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"Peligro invisible": Contaminación en el embarazo frena el desarrollo

Un estudio revela que la contaminación ambiental durante la gestación reduce la capacidad cognitiva de los lactantes. Conoce el impacto real que...
jueves 30 de abril de 2026

Un reciente estudio liderado por el King’s College de Londres ha encendido las alertas sobre el impacto de la polución ambiental en la gestación. La investigación demostró que los lactantes expuestos a altos niveles de contaminación atmosférica mientras estaban en el útero presentan un desarrollo más lento al alcanzar los 18 meses de vida, en comparación con aquellos gestados en entornos con aire más limpio.

El trabajo, publicado en la revista científica The Journal of Physiology, es pionero en analizar la relación directa entre la polución y el crecimiento infantil en el área del Gran Londres. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores midieron las capacidades lingüísticas y motoras de los lactantes y cruzaron estos datos con los registros de dióxido de nitrógeno (NO2) y material particulado en las direcciones postales de las madres durante el embarazo.

Los resultados identificaron una ventana de vulnerabilidad crítica: el primer trimestre. La exposición a las emisiones del tráfico vehicular entre la concepción y la semana 13 de gestación se vinculó directamente con puntuaciones más bajas en las pruebas de lenguaje al año y medio de edad. Según los científicos, este periodo es vital pues en él se sientan las bases de la estructura cerebral que condicionará la salud mental y el comportamiento a futuro.

“Queríamos establecer si los niveles de contaminación del aire estaban relacionados con las capacidades cognitivas, lingüísticas y motoras en este periodo crítico de la infancia temprana”, explica Alexandra Bonthrone, autora principal del estudio.

Un aspecto que preocupa a la comunidad científica es que los niveles de polución registrados estaban dentro de los límites legales de la legislación británica, aunque superan con creces las directrices de seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Frank Kelly, del Imperial College de Londres, advierte que incluso bajo normativas actuales se observan impactos medibles en el cerebro en desarrollo.

La explicación biológica apunta a que las partículas contaminantes inhaladas entran al torrente sanguíneo y se acumulan en las células placentarias. Esto puede desencadenar procesos de inflamación que afectan el suministro de sangre hacia el feto. La investigación incluyó a 498 bebés, de los cuales 125 fueron prematuros, grupo que resultó ser especialmente sensible a la toxicidad ambiental.

En términos de impacto, los niños expuestos a alta contaminación en el primer trimestre obtuvieron entre 5 y 7 puntos menos en lenguaje. En el caso de los bebés prematuros, la brecha fue más drástica, puntuando en promedio 11 puntos menos en su desarrollo motor, lo que plantea un desafío urgente para las políticas de salud pública y medio ambiente.