NUEVOS TESTIMONIOS EN EL JUICIO ORAL POR BRUTAL HOMICIDIO DE ALFALFARES
Tragedia en Alfalfares: Camila fue asesinada dos días antes de mudarse con su familia
Este viernes se llevó a cabo la tercera jornada del juicio oral por el brutal crimen de Camila, joven madre asesinada en Alfalfares, el pasado 3 de julio de 2024, por su vecino. De esta forma, ayer pasaron por el estrado más testigos del hecho, como la niñera y su hija quienes fueron alertadas de lo ocurrido por las dos menores de edad que estuvieron presentes durante el crimen, además de funcionarios de la Policía de Investigaciones y Carabineros, quienes relataron el proceso de detención del único imputado. El momento más álgido y que conmovió a la sala, sin embargo, fue el testimonio de Ronald, expareja de la víctima y padre de la menor de 5 años que sobrevivió al ataque.
En su declaración, un relato estremecedor tejido con dolor y rabia, expuso las heridas imborrables que dejó en él y su pequeña hija aquella madrugada del 3 de julio de 2024, mientras él trabajaba en el norte del país, lejos de su familia. Ronald describió con voz quebrada el instante en que supo de la muerte de Camila y el posterior relato de su hija, quien presenció la agresión. Destacó la valentía de su expareja al defender con su vida a su hija del ataque y también cómo la pequeña había protegido a su madre abrazándola, momento en el cual, también resultó herida en su espalda y parte de su cuello. También relató las aprensiones que Camila le había expresado sobre, el ahora, único imputado por el crimen. Además, el padre reveló como junto a su hija enfrentan una lucha diaria para sobrellevar un trauma que los acompañará de por vida.
PENAS MÁXIMAS
“El dolor es insuperable”, confesó Ronald a El Día, tras declarar ante el tribunal, pese estar con tratamiento psicológico para afrontar el golpe que destrozó a su familia. “Mi hija tiene muchas falencias, muchos dolores, mucha pena. Yo como padre trato todos los días de poder afrontarla y darle la mejor cara para que ella tenga una vida normal; que entre comillas, a lo mejor no va a recuperar nunca, porque vamos a vivir con esto siempre. Nos encontramos regularmente con ayuda psicológica y psiquiátrica para poder afrontarlo”, explicó.
El hombre, padre de la niña herida aquella madrugada, sostuvo con firmeza que los antecedentes anteriores al ataque del imputado muestran que su conducta criminal trasciende el consumo de drogas. “Creo que sus tendencias estaban asociadas a una sensación sexual con mi pareja, una sensación de causar un daño extremo. Esa es su capacidad de actuar”, aseveró. Por ello, Ronald exige que se sancione al imputado, cuyo nombre no se puede revelar por prohibición expresa del tribunal. “Esperamos que se apliquen las penas máximas. Que esto no vuelva a suceder y que quede marcado que estos crímenes brutales deben tener un castigo ejemplar para toda la gente que está viendo esto”. En concreto, su petición fue clara: “que la justicia dé la pena máxima y cadena perpetua para que pague todo el daño”.
LA MUDANZA TRUNCADA
Sin embargo, durante esta jornada del juicio, se reveló un detalle que, sin duda, le da un mayor dramatismo a la tragedia. Y es que según el relato de la pareja de Camila, la familia estaba a dos días de marcharse de la vivienda que ocupaban hace un año en Alfalfares. “Habíamos comprado una vivienda en Coquimbo. El día antes que falleciera Camila, ya teníamos listo nuestro cambio de domicilio para mejorar nuestras condiciones de vida”, relató Ronald.
La decisión no era casual, pues diversas situaciones los habían llevado a tomar esa decisión. “Era por el vecino y por situaciones irregulares en la casa contigua donde habitaban. Era una casa con fiestas constantes que incomodaba a todos. La gente tenía la sensación de que no era el mejor entorno”, reconoció.
En ese sentido, Ronald responsabilizó directamente a quienes albergaban al acusado en el terreno vecino en donde arrendaban y que es propiedad de la hermana de la pareja del autor del crimen. “Ellos tienen una responsabilidad importante en mantener a una persona con tales antecedentes penales. Eso también terminó con la vida de Camila”, manifestó.
“ES UN ANIMAL QUE VIGILABA A MI NIÑA”
Pero Ronald no está solo, pues un pilar que ha estado a su lado es su madre, Carmen, quien durante la jornada de ayer acompañó a su hijo en la audiencia. La mujer, con lágrimas de indignación, exigió justicia por su nuera a la que dice haber querido como a una hija. “Queremos justicia por nuestras niñas, por mi nieta, por mi hijo. Este dolor lo tendrán toda la vida”, relató la mujer.
