MASCOTAS

Alergias en mascotas: "Afecta su bienestar", advierte Colmevet

El rascado constante de perros y gatos esconde un problema de alergias en mascotas que va en aumento y que muchos tutores agravan por un error común.
domingo 07 de junio de 2026

El rascado constante, el lamido excesivo de las patas, la pérdida de pelo y las otitis recurrentes suelen ser minimizados por los tutores de perros y gatos. Sin embargo, especialistas del sector advierten que estos comportamientos aparentemente inofensivos pueden esconder cuadros de alergias en mascotas que deterioran gravemente su calidad de vida diaria.

Aunque en Chile no se cuenta con estadísticas oficiales y consolidadas sobre el incremento de estas patologías en animales domésticos, las consultas clínicas evidencian un alza sostenida en la preocupación por estos síntomas. Así lo detalla Rodrigo Morales, subdirector de la Comisión Nacional de Tenencia Responsable de Mascotas del Colegio Médico Veterinario de Chile (Colmevet), quien asocia este fenómeno a un cambio cultural en el cuidado de los animales de compañía.

Morales explica que hoy existe una mayor sensibilidad hacia el dolor y la incomodidad de los animales:

"Antes muchas personas normalizaban que un perro se rascara o que un gato se lamiera en exceso. Hoy se consulta más, se diagnostica mejor y se entiende que la alergia puede afectar seriamente el bienestar del animal".

El origen de esta afección radica en una respuesta desmedida del sistema inmunológico ante elementos que habitualmente resultan inocuos. A diferencia de las personas, que suelen manifestar estas reacciones con estornudos o congestión nasal, los perros y gatos expresan su hipersensibilidad principalmente a través de la piel, siendo el prurito o picazón el síntoma más recurrente. Esto desencadena que se muerdan las extremidades, se refrieguen el rostro o se provoquen heridas severas al rascarse sin control.

Entre los desencadenantes más usuales se encuentran los alérgenos ambientales, como el polen, el pasto, los hongos y los ácaros del polvo doméstico. Asimismo, tienen un rol preponderante la saliva de las pulgas mediante sus picaduras y, con una menor frecuencia, las alergias de carácter alimentario vinculadas a proteínas específicas de la dieta diaria de la mascota.

Esta problemática no es exclusiva del territorio nacional. Un reporte de la BBC expone que los animales de compañía también sufren de patologías estacionales comparables a la fiebre del heno humana. El medio de comunicación británico advierte que, si bien se pueden registrar secreciones en la nariz, ojos llorosos, asma felina o infecciones auditivas, el daño dermatológico continúa siendo la principal señal de alerta, cuyas lesiones pueden infectarse rápidamente con bacterias u hongos si no se tratan a tiempo.

Respecto a la diferenciación diagnóstica, Rodrigo Morales apunta que separar una alergia ambiental de una alimentaria resulta sumamente complejo debido a la similitud de los síntomas clínicos. La clave del descarte radica fundamentalmente en la temporalidad de la picazón.

Mientras que la dermatitis atópica (ambiental) suele exacerbarse durante los meses de primavera y verano por la proliferación de polen, la alergia de origen alimentario se mantiene constante a lo largo de todo el año. Por ello, el procedimiento veterinario habitual comienza descartando parásitos como pulgas y ácaros, así como infecciones cutáneas previas, antes de aplicar metodologías de mayor complejidad médica.

Ante la sospecha de un cuadro alérgico, la recomendación principal para los tutores es registrar detalladamente los síntomas y los hábitos del animal antes de acudir a la consulta. Sin embargo, el llamado más urgente de los profesionales es evitar bajo cualquier circunstancia la automedicación.

Morales enfatiza que el uso de corticoides, antibióticos o antihistamínicos formulados para seres humanos sin la estricta guía de un profesional puede derivar en graves intoxicaciones o enmascarar la patología de base. En esta misma línea de advertencia, el informe de la BBC desaconseja por completo la adquisición de test de alergia comerciales promocionados activamente en redes sociales, dado que la comunidad experta los califica como poco confiables y carentes de precisión diagnóstica.