SI LLUVIAS SUPERAN LOS LÍMITES

Vecinos de Tongoy advierten eventual alerta ambiental en humedales

La acumulación crítica de agua y sedimentos en el humedal actúa como un tapón artificial. Dirigentes y técnicos advierten que, de ceder de forma descontrolada, un torrente de lodo y agua dulce sepultará la actividad socioeconómica más importante de la localidad.
Organizaciones sociales de Tongoy temen un desastre si las precipitaciones colapsan los humedales, lo que podría afectar la producción de ostiones.
Organizaciones sociales de Tongoy temen un desastre si las precipitaciones colapsan los humedales, lo que podría afectar la producción de ostiones.
jueves 16 de julio de 2026

Una bomba de tiempo ambiental y económica mantiene en vilo a los habitantes de la bahía de Tongoy, quienes señalan que la alarmante acumulación de agua en el humedal Salinas y Pachingo ha alcanzado un punto crítico debido a la total obstrucción de sus tuberías de evacuación. Actualmente, el camino de tierra del sector funciona como un tapón artificial que, de ceder ante la presión acumulada, podría provocar un desastre productivo sin precedentes en la zona.

Según explican, a diferencia de otras emergencias climáticas, el peligro no radica en la inundación de viviendas o áreas urbanas. El riesgo real es ecológico y económico, ya que el eventual colapso del dique inyectaría un torrente masivo de lodo y agua dulce directamente a la bahía. Este fenómeno sepultaría las líneas de cultivo bajo densas capas de sedimentos y alteraría drásticamente los niveles de salinidad del mar, afectando gravemente el hábitat del ostión del norte. Cabe destacar que de esta actividad acuícola depende, de forma directa e indirecta, el 80% de la comunidad local.

LA MEMORIA DEL MAR

La comunidad de Tongoy no habla desde la especulación, sino desde la experiencia. La historia local registra dos antecedentes devastadores que sustentan la actual preocupación.

Entre 1982 y 1983, el fenómeno de El Niño Extraordinario provocó una brusca disminución del alimento marino y desoves descontrolados, gatillando una mortandad masiva en los primeros cultivos de la bahía. La crisis fue de tal magnitud que se requirieron años de apoyo internacional, con la participación de JICA y la Universidad Católica del Norte, para reconstruir la actividad desde sus cimientos.

Posteriormente, entre 1997 y 1998, un nuevo evento de El Niño desencadenó el desastre productivo más severo del siglo pasado. Las intensas lluvias arrastraron grandes volúmenes de lodo y agua dulce hacia el mar, destruyendo más del 70% de las líneas de cultivo flotantes y sepultando los recursos marinos. La catástrofe también golpeó la economía local, provocando más de una década de estancamiento y obligando a implementar diversas medidas de emergencia para recuperar el sustento de las familias.

Expertos locales advierten que el escenario climático actual presenta similitudes con el registrado en 1982, lo que mantiene a la comunidad en estado de alerta.

Pese a la gravedad del panorama, los habitantes acusan una preocupante falta de acción por parte de los organismos públicos. Aseguran que durante seis meses consecutivos han enviado oficios formales al Gobierno Regional y a la Seremi correspondiente, además de advertir sobre la situación a través de distintos medios de comunicación.

“La información técnica está sobre la mesa de todas las autoridades competentes. No logramos comprender por qué aún no se toman las medidas preventivas”, señalan representantes de la comunidad, manifestando su frustración ante la lentitud de los procesos administrativos que, a su juicio, han impedido avanzar en labores de mitigación.

PLAN DE CONTINGENCIA

La comunidad sostiene que la urgencia del problema requiere medidas concretas e inmediatas. Entre sus principales solicitudes figura el despliegue de maquinaria pesada y la disposición de equipos en estado de alerta permanente en el sector de la barra del estero.

Asimismo, plantean que estos recursos deben estar operativos antes de que se registren precipitaciones de mayor intensidad o de que el dique ceda por la presión acumulada, permitiendo ejecutar un desagüe controlado que reduzca al mínimo el impacto sobre la bahía.

Según argumentan integrantes de organizaciones sociales, la intervención preventiva en el humedal Salinas y Pachingo no constituye únicamente una medida de protección ambiental o habitacional, sino una acción clave para resguardar la principal fuente de empleo e ingresos de la localidad. A su juicio, se trata de la última barrera que hoy separa a miles de familias tongoyinas de una eventual crisis económica y laboral.