Edison Llanos, víctima de Francisco José Cox

“Durante años eligieron callar mientras niños cargaban solos con el dolor de los abusos”

El trabajador social señala que, tras el fallo, se deben perseguir las responsabilidades de quienes permitieron, conocieron y encubrieron los abusos del exarzobispo de La Serena.
viernes 08 de mayo de 2026

Edison Gallardo, o Llanos como le gusta llamarse en honor a su madre, reconoció hace unos años ser una de las víctimas del exarzobispo Francisco José Cox, por lo que la reciente resolución judicial le causa sentimientos encontrados. Claro, porque más allá del sobreseimiento de la causa, lo más importante del fallo es que estableció como acreditados los hechos denunciados por siete víctimas de Cox, es decir, que existieron “actos de evidente connotación sexual” cometidos por el religioso en dependencias de la Iglesia en La Serena, Andacollo y Chillán, aprovechando su posición de autoridad moral y social dentro de la institución.

Llanos contó que cuando estuvo en el “Hogar Redes” en La Serena, presenció y sufrió abusos sexuales por parte del exarzobispo. Asegura que la situación “era conocida por todos”, pero nadie hacía nada, mientras Cox iba y venía desde la residencia, o los menores eran llevados a visitarlo al Arzobispado o al santuario Schoenstatt, donde el fallecido religioso “hacía lo que quería”.

Pero el hoy trabajador social, perito en psicología forense y perito de la Ilustrísima Corte de Apelaciones, destaca que este fallo tiene una dimensión mucho más humana que jurídica.

“Porque imaginen lo que significa para mí mirar a mis dos hijas y saber que algún día entenderán que su padre nunca se rindió. Que enfrentó el poder, el encubrimiento y la indiferencia, y aun así siguió adelante hasta que la verdad quedara escrita para siempre”, relató en exclusiva a El Día.

¿Cuál es su opinión respecto a que el ministro de fuero acreditó los hechos como actos de evidente connotación sexual, pero igual decretó el sobreseimiento por prescripción?

“Mi opinión es clara: en Chile existe una estructura legal que, en casos de abuso sexual, muchas veces termina favoreciendo la impunidad mediante la prescripción. Por eso, aunque el ministro en visita haya acreditado judicialmente hechos de evidente connotación sexual y aun así decretara el sobreseimiento por prescripción, lo ocurrido tiene un profundo peso simbólico y jurídico. Porque ya no estamos hablando de simples acusaciones, los hechos fueron reconocidos y establecidos en una resolución judicial. No es una reparación plena, ni justicia completa, pero sí un quiebre definitivo del silencio y del encubrimiento. Y desde ahí comienza una nueva etapa: perseguir las responsabilidades de quienes permitieron, conocieron y protegieron estos abusos”.

¿Quiénes son principalmente estas personas que conocieron los abusos?

“En esa dirección, las Hermanas Misioneras de Jesús deberán responder por su rol y por la desprotección sistemática que existió. Ellas conocían los abusos. Sabían lo que ocurría. Y cuando decidí denunciar, en vez de protegerme, promovieron dinámicas de hostigamiento y descrédito, incluyendo la articulación de grupos de excompañeros destinados a atacarme públicamente. Eso no fue casualidad: fue una forma de encubrimiento y revictimización.

El Estado de Chile también deberá responder ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque existió una falla grave de protección institucional frente a hechos que eran conocidos. Hubo omisión, hubo tolerancia y hubo abandono hacia las víctimas.

Hoy, con esta resolución judicial como precedente, voy a perseguir las responsabilidades de todos quienes actuaron como cómplices activos. Y tendrán que enfrentar, finalmente, la verdadera justicia”.

¿Te parece justo que la ley haya prescrito los delitos?

“No. Porque la prescripción termina convirtiéndose muchas veces en una herramienta de impunidad. Pero lo verdaderamente importante de este fallo es que los delitos fueron acreditados judicialmente. El tribunal reconoció que Cox utilizó su ‘ascendiente moral y social’ para cometer estos abusos, y eso destruye décadas de silencio, negación y encubrimiento.

