En la Copa Libertadores
De 1992 al sueño actual: Cuatro historias que cruzan generaciones en Coquimbo
Han pasado 34 años desde aquella primera vez. Una eternidad para el fútbol, pero no para la memoria. Este miércoles 8 de abril, Coquimbo Unido volverá a disputar un partido de Copa Libertadores, recibiendo a Nacional de Uruguay en el estadio Francisco Sánchez Rumoroso, reactivando recuerdos imborrables de 1992, cuando el “pirata” escribió su primera página internacional.
El debut fue el 18 de febrero de ese año, nada menos que ante Colo-Colo, vigente campeón continental, en un Estadio Monumental repleto. Fue derrota por la cuenta mínima, pero también el inicio de una travesía histórica para un club que hasta entonces miraba el concierto internacional desde lejos.
Hoy, esa historia vuelve a latir en quienes la vivieron desde distintos rincones.
Un hito fundacional
El exdirigente Eduardo Corvetto recuerda esa clasificación como un hito fundacional. “Era una institución que venía de tumbo en tumbo y lograr meterse en la Libertadores fue algo grandioso”, rememora.
Un empate en El Salvador selló el paso al torneo, en medio de un contexto donde el club aún lidiaba con limitaciones estructurales, incluso en su estadio, que debió ser adaptado para cumplir con las exigencias internacionales.
Más allá de lo futbolístico, la experiencia dejó una marca imborrable. “Fue una hoja importantísima en nuestra historia”, sostiene.
Para Corvetto, la gran diferencia entre 1992 y 2026 no está en la emoción, sino en el contexto. Hoy Coquimbo Unido llega como campeón del fútbol chileno, con una institución consolidada, un estadio acorde a los estándares internacionales y una hinchada que no solo recuerda, sino que también proyecta.
“Ahora es diferente, hay mayor seguridad. Estamos muy bien. Jorge Contador, como presidente, ha logrado consolidar una buena dirigencia, y hay una administración excelente con Pablo Morales y Pablo Ramírez. Hemos conseguido un campeonato soñado, algo que antes veíamos muy lejano. Hoy enfrentamos la Copa Libertadores con un horizonte más seguro, con un buen estadio y un plantel que puede darnos satisfacciones”.
Para Corvetto, si antes fue una hazaña, hoy es una oportunidad. Y si antes fue un sueño, ahora es una convicción. “El campeonato demuestra que algo podemos hacer. Además, los equipos que vienen —Nacional de Uruguay, Universitario de Lima y Tolima de Colombia— son rivales accesibles. La situación es más estable y enfrentamos esto con optimismo”.
Ese optimismo también se sustenta en experiencias internacionales previas. “Hemos tenido participaciones sudamericanas importantes, incluso una semifinal. Hoy estamos más tranquilos y convencidos de que podemos hacer una mejor Copa”, precisó.
El niño que saltó a la losa
Exequiel Martínez tenía 15 años cuando Coquimbo clasificó. Era estudiante y vivía el club con devoción total.
Recuerda escuchar el partido en la radio tras un corte de luz, correr al aeropuerto para recibir al plantel y, en un acto que hoy parece impensado, saltar junto a otros hinchas a la losa para abrazar a los jugadores.
“Fue una locura, una emoción tremenda de juventud”, relata.
Hoy, más de tres décadas después, la historia se repite, pero con un matiz distinto. Ahora es él quien lleva a sus hijos a vivir lo que alguna vez soñó. “Es un sueño cumplido. Todo lo que venga es yapa”, reconoce.
Del hincha al embajador
René Álvarez también tenía 15 años en 1992. Gracias al esfuerzo de sus padres pudo seguir al equipo incluso en el extranjero, sintiéndose “embajador de una ciudad humilde y sacrificada”.
Para él, la Libertadores fue mucho más que fútbol: fue identidad, pertenencia y orgullo.
“Son momentos que cambian el ánimo de toda la ciudad”, afirma.
Hoy, desde la vereda adulta, busca replicar esa experiencia con sus hijos, entendiendo que el verdadero legado no está solo en los resultados, sino en la memoria compartida.
La emoción que no envejece
Para Roberto Villalobos, otro hincha que revive la clasificación, el recuerdo está marcado por la intensidad del momento: escuchar el partido desde un paradero, tras salir del trabajo, y llorar de alegría.
Hoy, la emoción es distinta, pero igual de profunda. “Ahora la vivo junto a mis nietos”, comenta.
“Antes era más pasional; hoy es más consciente, pero igual de intensa”, agrega, reflejando la evolución natural del hincha coquimbano.