EL FESTEJO SE EXTENDIÓ HASTA LA MADRUGADA
La hinchada que empujó al campeón: historias de una pasión sin fronteras
El título de Coquimbo Unido no se entiende sin su gente. Los que estuvieron y los que partieron, los que alentaron desde el estadio o desde miles de kilómetros. Porque en cada bandera que flameó el domingo hay historias de infancia, de orgullo y de pertenencia.
El Pirata levantó su primera estrella con su hinchada, la cual, lleva una vida entera iluminando el camino.
En la cancha, lágrimas y abrazos. En las tribunas, una marea amarilla y negra que no se detuvo ni un segundo. Cuando sonó el pitazo final, la emoción se desbordó: hinchas, familias y generaciones enteras se fundieron en un solo grito. Luego vino la vuelta olímpica, la copa entregada por Pablo Milad, y una invasión de alegría que terminó en caravana por las calles del puerto, hasta la plaza Vicuña Mackenna, donde el bus del campeón fue recibido como una reliquia.
“UNO DE LOS MEJORES FINES DE SEMANA DE MI VIDA”
Gustavo Vega Gallardo (57) lo vivió como un milagro. Radicado hace años en Portugal, siguió cada partido de la campaña con desvelo y nostalgia.
“Este 2025 comencé a soñar y sufrir con la campaña del Pirata. Soñar con el primer título, sufrir al pensar que me lo perdería estando tan lejos”, cuenta.
El destino, sin embargo, le tenía preparado un regreso perfecto. Coincidieron dos fechas: la celebración de los 40 años de egreso del Colegio Seminario Conciliar y un compromiso laboral en Chile. “Se alinearon los astros”,destaca. “El sábado viví la fiesta con mis ex compañeros del Seminario y el domingo pude estar en el Sánchez Rumoroso viendo al pirata campeón. Sin duda, uno de los mejores fines de semana de mi vida”.
SU PRIMER PARTIDO HACE 47 AÑOS
“Mi padre, hincha furibundo de La Serena, me llevó el 29 de julio de 1979 a ver a Coquimbo contra Cobreloa. Ganamos 1-0 con gol de Liminha. Ese día nació mi pasión. Siempre me dijo que era la oveja negra… negra con amarilla, obviamente”, ríe.
Mientras tanto, Enrique Bermúdez Núñez (58), coquimbano de toda la vida, vivió la jornada con lágrimas y gratitud.
“Hoy ha sido uno de los días más felices de mi vida. Por fin ver al barbón levantar la copa del fútbol chileno… tengo 58 años y desde los 5 que voy al estadio. Son 53 años de espera”, relata emocionado.
“Muchos de mi familia y amigos se fueron esperando vivir esto. Lloré, abracé a mi hija, a mis nietos, y le di las gracias a mi madre por haberme traído al mundo en esta hermosa tierra. Soy inmensamente feliz. Amo a Coquimbo y siempre lo haré”, dijo.
Así como Enrique, también prolongaron los festejos hasta que las velas dejaron de arder, Roberto Quintanilla y Osvaldo González, quienes explicaron que esta sensación es única, realmente incomparable. “No tiene precio vivir este hermoso momento”, comentaron.