Expertos estiman que para el 2050 la zona tendría las condiciones de aridez de Atacama

Según un estudio de Conaf, la región de Coquimbo es la más afectada del país por este fenómeno, por cuanto el 96% de su territorio se encuentra en condición de riesgo grave y media, mientras que sólo un 4% con riesgo leve. Se buscan tomar acciones en esta línea
La sequía que afectó a la zona por más de una década ha sido uno de los factores que ha influido en acelerar en avance de este fenómeno.
La sequía que afectó a la zona por más de una década ha sido uno de los factores que ha influido en acelerar en avance de este fenómeno.
viernes 15 de septiembre de 2017

Pensar que a principios del siglo XX el promedio de precipitaciones en La Serena llegaba a los 170 milímetros y que además existían grandes extensiones de flora nativa parecería impensado a estas alturas. Más aún imaginar que para el año 2050 el clima será similar al que hoy registra la región de Atacama y que la región Metropolitana registrará las condiciones que hoy tiene la zona. Pues bien, expertos señalan que esto no está muy lejos de la realidad. La causa, el avance acelerado de la desertificación.

Este es un fenómeno del que hemos escuchado hablar en innumerables ocasiones, pero al que al parecer no le hemos dado la difusión e importancia que requiere. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD ) la define como “la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y también por parte de las actividades humanas”. A su vez, la degradación de la tierra se define como la reducción o la pérdida de la productividad biológica o económica de las tierras secas.

“Los períodos de escasez hídrica se hacen cada vez más frecuentes y más severos. De esta forma, el diagnóstico indican que la región de Coquimbo es la más expuesta al riesgo por sequía grave”, Hernán Saavedra, jefe departamento de desarrollo y fomento forestal de Conaf región de Coquimbo

Se trata de una problemática que afecta a diversos puntos del planeta, sin embargo, lo que sucede en la región de Coquimbo es de especial preocupación.

Según explica Hernán Saavedra, jefe departamento de desarrollo y fomento forestal de Conaf región de Coquimbo, de acuerdo a estimaciones de la CNULD, de un 10 a un 20% de las tierras secas del mundo ya se encuentran degradadas, en particular Chile presenta un 21% de su territorio que se encuentra con un nivel importante de degradación, lo que significa que 16 millones de hectáreas se encuentran afectadas por el fenómeno de la desertificación.

El año 2015 fue actualizado (y dado a conocer el 2016) para todo el país un informe del Programa de Acción Nacional Contra la Desertificación (PANCD) de esta entidad, que da cuenta del nivel de riesgo en el que se encuentra la zona en esta materia.

“La población afectada en el país es de 6.8 millones de personas (40% de la población nacional), siendo la región de Coquimbo la más afectada, por cuanto el 96% de su territorio se encuentra en esta condición de riesgo a desertificación grave, y media, mientras que sólo un 4% con riesgo a desertificación leve”, especifica Saavedra.

La causa de este fenómeno, argumenta el especialista, ha sido la reducción persistente y substancial en la provisión de los servicios de los ambientales prestados por los ecosistemas, como resultado de la escasez de agua, el uso intensivo de la tierra y el cambio climático, que son una amenaza mucho mayor en las zonas áridas y semiáridas. “Particularmente, la intensificación proyectada de la escasez de agua dulce, tanto para el riego, como para la bebida, causará un mayor estrés e incrementará la vulnerabilidad de las personas que habitan estos territorios”, plantea.

96%

Del territorio de la región se encuentra en condición de riesgo a desertificación grave y media.

Lamentablemente, agrega, el fenómeno de la degradación de los recursos pro desertificación, va muy de la mano con otros fenómenos que acentúan sus efectos, y es que debido a las variaciones climáticas de los últimos 50 años, la condición de aridez se ha ido incrementando en la región de Coquimbo “y los períodos de escasez hídrica se hacen cada vez más frecuentes y más severos".

"De esta forma, el diagnóstico que el PANCD para Chile, indica que la región de Coquimbo es la más expuesta al riesgo por sequía grave, pasándose de una condición semiárida a mediados de los 70, a una condición árida en la actualidad, y llegando a extremos de hiperaridez, en la parte norte, afectando principalmente a las comunas de  La Higuera y Vicuña  y en el secano interior de las comunas de Combarbalá, Illapel y Monte Patria”, especifica.

