Destinos Cruzados: La historia de la joven degollada en Ovalle

El miércoles 27 de noviembre Johanna Cortés degolló a la joven Nicol Rojas en pleno centro de Ovalle, en lo que fue uno de los peores hechos pasionales del último tiempo. Lo que ninguna de las dos sabía es que sus vidas y las de sus familias habían estado unidas desde siempre. En un recorrido por la capital de Limarí, descubrimos la historia, tanto de la víctima como de la victimaria. Estuvimos en sus casas y nadie de su entorno social imaginó que algo así podía llegar a pasar.
Destinos Cruzados: La historia de la joven degollada en Ovalle
Destinos Cruzados: La historia de la joven degollada en Ovalle
domingo 08 de diciembre de 2013

Caminos, huellas. Pasado, presente, a veces futuro... Es la vida, que sólo toma forma cuando en su ondulante ruta se cruza con otra, es allí cuando nacen las historias.

Hay quienes creen que se construyen. Que día a día, en cada acto, en cada paso se va moldeando una existencia variable e impredecible. Así, como el vuelo de una mariposa entre la hierba, entre las flores. Otros ven la vida como una ruta ya trazada la que sólo hemos venido a recorrer sin derecho a cambios ni reclamos, como un río inexorable que va en una sola dirección. Destino, le llaman al que a veces se convierte en el mejor de nuestros aliados, pero en otras ocasiones, en el más dantesco y cruel enemigo que en un solo designio nos cambia la vida de un sablazo y para siempre. 

Aquello lo saben mejor que nadie dos familias limarinas que en las últimas semanas han estado en la noticia. Resulta que la historia de los Rojas Varas y de los Cortés Olivares parece haber estado determinada por ese destino, que alcanzó su más brutal expresión cuando Johanna Cortés (32), aparentemente motivada por los celos degolló sin piedad a Nicol Rojas (19), quien supuestamente habría mantenido una relación con su pareja y conviviente Roberto Ceura. Lo que nadie sabía es que los padres de ambas mujeres crecieron juntos en el sector de La Chimba en Ovalle y que por años fueron grandes amigos. Habían perdido contacto. Sin embargo, el trágico hecho hizo que la vida volviera a cruzar sus caminos. 

DOS MUJERES…
UN DÍA TERRIBLE

Pero aquello no lo hubiésemos sabido sin ir hasta Ovalle. Allí, en primera instancia, quisimos conocer el perfil de estas dos mujeres, Nicol Rojas -quien al cierre de este reportaje aún se debatía entre la vida y la muerte- y Johanna Cortés, una víctima y la otra victimaria, para hacernos una idea de quiénes eran las protagonistas de este particular drama pasional. 

UNA JOVEN INTROVERTIDA
El miércoles 27 de noviembre era un día normal para Nicol Rojas. La joven menor de cuatro hermanos salió de desde su casa de la Villa Los Copihues, ubicada en el sector de Los Leíces, a cuatro kilómetros de Ovalle, donde vivía con sus padres Omar y Julia además de su hermana melliza. 

Se dirigió a la tienda Johnson’s, donde hace aproximadamente un mes realizaba labores de aseo fundamentalmente en el segundo piso de la multitienda. Fue allí donde se desencadenó la tragedia y donde, aunque ya ha transcurrido más de una semana, todavía están en shock. “Es lo peor que he visto en mi vida”, indica de entrada una vendedora cuando la abordamos tratando de averiguar cómo era la personalidad de la joven víctima. “Ella era súper tranquila, hablaba re poco, hacía su trabajo nomás. Sólo eso te puedo decir”, agrega, mientras se retira con los ojos llorosos para continuar trabajando. 

Y es que a los empleados de la multitienda se les ha prohibido hablar del tema. Así lo ratifica el propio gerente de local, quien precisa que “mientras exista un proceso judicial deben guardar silencio por orden directa de Cencosud”.

Pero hay quienes necesitan desahogarse. En el primer piso, uno de los guardias narra la impotencia que sintió cuando llegó al lugar y el hecho ya estaba consumado. “Da rabia, yo no estaba en ese momento, pero si hubiésemos sabido algo, quizás se hubiera puesto más seguridad afuera o arriba, pero nadie tenía cómo saber que pasaría algo así”, indica el trabajador. “Ella siempre venía a comprar coles, para amarrarse el pelo, era de esas personas que uno nunca imagina que les va a pasar algo así, tan niñita, tan normal”, cuenta Viviana Soto, comerciante del centro quien ese mismo día por la mañana recuerda haber divisado a Nicol cuando se dirigía a su lugar de trabajo. Hoy no sabe si volverá a verla. 

