CRISIS EDUCATIVA
«Me siento más segura en la cárcel»: la cruda crisis docente en Chile
Una frase impactante desnuda la profundidad de la crisis docente que atraviesa Chile: “Me siento más segura enseñando en la cárcel que en un colegio”. Esta declaración no proviene de una experta en seguridad, sino de una profesora que ejerce en el liceo ubicado al interior de la ex Penitenciaría de Santiago. Lo más alarmante es que, para muchos, esta percepción ya no resulta extraña, reflejando un problema que va más allá de los muros penitenciarios.
El reportaje “Los profesores de la Calle 13”, de la periodista Shelmmy Carvajal, visibiliza esta realidad. En él, cerca de cincuenta docentes educan a personas privadas de libertad, motivados por la convicción de que la educación es un derecho fundamental y una herramienta para la reinserción. Como ha subrayado la Unesco en 2021, el derecho a aprender acompaña a las personas durante toda su vida, sin importar su condición social o jurídica.
La verdadera revelación no es la existencia de educación en los centros penitenciarios, sino la manera en que estos profesores han puesto en evidencia las crecientes dificultades de ejercer la docencia en establecimientos educacionales de todo el país. La violencia, la inseguridad y la pérdida de respeto por la autoridad pedagógica se han instalado como parte de la rutina cotidiana. Esta dolorosa paradoja muestra una herida profunda en el sistema educativo chileno, con situaciones que hace una década habrían sido impensables.
Durante los últimos años, el país ha sido testigo de agresiones físicas y verbales a profesores, interrupciones violentas en las aulas y amenazas a equipos directivos. Las comunidades educativas conviven con el miedo. Datos de la Agencia de Calidad de la Educación de 2024 confirman un deterioro sostenido de la convivencia escolar y un incremento de situaciones que afectan el bienestar de los educadores. Esta problemática resuena con la violencia contra docentes que se mantiene oculta en la Región de Coquimbo, donde gremios denuncian una realidad subestimada.
Más allá de la violencia explícita, preocupa la normalización de un ambiente donde muchos docentes sienten que su labor implica una exposición constante al conflicto y a la deslegitimación de su rol. Investigaciones de René Cornejo y su equipo en la Universidad de Chile (2024) apuntan a que el malestar docente es un fenómeno estructural, caracterizado por la sobrecarga laboral, el desgaste emocional y la pérdida de reconocimiento social de la profesión. Una profesora de Las Rojas ya expresó sentirse vulnerable ante la inseguridad.
La historia de los profesores de la Calle 13 interpela fuertemente, no porque la cárcel sea el entorno ideal para educar, sino porque allí subsiste un valor que muchas escuelas han perdido: el valor simbólico del profesor. Mientras en algunos establecimientos los educadores deben aplicar protocolos de seguridad o defender su autoridad, en el contexto de encierro encuentran estudiantes que ven en la educación una genuina oportunidad para transformar sus vidas.
Es una ironía amarga: algunos de quienes han perdido su libertad parecen comprender mejor el sentido de la escuela que una sociedad que lentamente ha dejado de cuidar a quienes la sostienen.
Chile requiere urgentemente recuperar la tranquilidad para sus profesores. No bastan nuevas leyes o declaraciones; se necesitan políticas efectivas de bienestar y salud mental docente, programas de autocuidado, equipos de apoyo especializados y comunidades educativas que reconstruyan una cultura de respeto. La falta de protocolos ante la violencia escolar es una denuncia recurrente del Colegio de Profesores, que subraya la urgencia de estas medidas.