San Bartolomé nutrió de rugby a los niños

Más de treinta niños y niñas llegaron a la jornada didáctica que lideró el club más antiguo de la región, en el que les dieron a conocer a través de pequeños ejercicios y jugadas, los principales conceptos y valores de este deporte > Este fin de semana fue la primera sesión de la escuela, que pretende implementarse durante todos los sábados del año de manera gratuita
lunes 03 de octubre de 2016

De lo lejos, se veía mucho movimiento en las canchas de La Serena Golf. Niños y adultos corriendo de un lado a otro. Tres hileras completas de autos estacionados. Parlantes, conos fosforescentes, varas de slalom, huinchas blancas e incontables balones de rugby sobre el pasto.

La mañana del sábado fue bastante enérgica para los integrantes del club San Barolomé, ya que se encargaron que más de treinta niños y niñas tuvieran sus primeros contactos con la ovalada.

A pesar que las condiciones climáticas no acompañaran tanto el arranque de esta iniciativa, las personas que llegaron lo hicieron con bastante entusiasmo y deseos de aprender a jugar al rugby. 

Los monitores dividieron a los asistentes en dos grupos. Las diferencias de edades son relevantes para encontrar la fórmula de transmitir los conocimientos de la disciplina. Pero la estructura fue la misma. La jornada comenzó con pequeños ejercicios motores, manejo de balón, técnicas de juego y de carrera, y por último, un partido.

Ahí, varios jugadores del plantel adulto se mezclaron con los niños para formar los equipos. “¡Ábrela, ábrela. Bien jugado. Así es, muy buen pase!”, le decían los más expertos a los que recién aprendían a jugar.

El objetivo estaba lejos de construir una buena jugada. La idea principal era compartir con ellos de la manera más cálida posible, para transmitirles los conceptos y valores de este deporte. 

El presidente del club San Barolomé, Alejandro Viada, quedó satisfecho y muy contento con esta primera sesión. Antes que empezara, los nervios le recorrieron por todo el cuerpo. No tenía certeza si acaso iba a llegar gente o no. A pesar que la actividad fuese gratuita, siempre estuvo presente la incertidumbre, más aún, con el día gris y helado que hubo durante la mañana. Pero afortunadamente arribaron más personas de las esperadas y se pudo cumplir el objetivo. “Fue un éxito. Alcanzamos a juntar cerca de 30 niños. La convocatoria fue maravillosa porque la gente que llegó, vino en familia y para nosotros es súper importante ya que queremos que esto no sea solo un lugar para practicar un deporte, sino que compartir como equipo, y eso integra a todas las familias de los jugadores”, sostuvo al borde de la cancha.

Ellos quieren mantener la convocatoria para ir avanzando en las categorías. Por eso que van a continuar todos los sábados realizando esta escuela gratuita y abierta para todo el público. “Como club hemos hecho un esfuerzo grande para que el funcionamiento de aquí a diciembre sea completamente gratuito. Queremos que se entusiasmen, conozcan el tema, y que el día de mañana sean ellos los que jueguen por San Bartolomé en el equipo adulto”, afirmó Viada.
Por sobre todas las cosas, en el rugby se enseña el respeto, trabajo en equipo, compañerismo y la lealtad. Lo que dice el árbitro es ley. No se le discute. El que dirige al equipo dentro de la cancha es el capitán. Todos lo respetan y obedecen. Esos pequeños detalles marcan la diferencia. Las individualidades no corren.

Cuando se terminó la actividad, se llamó a todos los asistentes. Incluidos los apoderados. Presencia completa para hacer el círculo. Momento sagrado en el rugby. Aquí se dicen las cosas que se hicieron bien y mal durante la práctica, y se comparten hacia todo el equipo.  Una vez que estaban todos reunidos y con los brazos entrelazados sobre los hombros, Alejandro Viada tomó la palabra. “Quiero felicitarlos a todos por el buen entrenamiento que hicieron hoy.

Ahora vamos a gritar nuestro sello como club. Yo voy a decir “Urrá” y ustedes contestan “Urré”. Luego yo vuelvo a gritar “Urrá” y ustedes vuelven a decir “Urré”. Y después de eso, gritamos todos juntos ¡San Bartolomé!”. Todos escucharon atentamente al líder del club. Este es el momento más importante para el equipo, porque en este grito se funde la historia del club. Cada vez que lo oyen, la adrenalina y pasión les recorre por la sangre. Sienten una conexión especial. Son muchos los significados que tiene. Y ellos, se lo quieren enseñar a las nuevas generaciones, invitándolos a sentir lo que significa el rugby, que es más que un deporte. Es un estilo de vida. Creen que a través de estas escuelas se pueden formar mejores personas y deportistas. Alejandro Viada volvió a tomar la palabra. “Ya, ahora con los pulmones a concho”, dijo. “¡URRÁ! ¡URRÉ! ¡URRÁ! ¡URRÉ! ¡SAN BARTOLOMÉ!”, gritaron todos con una energía implacable.