SALUD PÚBLICA

Heces de perros: graves enfermedades amenazan la salud pública

Los excrementos caninos en la vía pública propagan parásitos y virus, representando un riesgo serio para la salud humana y animal en La Serena.
lunes 29 de junio de 2026

La presencia de excrementos de perros en la vía pública no es solo un problema de higiene, sino un serio riesgo para la salud pública en ciudades como La Serena y Coquimbo, donde la proliferación de perros callejeros y el abandono de residuos caninos son una preocupación constante. Expertos veterinarios advierten que estos desechos son un foco potencial de enfermedades zoonóticas, es decir, que pueden transmitirse de animales a humanos.

El peligro radica en que las heces abandonadas en parques, senderos o calles propagan parásitos potencialmente mortales, no solo entre mascotas, sino también a animales salvajes y personas de todas las edades. Un estudio realizado en 2020 en Estados Unidos reveló que el 85% de los parques para perros sin correa examinados contenía parásitos intestinales. Aunque en ciertas regiones las infecciones humanas causadas por parásitos transmitidos por el suelo se consideran poco comunes, se estima que a nivel global afectan a mil millones de personas.

La preocupación por el impacto de los desechos caninos en la salud ha llevado a que, en distintos lugares, los llamados a recoger los excrementos incluyan advertencias explícitas sobre la propagación de enfermedades. En la Región de Coquimbo, la crisis de aseo y la presencia de perros callejeros han sido denunciadas reiteradamente por los vecinos.

Entre los parásitos más frecuentes en los excrementos caninos se encuentran anquilostomas, ascárides, coccidios y tricocéfalos. Los anquilostomas y ascárides son de particular preocupación porque pueden afectar a diversas especies, incluyendo a los seres humanos.

Las larvas microscópicas de estos parásitos pueden ingresar al cuerpo humano de diversas maneras: a través de pequeños arañazos en la piel tras el contacto con tierra contaminada o por ingestión oral accidental. Basta con tocar una superficie contaminada y luego llevarse las manos sucias a la boca, o incluso limpiarse el sudor y luego lamerse los labios. La persistencia del problema se agrava porque, una vez que el agua de lluvia o de riego arrastra las heces, los huevos de estos parásitos pueden sobrevivir e infectar durante meses o incluso años en el suelo.

Una vez dentro del organismo humano, las larvas de anquilostoma y ascáride pueden madurar y migrar por el torrente sanguíneo hasta los pulmones. Desde allí, mediante la tos, acceden al tubo digestivo, donde se adhieren a la pared intestinal y filtran nutrientes. Aunque personas con un sistema inmunitario robusto podrían no presentar signos clínicos, una cantidad suficiente de parásitos puede derivar en anemia y desnutrición. En casos severos, especialmente en niños pequeños, pueden causar una obstrucción intestinal que requiera intervención quirúrgica.

Un riesgo particularmente grave asociado a las fases larvarias de los ascárides es su capacidad de introducirse en el ojo humano, pudiendo causar ceguera permanente en situaciones raras. Los anquilostomas, por su parte, pueden provocar una intensa picazón denominada larva migrans cutánea, al desplazarse el gusano larvario justo bajo la piel de su huésped.

El impacto no se limita a las personas. Perros y gatos también pueden desarrollar síntomas similares por estas infecciones parasitarias. Además de los riesgos de anquilostomas y ascárides, las mascotas son vulnerables a tricocéfalos, giardia y coccidia. Esta realidad cobra especial relevancia en zonas como La Serena y Coquimbo, donde las jaurías de perros callejeros han incrementado el riesgo de contagio.

Más allá de los parásitos, las heces desatendidas pueden contener virus caninos o felinos, como el parvovirus, el virus del moquillo y el coronavirus canino. Estos virus, que no afectan a los humanos en su cepa canina, pueden provocar enfermedades potencialmente mortales en otros perros y gatos, especialmente en animales adultos no vacunados, cachorros y gatitos. Atacan células de división rápida, como el revestimiento intestinal y la médula ósea, impidiendo la absorción adecuada de nutrientes y la producción de glóbulos rojos y blancos esenciales para la defensa inmunológica. La vacunación es la principal herramienta para proteger a las mascotas de estos patógenos.

La presencia de perros en situación de calle en La Serena y la falta de un plan integral de tenencia responsable aumentan la exposición a estos riesgos. Es fundamental que la comunidad asuma su rol, tanto en el cuidado de sus mascotas como en la denuncia de situaciones que pongan en peligro la salud de todos.