Alfajor

miércoles 05 de julio de 2017

Un lulo amasado, collar de harina, regala sabores  para alfajores en la lonja ribereña. 
Cuando las moneditas caseras ayudan al presupuesto familiar o personal en cualquier rincón del mundo. 
Donde tal como el pan de amasandería artesanal requiere de recetario exclusivo:  enludiado  oportuno después  de la sobadura y el horneado final. 
Con paciencia se gana el cielo … 
El alfajor consiste en un panecillo pequeño o mediano hecho con pasta de harina flor o maicena mezclada con otras especias confitadas o naturales. Pertenece al grupo de la dulcería criolla o internacional: aloja, galletas, tortas y otras. Su consumo es intemporal. 
En cambio, el picarón y la sopaipilla son propios de la temporada invernal. 
En Chile hay ciudades y pueblos que han adquirido nombradía por sus productos de repostería: Las Rojas con sus dulces; Curicó y sus tortas y La Ligua con sus empolvados.  Hoy, los picarones con arrope caliente  y zapallo ganan paladares. 
Las exquisiteces de la iniciativa repostera tradicional retoma terreno perdido por las ofertas con envases atractivos y precios tolerables. 
En tiempos de crisis o jolgorio surge la idea de hacer algo: amasar o fabricar aquella golosina de los abuelos. Así, por años, la partida de  alfajores sirvió para paliar los gastos de  educación en los hijos; la elaboración de “cachitos”  con chancaca y los “turrones” contribuían en el peso a peso.
Pero habíamos quedado con el recetario exclusivo –aunque en  YouTube se muestra una variedad– para orientarse en la elaboración de este manjar heredado de civilizaciones antiquísimas.
Harina blanca flor una taza y media; media taza de maicena; cuatro cucharaditas de azúcar en cubos de negrita: ocho cucharadas medianas…  recuerda  el video. 
Ante la diversidad –mezclas de chocolate, lúcuma y otros confites– recomienda ajustarse al recetario o releer el libro sobre esta “terapia”. ¡Vale!