Indignante caso que remeció a Illapel

Un año sin Christopher: Madre recuerda poema que alertó suicidio que colegio pasó por alto

En mayo de 2023, el joven de 18 años tomó la decisión de quitarse la vida. Una grave agresión que terminó con lesiones en un ojo, profundizaron las crisis que venía experimentando por un cuadro depresivo. Tras una denuncia en la Superintendencia de Educación un mes después de su muerte, salieron a la luz una serie de señales que el colegio donde estudiaba pasó por alto. La más amarga, un poema en el que abordaba sus ideas suicidas.
martes 14 de mayo de 2024

“He hecho todo lo que está a mi alcance para lograr la justicia que mi hijo se merece. Él estaría vivo si le hubiesen brindado ayuda”, comenta Andrea Luco, faltando solo días para que se cumpla el primer año de la muerte de Cristopher Tirado (18).

Una fecha que rememora dolores para su familia, pero que no quiere dejar pasar sin más, no solo por “Cris”, sino porque “no quiero que otros niños pasen por mismo”, afirma.

Mientras habla con El Día, está a la espera de repuestas por parte de la Superintendencia de Educación, que iba a multar al colegio donde el adolescente estudiaba, antes de que éstos presentaran una apelación de la que, afirma, no ha sabido nada en cinco meses.

Andrea apunta al Colegio Santa Teresa de Illapel por no actuar ni dar aviso ante las evidentes señales que su hijo manifestó antes y después de un traumático hecho que le cambió la vida, y que fue el punto de inflexión para su decisión.

Con impotencia repasa esos antecedentes. El más amargo, un poema que el joven escribió en clases, donde advertía sus intenciones de terminar con su vida.

 

Las crisis en el colegio

Cristopher entró al Santa Teresa en prekinder.

Se trata de un establecimiento católico, vinculado a la Compañía de Santa Teresa de Jesús, la cual, tiene varios colegios a lo largo del país.

Debido a varias situaciones que atravesaron como familia, el joven tenía un cuadro depresivo, que se manifestaba en crisis que “no eran tan fuertes”, dice Andrea. Esto, hasta que llegó el 25 de octubre de 2022, cuando cursaba tercero medio.

Ese día, a la salida del colegio, un alumno de otro establecimiento, que no conocía, lo golpeó. Eso sucedió a minutos de terminada la jornada y a media cuadra de Carabineros y la Fiscalía, cuenta la madre.

El agresor, menor de edad, lo golpeó en reiteradas ocasiones en el rostro, provocándole lesiones de consideración. El diagnóstico fue un trauma ocular grave y conmoción retiniana, que fue tratado en el Hospital del Salvador, en Santiago.

“Luego de eso empezó a decaer, le empezaron a dar crisis fuertes”, dice Andrea.

El tratamiento fue complejo, y no corrió seguro escolar. Los controles eran seguidos, “uno tras otro”, dice la madre, y el joven estuvo en riesgo de perder el año.

Se encontraba en controles en la Unidad de Salud Mental de CEAPSI, donde certificaron un trastorno depresivo mayor y un trastorno vincular, que derivaban en crisis de angustia y dificultad de regulación emocional, y que repercutieron en un bajo rendimiento escolar e inasistencias.

En noviembre, el centro recomendó al colegio una disminución de la carga académica, cambio de modalidad en las evaluaciones a través de trabajos escritos y apoyo psicopedagógico.

Tras regresar de vacaciones “estaba bien y le empiezan las crisis fuertes”. Sin embargo, nadie le avisó lo que estaba sucediendo y recién cuando lo peor ya había pasado, Andrea lo fue descubriendo.

Tras una denuncia en la Suiperintendencia de Educación, pidió ver el expediente completo de una fiscalización realizada al colegio, donde se tomaron testimonios.

“Ahí sale que a una profesora le dijo ‘le voy a contar todo lo que pasó, desde que me golpearon se me terminó la vida’, y la profesora le responde ‘no haga tonteras’, pero no fueron capaces de decirme lo que pasaba”, dijo.

Asimismo, cuenta otro episodio, en el cual, Cristopher tuvo otra crisis en el colegio y los profesores no la lograron controlar. Solo su polola. “Pero tampoco me informaron de eso”, critica su madre.

Según Andrea, conversó en varias oportunidades con los profesores, para que informaran cualquier cosa que sucediera con su hijo, considerando que las pequeñas crisis venían de hace un tiempo y el trauma que vivió, pero no se hizo.

“En una oportunidad me citan al colegio porque mi hija había mojado a una compañera, pero para ellas era más importante eso que informarme que Cristopher estaba teniendo crisis fuertes en el colegio”, dijo Andrea.

El 14 de mayo de 2023 recibió su última operación en el ojo. Era complicada, porque podía nuevamente tener un desprendimiento de retina. Los últimos días se complicaron, fueron a control en Santiago y estando en la capital le dio nuevamente una crisis.

Llegando a la región, no fue lunes ni martes al colegio, sino el miércoles 17, mismo día en que se quitó la vida.

 

Ayuda tardía y amargo poema

Todo cambió cuando Cristopher falleció. “Ahí llegaron todos, hasta el municipio para preguntarme qué necesitaba, y yo les dije que ya no necesitaba nada, porque mi hijo ya había fallecido”.

Desde el colegio también se presentaron, y Andrea aprovechó la oportunidad para hacerles ver que en reiteradas ocasiones pidió ayuda, pero no se la brindaron.

“Lo que más me da rabia es que es un colegio católico, que siempre habla de la familia, del compañerismo, de la amistad y del amor al prójimo, pero con mi hijo no hubo nada de eso”, lamenta.

En el mes de junio fue cuando realizó la denuncia y desde entonces empezó a buscar información. Encontró los testimonios ya referidos y uno de los documentos más dolorosos, que se transformaron en una prueba del abandono que denuncia.

Se trata de un poema, que su hijo escribió cuando cursaba segundo medio. “Se lo entregó a una profesora y ella no dio aviso (...). Cualquier persona que vea ese poema lo comentaría con un psicólogo, pero no ocurrió nada”.

“De nuevo es medianoche y empieza, mis delirios de acabar con todo. Pero no tengo el valor de dispararme en la cabeza. Despierto cada día con más ganas de morir, lo único que me calma es ver la naturaleza”, dice parte del poema.

 

Sanción y apelación

A la fecha el caso ha tenido sus avances, pero no dejan conforme a la familia.

El agresor de Cristopher fue condenado, pero como tenía 17 años al momento de la agresión, quedó sujeto a un programa del Servicio Nacional de Menores (SENAME), que Andrea ha comprobado directamente, no cumplió con sus objetivos. Por ahora, se mantiene vigente una orden de no acercarse a la familia por el plazo de tres años.

Andrea afirma que nunca hubo un contacto del agresor o de su familia, si quiera para pedir perdón o disculpas.

En noviembre, la Superintendencia de Educación, instruyó un proceso administrativo y se sancionó con una multa de 51 UTM al establecimiento, sin embargo, en diciembre apelaron y desde entonces no ha habido noticias.

“He mandado correos y me dicen que ahora viene una parte administrativa, pero a mí me interesa saber, porque me da miedo que se arreglen”, dice Andrea.

El Día tomó contacto con la Superintendencia de Educación, sin embargo no hubo respuesta a las consultas realizadas.

Del mismo modo, intentamos tomar contacto con el colegio Santa Teresa, pero no fue posible al cierre de esta edición.