ARMANDO CARTES, abogado e historiador

“Es necesario mirar lo local para poner en valor el territorio”

El también escritor, visitó La Serena para presentar su libro “El carbón antes de Lota”, en el que se relata cómo se fue forjando la historia del mineral que, a su vez, fue dando forma a la localidad. En conversación con Diario El Día, abordó la importancia de relevar la historia desde las propias regiones.
Franco Riveros
Franco Riveros
sábado 08 de noviembre de 2025

“El carbón antes de Lota”, una investigación que revela la prehistoria de la minería carbonífera chilena y su conexión con la modernización del país, fue presentado este viernes por Armando Cartes Montory, abogado, doctor en historia y profesor titular de la Universidad de Concepción.   

En su libro, escrito a partir de una mirada regional y a la vez global, destaca la importancia de recuperar las memorias locales y fortalecer la identidad de los territorios.

-¿Cómo llega a este relato que también puede extrapolarse a otras realidades locales del país?

“Lo que pasa es que Chile ha sido siempre identificado como un país minero, pero generalmente asociado al salitre, al oro en tiempos coloniales, al cobre o, en la actualidad, al litio. Sin embargo, el carbón fue absolutamente clave para que el país se modernizara. Permitió el desarrollo del transporte, de la energía, de la industria, y fue una pieza central en la transición del mercantilismo al capitalismo. A pesar de ello, el carbón ha sido visto casi siempre como un tema local, ligado a Coronel o Lota, cuando en realidad transformó a todo Chile. El país se modernizó en el siglo XIX gracias al carbón, y en el siglo XX, en cierto modo, se frenó, porque la matriz energética siguió dependiendo de él por mucho tiempo y costó traspasarse a la electricidad o a los hidrocarburos”.

-¿Qué recoge el libro que presentó?

“El libro muestra, primero, la historia del carbón desde tiempos coloniales; segundo, su vínculo con la expansión comercial inglesa y la mirada imperial del siglo XIX; y tercero, amplía el marco temporal que comúnmente se asocia a la minería carbonífera chilena. Tradicionalmente, la historia del carbón se ha vinculado a Matías Cousiño y a los años 1850, pero esta investigación se remonta a 15 o 20 años antes, hasta la Bahía de Concepción, donde la explotación comenzó tempranamente y desde donde se expandió al resto del país”.

-¿Por qué esa distinción de “el carbón antes de Lota” es importante?

“Porque lo que busco es mostrar que la gran región carbonífera chilena no comenzó en Lota, sino mucho antes y en un territorio mucho más amplio. El carbón se explotó desde Coquimbo hasta Magallanes, aunque las zonas más productivas se concentraron entre Tomé y Lebu, abarcando todo el Golfo de Arauco. En esa franja, cerca del 80% de la producción estaba literalmente bajo el mar, lo que demuestra la magnitud técnica del esfuerzo minero”.

-¿Cuál es la importancia de rescatar la historia local y regional?

“Yo practico lo que se llama historia regional, que es diferente de la historia local o parroquial. La historia regional busca estudiar un territorio en conexión con el conjunto nacional y con el mundo, apoyándose en un marco teórico y metodológico sólido. No se trata de recopilar anécdotas, sino de comprender procesos históricos que nacen en los territorios y que, a la vez, están vinculados a dinámicas globales. Estudiar lo regional permite mirar las causas profundas de los fenómenos, no solo sus consecuencias. Por ejemplo, he trabajado sobre la caza de ballenas en Estados Unidos, la emigración francesa en el siglo XIX o la independencia americana desde fuentes en España y Perú, porque ahí se tomaron decisiones y se desarrollaron ideas que influyeron en nuestra historia. Del mismo modo, estudiar el carbón chileno desde Inglaterra me permitió entender la tecnología, los capitales y los saberes que luego llegaron a nuestras minas”.

-Entonces, habría que partir desde adentro del territorio.

“Es necesario mirar lo local para poner en valor el territorio, su historia y su patrimonio. El legado industrial del carbón todavía puede verse en la zona del Biobío y tiene un enorme valor cultural. Hoy Lota y sus alrededores buscan obtener la declaratoria de Patrimonio Mundial, y eso requiere no solo preservar los vestigios materiales, sino también reconstruir la historia que les da sentido. Mi trabajo busca aportar precisamente a esa comprensión más amplia: conectar lo regional con lo global, mostrar cómo nuestra historia se inserta en un contexto mucho mayor”.
-¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan los historiadores al momento de plasmar sus investigaciones en el papel?

“El primer gran desafío son las fuentes. Nuestro pasado industrial se desarrolló rápidamente, pero nunca se pensó en conservar la documentación. Cuando las industrias decaen o cierran, lo hacen de manera abrupta, a veces violenta, y los archivos desaparecen. Se destruyen o se abandonan, y con ellos se pierde una parte esencial de la memoria colectiva. Eso ocurrió también con el carbón. Aunque existen registros sobre los trabajadores y la producción, hay enormes vacíos sobre la organización empresarial, la vida cotidiana o los vínculos internacionales. Para suplir esa carencia, realicé trabajo de archivo en Inglaterra: visité el Archivo Nacional, la Biblioteca Británica, el Museo Nacional del Carbón, el Museo del Ferrocarril y varias universidades. Incluso bajé a una mina a 500 metros de profundidad para experimentar lo que vivían los mineros”.

-En su visita a la Región de Coquimbo, ¿cómo observa el trabajo de rescate y puesta en valor de la historia local?

“Estoy muy contento de volver a esta región. Vengo con frecuencia a realizar actividades en la Universidad de La Serena, donde tengo colegas que aprecio mucho, como Hernán Cortés y Alex Ovalle, con quienes hemos organizado charlas y seminarios. Pero también me interesa mucho reunirme con la sociedad civil, con los historiadores y promotores culturales locales. En particular, destaco el trabajo de la Sociedad Patrimonial Pedro Pablo Muñoz Godoy, que ha sido pionera en la difusión de la historia regional y ha publicado excelentes investigaciones que yo mismo colecciono”.

-¿Cómo evalúa el fomento actual a la investigación, la publicación y la difusión histórica en Chile?

“Pasan cosas interesantes. Hay investigadores comprometidos y proyectos valiosos, pero siempre se puede y se debe hacer más. En teoría, cada región de Chile debiera contar con una biblioteca, un archivo y un museo regional plenamente operativos. Eso se ha cumplido solo en parte, y muchas veces de forma incompleta. Y estamos hablando de regiones históricas, fundacionales del país, como Coquimbo y Concepción, que fueron el corazón del Chile colonial y republicano temprano”.

-¿Siente que es necesario masificar la cultura? 

“Es urgente descentralizar la cultura. No puede ser que para consultar documentos de nuestra propia región tengamos que viajar a Santiago. Hay que estimular la participación de la sociedad local, promover la devolución de archivos a los territorios y fomentar la editorialidad regional. Quien decide qué se publica, decide también qué se enseña, de qué se habla y, en última instancia, qué se recuerda. Solo cuando tengamos una ciudadanía consciente, informada y orgullosa de su identidad regional podremos construir un país verdaderamente equilibrado. No se trata de dividir, sino de reconocer la diversidad y riqueza de nuestros territorios”.