ESTUDIANTE SILENCIOSA
En el liceo Estela Ávila Molina, donde Nicol efectuó sus estudios de enseñanza media, cuando supieron la noticia, en principio no la asociaron con la joven. Y es que según relatan los profesores, no era una alumna que destacara por sobre el resto siendo más bien introvertida. “Cuando me enteré de lo que pasó no recordé, después dijeron que la niña que habían acuchillado en Johnson’s era del liceo y ahí me di cuenta que era ella. Es que era una alumna de bajo perfil”, indica Rosa, quien le hizo clases de religión en el 4º C de la generación 2011. “Yo no la recordaba, es que una tiene tantas alumnas. Incluso, cuando supe el nombre pensé que era otra niña que se llamaba igual”, agrega Margarita, otra docente del establecimiento, evidenciando el carácter tímido de la joven. 

Aquello lo corroboran en el instituto Valle Central, donde Nicol cursó durante un año la carrera de Técnico en Prevención de Riesgos. “Pero estuvo por un breve lapso y en ese tiempo vino muy poco a clases, hasta que simplemente dejó de asistir”, indica la jefa de carrera Andrea González. Y es que Nicol figura como “suspendida” en los registros de la institución, donde sólo alcanzó estar dos semestres con intermitencias y en donde no volvieron a saber de ella hasta aquel trágico 27 de noviembre, cuando estudiantes de enfermería que realizan la práctica en el hospital de Ovalle la reconocieron al ingresar luego de ser degollada, alertando que una exalumna había tenido un accidente y se encontraba grave. 

JOHANNA CORTÉS, SOLEDAD QUE ENFERMA
La mañana del último miércoles de noviembre fue cuando los fantasmas en la cabeza de Johanna Cortés pudieron más que la cordura. Mientras su víctima, Nicol, trabajaba en la tienda del centro, ella corroboraba la supuesta infidelidad de la única pareja que había tenido en su vida, el colectivero Roberto Ceura, de 37 años. 

En la Villa Bicentenario, donde Cortés residía hace más de un año, junto a su pareja y sus dos hijos, uno de 12 y el otro de tan sólo meses de vida, aún no entienden el actuar de su vecina. Aun cuando sus propios familiares han señalado que la mujer venía saliendo de un tratamiento médico debido a una depresión posparto y a los constantes problemas con Roberto Ceura, externamente todos coinciden en que era una mujer totalmente tranquila. “Es mentira lo que ha dicho la prensa, de que era loca o era mala. Ella era normal, era buena vecina y buena madre”, cuenta enérgica una vecina de enfrente de la morada de la victimaria, con la que más de alguna vez paraba a conversar cuando regresaba del negocio en la esquina de Huamalata con calle Danilo Peñafiel, en lo que, según cuentan habitantes del sector, era de las pocas veces que se le veía fuera de su casa. “Ella era una persona muy sola, quizás hizo lo que hizo, donde tenía mucho tiempo para pasarse películas”, opina otra conocida quien tampoco alguna vez observó nunca algún indicio de que Johanna fuese capaz de cometer tan horrendo hecho delictual. 

En la residencia de al lado de Johanna, un joven estudiante relata lo mismo. “Esa señora pasaba encerrada. Yo creo que igual por el tema del hijo chico que tenía, pero prácticamente no se le veía. Yo vivo hace harto aquí y la única vez que la veía era cuando el esposo llegaba en el colectivo y ella salía a abrirle el portón. Ahí él entraba el auto y desaparecían”, cuenta el joven, quien además de eso, nunca vio otra actitud de Cortés que llamara su atención. 

En uno de los almacenes de la población, nos encontramos con la dueña. Ella está consternada. Cuando le consultamos por Johanna, contesta visiblemente afectada. “No tengo idea de lo que pudo haber pasado, yo los conocía a ambos (Johanna y Roberto). Conversaba con ella, pero nunca me comentó que tuviera problemas ni nada por el estilo”, asegura. 

Intentamos hablar con alguien de la casa de Cortés, pero pese a nuestra insistencia, nadie abrió la puerta. “No se ve a nadie hace como dos días”, afirma una mujer que pasa en un automóvil a nuestro lado. Y es que al parecer, aunque en una polémica decisión la agresora no quedó en el encierro mientras dura la investigación luego del pago de una fianza de dos millones de pesos, Johanna no ha retornado al lugar desde donde salió aquel 27 de noviembre hasta el centro de Ovalle, donde con un cortacartón subió hasta el segundo piso de la multitienda Johnson’s y atacó a Nicol Rojas, con quien, sin ella saberlo, había estado ligada desde siempre. 

TRÁGICO REENCUENTRO
Todo comenzó en La Chimba hace más de 30 años. En aquel lugar nacieron y se criaron los padres de Johanna y de Nicol y de muy cerca, también son oriundas sus madres, Gladys Olivares y Julia Varas.

