Visita de Marcelino Tejeda
El Niño Viandero emocionó a las visitas por el Día de los Patrimonios en Andacollo
Su emoción fue contagiosa y lágrimas rodaron por sus mejillas. Miraba sorprendido la figura que se imponía al medio de la tercera sala. Seguramente Marcelino Tejeda se vio reflejado en la imagen de El Niño Viandero, que fue inaugurada en la sede del Sindicato de Pequeños Mineros Pirquineros de Andacollo, pues su trabajo desde pequeño fue llevar el almuerzo a los viejos que se ganaban el sustento escarbando las entrañas de la tierra en busca del preciado metal.
Ahí, en una silla de rueda con poco movimiento y casi sin poder hablar, don Marcelino fijó su mirada en la imagen de El Niño Viandero, se mostró emocionado y también mostró una pícara sonrisa. Seguramente se acordó de sus andanzas y también de otros niños vianderos. Claro, historias hay muchas, como la relatada por el exdirector de la Escuela de Churrumata, Iván Guerrero, a la gestora y creadora del museo minero, Gina Videla. Le contaba que a la hora del almuerzo los niños se paraban y le decían: “Ya profesor, me voy a dejar las viandas”. Y el director no podía negarles el permiso, puesto que ese pequeño niño ejercía un oficio y ayudaba al sustento del hogar.
Muchas veces los vianderos dejaban a los viejos mineros sin sus alimentos. Eran niños y la mayoría de las veces con hambre. Por tanto, se sentaban en una piedra y se comían la presa. Otras veces se caían y adiós almuerzo. Y eso pasaba porque no sólo llevaban la vianda para su padre, también para otros pirquineros. Hasta 12 viandas cargaban algunos.

Y los niños vianderos llevaban el almuerzo a las minas, trapiches, piques, socavones, lavaderos. Y fueron muchos los que ejercieron eso oficio, especialmente en el apogeo de Andacollo, que pasó de tener 500 habitantes en 1933 a 31.100 personas en el año 37. Por tanto, los niños que ayudaban a sus hogares no sólo eran del centro de Andacollo, sino también de Churrumata, El Toro, Chepiquilla, La Jarilla, La Caldera, Manganeso y Maitencillo. Ya en los años 80, los niños vianderos dejaron de existir.
La creación del Niño Viandero, que fue obra de Alfredo Di Salvo, con la colaboración de otros artistas, se realizó porque los viejos mineros y los visitantes a la Sala Museo preguntaban por las viandas y los niños que las llevaban. “Ese pedido comenzó a dar vueltas en nuestras mentes y aquí está y las futuras generaciones sabrán quiénes eran esos niños vianderos”, dice emocionada Gina Videla, quien inauguró la sala junto a la directiva del sindicato y autoridades locales, un día ante del Día de los Patrimonio, fiesta cultural que cumplió 25 años.
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