Unidos Contra el Cáncer, combatiendo la enfermedad desde la experiencia

Dos de los miembros del equipo de apoyo de la corporación compartieron sus testimonios para concientizar a la sociedad sobre la necesidad de educar y prevenir en torno a la invasiva enfermedad, que afecta el núcleo familiar de quienes la padecen.
viernes 01 de diciembre de 2017

Milton Carmona y Stefani Takushi se emocionan al recordar a sus cercanos que murieron a causa del cáncer. El paso de los años no ha borrado el dolor de la pérdida, pero hoy se llenan de valor para compartir sus experiencias y ayudar a quienes viven la misma situación que les tocó enfrentar.

Pero no sólo buscan aportar compartiendo sus testimonios. Ambos pertenecen a la Corporación Unidos Contra el Cáncer, agrupación local que busca generar redes de apoyo para pacientes oncológicos.

Mediante campañas centradas en la prevención, pretenden cambiar la mentalidad de la sociedad ante una enfermedad brutal, que no todos logran enfrentar con facilidad.

Los dos se definen como afortunados. Su buena situación económica les permitió entregarles mejores condiciones a sus seres queridos antes de morir.  Además, el recuerdo de Brisa Lira, presidenta de la corporación que murió hace ya varios meses, les permite seguir adelante con los objetivos de la corporación.

Brisa Marina Lira Jiménez no tuvo garantizadas las mismas condiciones que sus amigos, pero siempre se preocupó por ayudar a quienes sufrían de cáncer, aun en los momentos más críticos de su estado de salud.

La fundación nació en 2015, momento desde el cual han realizado seminarios, visitas a hospitales y creación de redes de contacto y apoyo. Hoy tienen dos objetivos: crear conciencia sobre la enfermedad y construir dos casas de acogida, para quienes llegan desde sectores alejados a atenderse en las unidades de oncología en la conurbación.

Stefani aseguró que mientras se concreta la construcción de las casas de acogida, ya ve frutos en la meta más difícil: la conciencia y la prevención.

En medio de una caminata organizada por la agrupación, se le acercó una niña de 14 años. La menor la reconoció de una charla que dieron en su colegio, por lo que no dudó en preguntar por Brisa, que había muerto hace pocos días. La noticia generó impacto en la niña, pero Stefani la tranquilizó diciéndole que “ella no perdió la batalla, ganó mucho con que preguntes eso, ahora tú nos tienes que ayudar”.

La mujer, desde su experiencia directa con la enfermedad y tras visitar varios países, ve con preocupación la poca sensibilidad de la sociedad chilena y la mínima preparación de las personas para recibir una noticia que le puede llegar a cualquiera, una enfermedad que no discrimina.

Takushi aseguró que “la gente no sabe cómo enfrentarlo” y dice que los más afectados son los niños, que muchas veces se descuidan para poner atención en sus familiares enfermos. Por esto sus esfuerzos se han centrado en “la prevención antes de la prevención”.

Apoyando desde la experiencia

La vida de Stefani Takushi ha estado marcada por el cáncer. Nació en Bolivia, es hija de un japonés, pero vivió mucho tiempo en Estados Unidos. También ha visitado varios países y en todos los lugares pone especial atención en cómo viven y cómo salen adelante los pacientes oncológicos.

Vivía en Estados Unidos cuando hace doce años el cáncer se llevó a Ximena Bumgardner, una de sus hijas. Pero su historia no terminó ahí, ya que luego fue su turno. Hoy es una sobreviviente de cáncer y vive junto a Alfredo, quien también sabe de este dolor, ya que su primera esposa murió tras siete años de lucha contra el cáncer.

Ximena siempre fue una joven preocupada por su salud, a sus 33 años era deportista y cuidaba muy bien de su alimentación. Sin embargo, comenzó a notar algunos bultos en uno de sus pechos, por lo que se acercó hasta los médicos en Virginia, Estados Unidos, quienes no le tomaron el peso a los síntomas de la joven.

“Los médicos le decían que no se preocupara, que eran unas bolitas que salían alrededor del busto por otro motivo”, relató Stefani. Sin embargo, Ximena estaba preocupada y seguía insistiendo en que algo le pasaba a su cuerpo.

Tras meses de insistencia le realizaron una mamografía y el diagnóstico confirmó un cáncer de tipo inflamatorio en su pecho derecho. Stefani se encontraba en Puerto Rico junto a Alfredo cuando recibió la noticia que le rompió el corazón.

Cuatro años más tarde, su hija murió, lo que para la mujer pudo evitarse con un diagnóstico oportuno. De hecho, Stefani Takushi es la viva prueba de la efectividad de la prevención, ya que un año después de la muerte de la joven fue diagnosticada con el mismo cáncer, del mismo tipo y en el mismo lugar.

“Se dice que hay que tener cuidado con lo que le pides a Dios”, aseguró, ya que cuando su hija pasaba la etapa más agresiva y de mayor dolor en los últimos meses de su enfermedad “le dije a Dios ¿Por qué no me lo pasas a mí?”.

Pero independiente de si se trata de un acto divino o una cruel casualidad, la mujer asegura que en su caso el diagnóstico temprano hizo la diferencia. Hoy es sobreviviente de cáncer, el mismo que se llevó a su hija hace doce años.

La muerte de Ximena, comenta Stefani, produjo varios cambios en la comunidad norteamericana y su historia se conoció en los medios de comunicación.
“Gracias a esa fuerza que pusieron es que ahora en Estados Unidos se da la mamografía sin importar la edad, tú puedes tener 20 años y te van a atender igual”, asegura.