Cuando llegamos allí a unos 5 kilómetros de Ovalle, encontramos a una población conmocionada. Y es que todos conocían a las familias y los más antiguos sabían de la fraterna relación que alguna vez tuvieron don Armando Cortés y don Omar Rojas, padres de la victimaria y de la víctima, respectivamente. “Ellos estudiaron en el mismo colegio, eran re amigos (...) Hacían sus maldades juntos también. Lo que pasa es que aquí es chico y como ellos vivían cerca empezaron a juntarse”, cuenta justo a la entrada de La Chimba, María, una antigua pobladora a la que encontramos transitando por la única calle del lugar, un camino de tierra algo descuidado. 

Ella nos indica donde vive Armando Cortés, pero advierte que no sabe si nos recibirá. “Él caballero está complicado, es que es muy buena persona y crió bien a sus hijos, no creo que alguna vez se hubiera imaginado que su única hija mujer (Johanna) iba a hacer algo así, además que igual el caballero ha tenido una vida complicada”, relata. 

Y en esto último coinciden quienes hablan de don Armando. Resulta que el hombre, al igual que su hija, tampoco tuvo suerte en el amor y hoy vive solo en la casa de La Chimba. Se separó de Gladys Olivares luego de una extensa relación y con quien tuvo cinco hijos, la tercera era johanna, protagonista del hecho pasional, quien vivió con él hasta su adolescencia. 

Por esos años, su amigo Omar, padre de Nicol Rojas, también hacía su vida y, al contrario de don Armando, establecía una sólida relación con Julia, su actual mujer y madre de la joven atacada, tanto así que por amor se trasladó a vivir hasta Los Leíces donde ella residía. Allí, formaron una familia, y tuvieron una vida tranquila hasta hace pocos días cuando su hija fue atacada en la tienda Johnson’s.

NADIE LO PUEDE CREER
En el sector de Los Leíces, ubicado casi contiguo a La Chimba, también existe desconsuelo. En el lugar, la mayoría conoce la historia de las dos familias y no pueden creer cómo el destino las volvió a juntar de la peor manera. Según cuenta una habitante, el impacto cuando se conoció la noticia fue inmediato, ya que Nicol y Johanna no sólo habrían estado unidas por la historia familiar y el crimen pasional de sus padres. Resulta que ambas, en distintas épocas, ya que tienen 12 años de diferencia, recorrieron los mismos lugares. Así lo consigna otra vecina en Villa Los Copihues, muy cerca de la casa de la familia de Nicol Rojas. “Yo estaba al lado de una profesora cuando me enteré de la noticia por el diario y ella quedó en shock porque se dio cuenta que le había hecho clases a ambas cuando estudiaron acá en el colegio de Los Leíces”, cuenta la mujer, en alusión al colegio Potrerillos Bajo. 

¿Pero lograron conocerse entre ellas? Aquello no logramos precisarlo con exactitud, pero la impresión general es que no. “La Johanna ya se había ido de por estos lados, cuando las mellizas (Nicol y su hermana) estaban chicas”, cuenta Irma, vecina de Los Leíces. “Si eso es lo más trágico, que ninguna de las dos sabía quién era quién, y todo por la culpa de un hombre... Imagínese usted cómo es el destino, pero son los designios de Dios nomás, qué se le va a hacer”, relata la señora, impresionada por cómo estas vidas convergieron tan tristemente en un hecho de sangre que sigue siendo investigado y donde aún hay mucho que dilucidar. 

Más coincidencias
••• Habíamos intentado dar con él, pero no lo logramos sino hasta el final de nuestro recorrido por Ovalle. Armando Cortés se ve afectado ya que está consciente de la gravedad de los actos de su hija y sabe que probablemente tenga que pagar. Él es uno de los más impresionados con la serie de coincidencias que se han dado en este caso policial, pero creyente, no culpa al destino sino que prefiere pensar que “son pruebas que Dios le pone a uno, pero espero que podamos salir adelante, la familia de ella (Nicol), sobre todo, porque es la más afectada (...) Yo no tengo problema en pedir perdón”, cuenta, parado en la escalera de su casa de La Chimba donde reside, mientras su mano temblorosa enciende un cigarrillo que parece devorar. 

A Cortés no sólo lo tienen impactado los hechos que lo llevaron a reencontrarse fatídicamente con su amigo de la infancia. Y es que también le sorprende que el hombre por el cual su hija cometió el horrendo hecho, Roberto Ceura, resultara ser hijo de su segunda mujer, con quien se emparejó cuando se separó de Gladys Olivares. “Él nunca vivió acá, pero era hijo de una pareja mía, no tengo muy claro cómo conoció a Johanna, pero se juntaron y empezaron esta relación que, bueno, terminó como terminó”, indica un afectado Cortés. 

Intentamos contactar a Roberto Ceura y fuimos hasta la línea de colectivos donde trabaja en Ovalle. Allí nos dijeron que el hombre no se había presentado a trabajar desde el día del delito cometido por su mujer, pero que el día lunes fue a excusarse e indicó que debido a la difícil situación que está enfrentando se tomaría un tiempo antes de volver a trabajar.