, que ha sido prorrogado en innumerables oportunidades por la Superintendencia de Casinos, y con eso íbamos a financiar la nueva dotación de planta y contrata. Hay razones bien objetivas que han influido en este déficit”, aseguró.

 



¿Crisis en la DC?



En la edición del pasado martes, el presidente regional de la DC, Patricio Solís, en diálogo con El Día, señaló que “estamos en un proceso de análisis y reflexión respecto de los resultados electorales. Creo que en el caso de los constituyentes podemos detectar un fuerte rechazo a los partidos políticos y esto es un reflejo de los cambios del país a partir del 18 de octubre del 2019”.

Respecto a lo sucedido a nivel local, sienten con fuerza la derrota en materia de gobernador regional y de alcaldes en las comunas de Coquimbo y Monte Patria. “Debemos replantearnos para ofrecer nuevas posibilidades a la ciudadanía”, confidenció.

En esa misma línea, uno de los “hombres fuertes” de la DC, el diputado Matías Walker, señaló a El Día en la edición del pasado martes que “nos dolió mucho que Ricardo Cifuentes no pasara a segunda vuelta para gobernador regional, lo que no estaba ni en el más pesimista de los cálculos. Pero lo importante es acatar la voluntad soberana de la gente”. Por otro lado, “perder los municipios de Coquimbo y Monte Patria también nos duele, porque se produce debido a las propias divisiones al interior de la Democracia Cristiana”, concluyó el parlamentario.

Déficit municipal en incremento

En el informe final de la Contraloría General de la República, se indicó que “este Organismo de Control impartió instrucciones a las municipalidades sobre cálculo del superávit y déficit de caja. En ese contexto, el déficit o superávit de caja es la cifra negativa o positiva resultante de las disponibilidades (caja y bancos) del municipio, excluyendo los depósitos de terceros, menos los gastos devengados y las obligaciones de deuda contraídas por la entidad al período de revisión”.

Así, se determinó que la Municipalidad de Coquimbo, al 31 de diciembre de 2019, presentaba un déficit de caja ascendente a “la suma de $25.114.724.270, evidenciando con ello que sus disponibilidades monetarias no eran suficientes para cubrir las obligaciones contraídas en el ejercicio en análisis.

El documento consigna que “el Alcalde y el Concejo Municipal tomaron conocimiento de parte de las Direcciones de Control y Administración y Finanzas del déficit presupuestario que afectaba a la Municipalidad de Coquimbo”, pero las autoridades “no ejercieron a cabalidad las facultades (...) relacionadas con la fiscalización de la ejecución presupuestaria municipal”.

 

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