Durante años nos dijeron mentirosos, nos trataron de destruir públicamente, nos expusieron, nos amenazaron y nos revictimizaron. Intentaron desacreditarnos para proteger a los responsables. Y hoy, quienes nos atacaron guardan silencio, porque la verdad finalmente quedó establecida en una resolución judicial”.

Cox falleció en octubre de 2021, pero el sobreseimiento definitivo llegó recién ahora. ¿Sientes que su muerte fue una forma de “justicia anticipada” o que el fallo les dio alguna validación, aunque sin condena penal?

“Esto no nos valida solamente a nosotros como personas; valida una verdad histórica, años de lucha, de resistencia y de dolor. Y sobre todo, valida a Hernán Godoy, quien tuvo la valentía de iniciar este camino cuando muchos callamos por décadas. Mi abrazo y reconocimiento más profundo para él. Nuestra historia también es la historia de quienes no pudieron soportar el peso de todo esto y terminaron quitándose la vida. Porque el abuso no termina en el hecho mismo: continúa en el silencio, en el descrédito, en el abandono y en la impunidad.

Yo también estuve perdido muchas veces, deambulando entre cuestionamientos, ataques y desgaste emocional. Y si hoy sigo vivo para ver este momento, fue gracias a Hernán Godoy y a otros amigos que me sostuvieron cuando todo parecía derrumbarse”.

El fallo señala que la investigación continuó para determinar “posibles partícipes o responsables”. ¿Cree que hubo encubrimiento dentro de la Iglesia? ¿Le consta que alguien más sabía?

“Sí, aquí hubo encubrimiento. Y no solamente de una persona, sino de estructuras completas que durante años se presentaron ante la sociedad y los tribunales como espacios de protección, cuando en realidad terminaron exponiéndonos al abuso y al abandono. La congregación que decía cuidarnos terminó llevándonos, literalmente, como ovejas a la cueva del lobo. Algunas religiosas, no todas, y eso también debe decirse con honestidad, conocían situaciones gravísimas y aun así guardaron silencio o protegieron al entorno de Cox.

Por eso hoy lo digo con firmeza: esto no termina con la acreditación de los abusos. Desde este instante, y a través de esta entrevista, anuncio que voy a avanzar con toda la fuerza legal necesaria para perseguir las responsabilidades de quienes encubrieron, protegieron o facilitaron estos hechos. Porque durante décadas se sostuvo una red de silencio, y esa red también tendrá que responder ante la justicia”.

Este fallo acredita los hechos, pero no castiga al autor. ¿Eso lo sientes como una nueva forma de impunidad?

“El hecho de que hoy los delitos hayan sido acreditados judicialmente deja una marca imposible de borrar: Cox quedará en la historia como lo que fue, un abusador. Y frente a eso, inevitablemente surge una pregunta para todos quienes se burlaron de nosotros, nos desacreditaron o defendieron ciegamente su figura”.

¿Recibieron apoyo de algunas personas en estos años?

“Gracias al trabajo y la consecuencia de la agrupación Juan XXIII, que nunca nos soltó la mano, se han logrado avances concretos para eliminar todo resquicio de homenaje, protección o legitimidad en torno a su nombre. Porque no hay legado posible cuando detrás existieron conductas degradantes y abusos contra niños. También agradecer a la Fundación para la Confianza y a Juan Pablo Hermosilla, quienes caminaron con nosotros hasta el final”.

¿Qué les dirías a las personas que defendían a Francisco José Cox?

“Debe decirse con claridad: toda persona que formó parte de su red de protección, visible o invisible, activa o silenciosa, terminó convirtiéndose en cómplice activo o cómplice pasivo de abuso sexual infantil. El silencio también protege al agresor.

Ahora cada uno tendrá que convivir con su propia conciencia. Tendrán que mirarse al espejo, asistir a misa, pedir perdón cada domingo si quieren, pero sabiendo que durante años eligieron callar mientras niños cargaban solos con el dolor de los abusos”.