La otra cara de la bohemia
Músicos buscan terminar con histórica informalidad en locales nocturnos
La precariedad laboral continúa marcando la realidad de numerosos músicos de la conurbación, quienes denuncian falta de contratos, inestabilidad económica y ausencia de protección social pese al aporte que realizan al turismo y a la vida nocturna de la zona.
Carlos —nombre ficticio utilizado para resguardar su identidad— lleva más de 25 años presentándose en escenarios del Barrio Inglés, Avenida del Mar y distintos locales serenenses. Según relata, la situación del rubro se agravó tras el estallido social y la pandemia.
“El trabajo del artista no siempre es respetado por dueños de locales y algunos productores. Muchos espacios cerraron y los pocos que siguen funcionando rotan constantemente a los músicos para evitar contratarlos”, sostiene.
El guitarrista asegura que durante toda su trayectoria prácticamente no ha conocido colegas con vínculos laborales formales, aun cuando algunos llevan años trabajando de manera permanente en los mismos recintos.
La falta de contratos implica además trabajar sin previsión, seguro de cesantía ni garantías de salud o jubilación. “Uno lo hace por pasión, pero la mayoría termina teniendo otro trabajo porque no puede vivir de la música”, agrega.
La situación coincide con las conclusiones de un estudio elaborado por la Asociación Gremial Industria Musical de la Región de Coquimbo (IMREC), que analizó la relación entre la industria musical y el sector gastronómico-turístico de la conurbación.
El informe destaca el potencial de la música en vivo como atractivo turístico permanente, pero advierte importantes obstáculos para consolidar ese desarrollo. Entre ellos, la informalidad laboral y los altos costos asociados a logística, equipamiento y honorarios artísticos.
Según el estudio, el 82% de los empresarios consultados considera que estos factores dificultan incorporar música en vivo, aunque un 86% reconoce que representa un elemento diferenciador para sus negocios.
Carolina Ramírez, presidenta del gremio, afirma que la precariedad laboral se ha normalizado durante años.
“La música es un trabajo profesional que requiere preparación, inversión y tiempo. Mientras eso no sea reconocido, seguirá existiendo una relación desigual entre artistas y empresarios”, señala.
La dirigente agrega que algunos empresarios han mostrado disposición a avanzar hacia modelos más formales, entendiendo que la música en vivo fortalece la experiencia turística y la identidad local.
Entre las propuestas planteadas por el estudio figuran la creación de plataformas digitales para contratar artistas regionales, el desarrollo de circuitos musicales permanentes y mesas de trabajo entre municipios, locatarios y músicos.
“Hay músicos, hay público y hay espacios. Lo que falta es un modelo claro de trabajo y condiciones laborales dignas”, concluye Ramírez.