Ese mismo cambio pretende lograr en Chile. Llegó al país hace un par de años y movida por la empatía buscó incansablemente a alguien que la acompañara en su objetivo de apoyar y concientizar en torno a una enfermedad tan invasiva, y a veces silenciosa, como lo es el cáncer.

Así llegó hasta Brisa, con quien estableció una conexión desde el principio. Se emociona al recordar a su compañera y amiga, pero se arma de valor para continuar con su relato, “quería que todo lo que había aprendido en la vida no se fuera, la fe de las personas lleva a muchos lugares. Un día perdí a mi hija, pero son pruebas que Dios te da para que crezcas y seas mejor persona en la vida”, indicó.

Un cambio de vida

“Yo no pensé que el cáncer podía tocar la puerta de mi familia, pero lo hizo y fue duro”, así comenzó a relatar Milton Carmona la difícil historia familiar que le cambió la vida y lo acercó también a la corporación, desde donde hoy lucha por quienes necesitan apoyo y que, en sus palabras, se encuentran desamparados.

Conmovido, comenta que al momento de dar esta entrevista se están cumpliendo dos años de la partida de su esposa, Margarita, quien a los 50 falleció tras luchar por más de un año y medio contra un cáncer gástrico, dejando a tres hijas y dos nietos.

La experiencia cambió completamente la vida de Milton y su familia. Él es empresario, dedicado al rubro del turismo. De sus 56 años lleva 40 desempeñándose en el campo de los negocios, con los que ha construido una vida que le permite dar a sus hijas y nietos todo lo necesario.

No veía problemas en su vida, “vivía como yo creía que estaba bien junto a toda mi familia a lo largo de toda mi vida”, pero cuando los médicos le indicaron que los dolores que aquejaban a su esposa se debían a un cáncer, todo comenzó a cambiar.

Desesperado le preguntó al doctor cuánto dinero se necesitaba para que Margarita sanara,  a lo que el médico le respondió que no se trataba de dinero, sino de tiempo.

“Estamos criando a nuestros hijos, trabajando y muchas veces nos descuidamos de nosotros mismos”, reflexionó Milton, quien ahora es un fuerte aliado de la prevención. 

Seis meses de vida fue el diagnóstico de los médicos. Sin embargo, la vida de Margarita se extendió por varios meses más, “un año y medio que como experiencia fue terrible”, aseguró Milton, al momento que la emoción le impide continuar bien con su relato. “No quisiera recordarlo, sólo le pido a Dios que me lleve este dolor”, comentó conmovido.

De ese dolor viene su intención de trabajar por los pacientes oncológicos, “porque lo que yo viví fue terrible, pese a que tenía los medios para que ella no sufriera”, dijo.

Hoy Milton declara ser otra persona, la experiencia lo llevó a fortalecer su fe y declara confiar en que gracias a ese camino su esposa pudo mejorar y superar las expectativas de vida que fijó la ciencia.

“Se fue sana de su corazón, ese es el milagro más impactante. Me dijo ‘no te preocupes, yo me iré para un lugar más hermoso, vive tranquilo, lucha y cuida a nuestras hijas”, señaló.

“Como me había dedicado toda la vida a trabajar, conocía muy poco a mis hijos y tuve que hacerlas de mamá y papá”. Hoy declara ser un hombre nuevo, más humilde y cercano a su familia. 

El dolor no lo ha abandonado y el recuerdo de Margarita sigue latente, pero pudo sobrellevar el sufrimiento y ahora se dedica a buscar mejores condiciones para los pacientes oncológicos, y las familias detrás de cada historia. “Lucho cada día para que este sueño se mantenga. Hay mucha gente que está sufriendo porque recibieron una noticia para la cual no están preparados”, indicó.

Llegó a Unidos Contra el Cáncer cuando su esposa vivía, hoy es el director ejecutivo de la corporación y junto al equipo de apoyo lucha por mantener vivo el recuerdo y el legado de Brisa Lira, soñando concretar la construcción de dos centros de acogida para recibir y apoyar a los pacientes oncológicos que llegan desde los lugares más alejados de la región.

El legado de Brisa

Los miembros de la agrupación coinciden en que la mayor parte de los logros se deben a Brisa, quien pese a haber sufrido la ramificación de tres tipos de cáncer distintos tuvo la fortaleza para trabajar incansablemente por conseguir los centros de acogida.

Jorge Hurtado, exconcejal de La Serena, la conocía bien. Fue su alumno en el Liceo Industrial A7 de Coquimbo y entablaron una estrecha relación cuando ella participaba del Coro de la Cruz del Tercer Milenio y él dirigía la fundación del mismo nombre.

Brisa Lira  era una paciente oncológica y presidenta de Unidos Contra el Cáncer, hasta que la enfermedad terminó con su vida.

Se acercó a la corporación cuando Brisa y sus compañeros llegaron a la municipalidad de La Serena para realizar gestiones por un centro en la comuna, que finalmente se pudo concretar con la entrega de un terreno en comodato.

La describe en dos palabras como “verdadera apóstol” de la lucha contra el cáncer. A Brisa se le manifestó la enfermedad en el colon y luego se sumaron dos más.

Finalmente, falleció el 28 de marzo de 2017, pero mientras estuvo con vida fue un ejemplo para los que siguen su legado, “nunca la vi dejar de sonreír y ni perder el compromiso con su causa”, indicó Hurtado.