De seguir en esta línea, advierte el especialista, los pronósticos no son muy alentadores. “De acuerdo a las proyecciones para el país, dadas las condiciones de cambio climático, se espera que al ritmo actual de cambio de temperaturas, al año 2050, la Región Metropolitana presente las condiciones climáticas de la región de Coquimbo, y Coquimbo, presente condiciones similares a las que se encuentran en la región de Atacama, es decir, las condiciones de aridez van avanzando hacia el sur a un ritmo muy acelerado y con pocas posibilidades de enfrentarlo, salvo que efectivamente se tomen acciones que impliquen un trabajo más activo y coordinado”.

Por su parte, Francisco Squeo, académico de la Universidad de La Serena e investigador del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), también coincide en que desertificación se ha convertido en un problema grave.

En la zona, dice, han influido el sobre pastoreo de ganado caprino y el cambio de uso de suelos, además de las deforestaciones. “Otro factor es la reducción de las precipitaciones producto del cambio climático” agrega.

“Se espera que al ritmo actual de cambio de temperaturas, al año 2050, la Región Metropolitana presente las condiciones climáticas de la Región de Coquimbo, y Coquimbo, presente condiciones similares a las que se encuentran en la Región de Atacama”, Hernán Saavedra, jefe departamento de desarrollo y fomento forestal de Conaf región de Coquimbo.

En la actualidad, indica, es difícil definir dónde está el límite de lo que sería la zona árida respecto de la semiárida. Esto está determinado principalmente por las precipitaciones “y en la actualidad el límite se encuentra al sur de Ovalle. En el pasado estuvo mucho más al norte, por ejemplo, a principios del siglo XX en La Serena llovían 170 milímetros y en la actualidad estamos por debajo de los 80 mm. En 100 años la línea se ha corrido mucho más al sur”, puntualiza.

“La vegetación no es capaz de moverse a la misma velocidad, para aquellas especies de plantas nativas que el óptimo está en La Serena, estas se establecieron y germinaron con 170 milímetros de lluvia promedio, esa misma cantidad de lluvia en 40 o 50 años más va a estar cerca de Santiago, es imposible que nuestras plantas se muevan tan rápido”, agrega.

En cuanto a lo que se viene a futuro, coincide con el análisis que hace Conaf. “Las proyecciones son para cuando alcancemos el 2X, que es cuando se duplica la cantidad de CO2 en la atmosfera, el 2040 o 2050 Valparaíso sería el equivalente a lo que ocurre ahora en el sur de Ovalle”.

En cuanto a la vegetación, dice, lo que ha sucedido en el pasado es que se quedan en refugios microclimáticos, en laderas menos expuestas, en fondos de quebradas “donde se mantiene un poco más la humedad, pero significa claramente una reducción de la cobertura y, por lo tanto, lo que nosotros conocemos como desertificación. La mayoría de los profesionales que estamos formando en la universidad vamos a estar trabajando en un sistema mucho más seco que el actual, eso es una realidad”.

MEDIDAS: ¿LLEGAMOS ATRASADOS?

La pregunta que cabe hacerse es qué se puede hacer para frenar este fenómeno y si todavía estamos a tiempo de acciones en esa línea.

A juicio de Francisco Squeo, a Chile se le ha destacado por su resiliencia, que es la capacidad de recuperarse frente a la adversidad y volver a la situación de equilibrio.

Pero en este caso, advierte, más que tener resiliencia lo que tiene que ocurrir es que vamos a tener que adaptarnos a las nuevas condiciones. “La disminución de la disponibilidad de agua o que sea cada vez más restrictiva, para tomar, de riego, lo cual significa que tenemos que asegurar nuestras fuentes cordilleranas. Nuestra principal fuente de agua estable es precisamente el agua que viene de la cordillera, por lo tanto ahí los glaciares de roca, porque los glaciares blancos casi no van a haber ya, son los que van a mantener andando el sistema, son nuestras grandes reservas, pero se van a agotar en algún momento”.

“Las proyecciones son para cuando alcancemos el 2X, que es cuando se duplica la cantidad de CO2 en la atmosfera, el 2040 o 2050 Valparaíso sería el equivalente a lo que ocurre ahora en el sur de Ovalle”, Francisco Squeo, académico de la Universidad de La Serena e investigador del CEAZA

Lo más probable es que se corra un poco la frontera de la aridez, indica, por lo cual a su juicio tal vez es hora de comenzar a pensar en forma más seria en opciones como el reciclaje de agua y desalinización.