Al referirse al imputado no dudó en calificarlo como “un animal. No tiene derecho a salir libre. Además, creo que su familia era cómplice”. En ese sentido, la suegra de la víctima descartó cualquier atenuante que pudiese recibir por parte del tribunal. “Es mentira que estuviera drogado o loco. Sabía lo que hacía”, aseguró.
Tal como han expresado otros testigos, Carmen afirma que existía un patrón de acecho que el sujeto presentaba hacia Camila. “Vigilaba a mi niña. Sabía cuándo salía, cuándo llegaba, cuándo no estaba mi hijo. Encontró el momento para entrar. ¡No tenía derecho a quitarle la vida!”, afirmó con el dolor que le genera ver a su hijo y a su nieta destrozados por el accionar de un sujeto que se les cruzó de la nada en sus vidas y se las cambió para siempre.
EL DAÑO QUE NO CESA
Para Marcia Gallardo, en tanto, abogada que representa a la familia de Camila y al Centro de Atención a Víctimas de Delitos Violentos, explicó la importancia jurídica y humana de la declaración de Ronald. “Era necesario que él, por un tema personal, pudiera expresar y cerrar todo lo vivido. Pero también para que el tribunal pondere la extensión del mal causado”, dijo, subrayando la singular crueldad del caso. “Toda muerte es terrible, pero aquí una menor queda sin madre, Ronald con su familia destruida, y el daño sigue activo”, puntualizó la abogada.
Gallardo detalló además que “actualmente, padre e hija reciben tratamiento psicológico y psiquiátrico. Ronald no puede trabajar por su hija; ella tiene miedo constante en el colegio. A veces está normal y de repente revive los hechos, reiniciando sus crisis”. La abogada afirmó además que el crimen truncó su cambio de hogar, algo que para ellos era una oportunidad de poder salir de un ambiente que no era de los mejores. “Se mudaban en dos días por el acoso que Camila ya había denunciado”, puntualizó.
Lo cierto es que la esperanza de la querellante es que se logre el presidio perpetuo calificado para el imputado. “Es lo único proporcional a tanto dolor. Cuando él (Ronald) habló en la sala no lo quise interrumpir en realidad. Él se desbordó por todo el dolor que tiene, la pérdida, todo el dolor que le ha provocado y a su hija, el no poder nunca despedirse de Camila. Como que de un momento a otro desapareció. Un día estaban haciendo planes para cambiarse y luego ella ya no estaba con ellos”, señaló la profesional.
LLAMADA DE AUXILIO
Durante la jornada también atestiguó una mujer que cuidaba a la hija y hermana de Camila cuando ella trabajaba, quienes fueron, precisamente, las que avisaron que un “hombre malo” había ingresado durante la noche a la casa. Al respecto, las dos niñas de 5 y 8 años la contactaron mediante mensajes y llamadas urgentes por WhatsApp cerca de las 8 de la mañana, afirmando que Camila no despertaba y que ellas tenían frío y hambre. Gracias a estos llamados el femicidio de la joven madre fue descubierto.
Según el relato de la mujer, ésta se dirigió a la cabaña junto a su hija, y en el lugar encontró a las niñas visiblemente traumatizadas y con sus ropas ensangrentadas. “La ropa tenía una cantidad significativa de sangre”, declaró, precisando que la más pequeña “presentaba mayores manchas”. La niñera explicó que su hija, enfermera de profesión, ingresó de inmediato a la cabaña, mientras ella contenía a las menores en un pasillo exterior. En ese momento, una de ellas confesó entre sollozos: “había entrado un hombre malo en la noche”.
Minutos después, su hija salió de la cabaña confirmando lo peor: “Mamá, Camila está fallecida”, dijo, advirtiéndole eso sí, discretamente para no alarmar a las niñas. Acto seguido, llamó al SAMU mientras trasladaban a las niñas a la casa de la dueña del terreno, intentando calmarlas en un sillón. Al llegar los paramédicos, la testigo relata que acompañó a las niñas en la ambulancia al hospital de La Serena por indicación de su hija. “Las niñas te conocen, te tienen confianza”, le habría dicho.
Permaneció con ellas en emergencias hasta las 18 o 19 horas, incluso después de la llegada del padre y el cuñado de las pequeñas. Esa misma noche, declaró ante la PDI.