SALUD

Consumo de sal en Chile: advierten que duplicamos el máximo recomendado

El exceso de sodio dispara la hipertensión y las enfermedades cardiacas en el país. Conoce cómo el "sodio oculto" y la falta de prevención dañan tu corazón.
miércoles 13 de mayo de 2026

Diversos organismos de salud en el país han encendido las alarmas ante una realidad preocupante: la población nacional consume entre 9 y 12 gramos de sal al día, cifra que duplica los 5 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta ingesta excesiva de sodio es un factor determinante en el aumento de la presión arterial, lo que deriva en hipertensión arterial (HTA), una enfermedad crónica que afecta al 27,3% de los chilenos según la última Encuesta Nacional de Salud.

El impacto de este hábito alimentario tiene consecuencias directas en la mortalidad y morbilidad del país. De acuerdo con datos del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, una reducción del consumo de sal a la mitad de los niveles actuales permitiría que 430.000 chilenos evitaran desarrollar patologías cardiovasculares. Además, se estima que se podrían prevenir cerca de 1.000 muertes anuales por causas relacionadas con el corazón.

Uno de los mayores obstáculos para controlar este problema es el denominado “sodio oculto”, presente de forma masiva en productos procesados. Mauricio Sotomayor, nutricionista y académico del Departamento de Salud Pública de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), advierte que este componente no solo proviene del salero de mesa.

“El sodio oculto corresponde a aquel presente en alimentos procesados y ultraprocesados, encontrándose, por ejemplo, en snacks, sopas deshidratadas, comida rápida, salsas y embutidos, entre otros”

explica el especialista, subrayando además la falta de atención ciudadana al etiquetado nutricional.

Para revertir esta tendencia, los expertos sugieren adoptar patrones como la dieta DASH (enfoques alimentarios para detener la hipertensión), que privilegia el consumo de potasio, fibra y ácidos grasos esenciales a través de frutas, verduras, legumbres, frutos secos sin sal y lácteos bajos en grasa. Sotomayor concluye recomendando cambios graduales en el hogar.

“Es posible realizar cambios simples que generen un impacto real, como reducir gradualmente la cantidad de sal al cocinar, reemplazarla por hierbas y especias, evitar tener el salero en la mesa y disminuir el consumo de alimentos procesados”

señala, enfatizando la importancia de limitar embutidos y comida rápida para asegurar un futuro saludable.