“A mí me preocupa que las comunidades de animales y plantas nativas han sobrevivido estos periodos en el pasado en refugios, por lo tanto esos tenemos que protegerlos, porque van a quedar reducidos a pequeñas áreas y esas tenemos que resguardarlas en áreas protegidas”.

Hernán Saavedra, en tanto, señala que la desertificación efectivamente aparece entre los desafíos ambientales más grandes de la actualidad y de continuar el actual ritmo de agotamiento y degradación, se transformará en un impedimento para satisfacer las necesidades humanas, incluso las básicas. “En este marco, los escenarios para el futuro desarrollo demuestran que, si no se controla, la desertificación y la degradación de la tierra, estarán amenazadas las mejoras en el bienestar de las futuras generaciones”.

Sostiene que el uso sostenible de la tierra puede hacer frente a actividades humanas tales como el sobrepastoreo, la sobreexplotación de las plantas, apisonamiento de suelos y prácticas no sostenibles de la irrigación que exacerben la vulnerabilidad de las tierras secas.

“Las estrategias de manejo incluyen medidas de desconcentración de las presiones de las actividades humanas, tales como trashumancia (uso rotativo) en las tierras de pastoreo y abrevaderos, número de cabezas de ganado en consonancia con la capacidad de carga del ecosistema, y composición diversificada de las especies”, apunta.

Por otra parte, indica, las prácticas mejoradas de manejo del agua pueden aumentar los servicios relacionados con ella. “Éstas pueden incluir el uso de técnicas tradicionales para la recolección de agua, almacenaje del agua y de diversas medidas de conservación del suelo y del agua”. 

 

ACCIONES GUBERNAMENTALES

La situación ha despertado la preocupación de las autoridades y de la mano de entidades como Conaf, SAG e Indap se han estado tomando algunas medidas en esta línea.

En el caso de Conaf, Hernán Saavedra explica que en la actualidad y con la implementación de la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales de la entidad, se ha logrado complementar los presupuestos nacionales con recursos provenientes de donantes internacionales que permiten desarrollar no sólo acciones de lucha contra la desertificación, sino que también contra el cambio climático, que permitan recuperar la diversidad biológica del país.

1.120

millones de pesos es la inversión del SAG para el programa de suelos degradados este año. Se beneficiará a más de 1.400 hectáreas.

 

En este sentido, se ha estado desarrollando el proyecto de “Manejo Sustentable de la Tierra” en la comuna de Combarbalá, con financiamiento del Fondo Global para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), el cual busca desarrollar acciones que permitan a las comunidades y los habitantes locales, desarrollar actividades que permitan un mejor manejo de sus campos. En este proyecto participan todos los servicios del ministerio de Agricultura, además del ministerio de Medio Ambiente.

También se está llevando a cabo el proyecto “Diseño de un modelo de inversión socio ambiental para la restauración de tierras semiáridas de Chile”, que se ejecuta en la comuna de Ovalle, particularmente en las comunidades agrícolas de Cerro Blanco y Peñablanca. Este busca continuar con las acciones de lucha contra la desertificación que las mismas comunidades desarrollaron ya por casi 20 años, con el apoyo de diversos organismos, tanto nacionales, como internacionales. Cuenta con financiamiento del gobierno de Corea, a través de la Convención de Diversidad Biológica y de Naciones Unidas a través de los Agencias FAO-PNUD y PNUMA.

MILLONARIA INVERSIÓN.

El SAG e Indap también están trabajando a través del ministerio de Agricultura en un programa de recuperación de suelos degradados.

Según explica Raúl Torres Miranda, encargado regional de protección de recursos naturales del SAG, esta iniciativa se viene desarrollando en la región desde 1998 y funciona a través de bonificaciones entregadas a los productores para que estos puedan implementar planes de manejo destinados justamente a poder recuperar los suelos.

“Es uno de los programas más exitosos que tiene el SAG, esto partió el año 1998 con un monto asignado a la región de 80 millones de pesos, con los cuales beneficiamos a 25 agricultores y a este año ya estamos superando los 1.000 millones de pesos. Para este año tenemos una asignación de $1.120 millones y pretendemos poder beneficiar a más de 1.400 hectáreas que se podrían recuperar”, puntualiza.