El mar no conoce de edades
Con 71 años, Bernardo Orellana completó una exigente travesía entre Las Tacas y Coquimbo
Con 71 años recién cumplidos, Bernardo Orellana enfrentó uno de los desafíos más exigentes del canotaje polinésico regional: recorrer 29 kilómetros desde el balneario de Las Tacas hasta la bahía de Coquimbo. Durante cerca de dos horas y media mantuvo el ritmo en una competencia marcada por el viento sur, el fuerte oleaje y la disputa permanente entre las embarcaciones.
La travesía Tartaruga Downwind 2026 reunió a ocho canoas con deportistas provenientes de Puerto Varas, Maitencillo, Santiago, Constitución, Rapa Nui y la bahía de Coquimbo. Participaron equipos masculinos, femeninos y mixtos, principalmente de las categorías Open y Máster.
Bernardo integró la tripulación mixta del Club Quitai Va’a junto a Jaime Villouta, de 68 años; Javiera Tapia, estudiante de tercero medio y de solo 16 años; y los competidores Open Alim Sepúlveda, Darío Bittecourt y Gregorio Echeverria. Una formación intergeneracional en la que convivieron juventud, experiencia y una misma pasión por el mar.
¿Cómo nació su interés por la boga?
"Mi acercamiento a la boga comenzó en la Laguna Carén, en Santiago. Allí descubrí el esfuerzo y la coordinación que exige este deporte. Posteriormente, el Club Santiago adquirió canoas polinésicas y comenzamos a desarrollarnos en esta disciplina. Llevo aproximadamente diez años vinculado al Va’a, aprendiendo y entrenando de manera constante".
¿Cómo se prepara para una competencia de 29 kilómetros?
"La preparación comienza el día anterior. Consumo una alimentación con una buena cantidad de carbohidratos y empiezo a hidratarme con 24 horas de anticipación. También procuro acostarme temprano y dormir entre nueve y diez horas.
El día de la carrera me levanto alrededor de las seis de la mañana y realizo una rutina de elongación de aproximadamente veinte minutos. Después desayuno huevos y tomo un café antes de dirigirme a la bahía para reunirme con el equipo y trasladarnos hasta Las Tacas".
¿Qué hace durante los minutos previos a la largada?
"Mientras los jueces entregan las instrucciones, vuelvo a elongar y realizo cerca de treinta minutos de calentamiento. Como una barra de proteína y tomo un café pequeño. El café debe ser pequeño, porque tampoco queremos que se nos vaya a subir a la cabeza".
¿Existía preocupación dentro del equipo por su edad y por la exigencia de la prueba?
"Sí, siempre pueden existir dudas. Remar durante dos horas y media a un ritmo intenso es difícil para cualquier persona. Sin embargo, llevaba meses entrenando y Manuel Vargas, nuestro entrenador, conocía mi preparación y tenía plena confianza en que lograría completar la travesía.
Yo también confiaba en el trabajo que habíamos realizado. Cuando existe una preparación responsable, la edad deja de ser el único factor que determina el rendimiento".
La salida desde Las Tacas presentaba condiciones difíciles, ¿cómo vivieron ese momento?
"Una de las primeras preocupaciones era superar el oleaje sin volcarnos ni golpear la canoa. Había olas grandes y necesitábamos coordinación, fuerza y mucha concentración.
Después de superar la rompiente comenzó el verdadero desafío: encontrar nuestro ritmo y aprovechar el viento y las olas en dirección a Coquimbo".
¿Cómo se desarrolló la competencia?
"Los equipos Open de Maitencillo y de la bahía de Coquimbo comenzaron con un ritmo muy fuerte, compitiendo prácticamente pala contra pala. También había una tripulación mixta con una técnica muy sólida y tranquila, además de los equipos femeninos de Maitencillo y Coquimbo, que demostraron un excelente nivel.
Nosotros teníamos una tripulación muy particular: una joven de 16 años, tres deportistas Open, un Máster 60 y un Máster 70. Tal vez no éramos el equipo más homogéneo en términos de edad, pero sí teníamos experiencia, disciplina y muchas ganas de competir".
¿Logró mantener el ritmo durante toda la travesía?
"Sí. Pude remar durante las dos horas y media sin presentar señales importantes de cansancio. Naturalmente, el cuerpo siente el esfuerzo, pero traté de mantener una técnica ordenada y un ritmo constante.
En este tipo de pruebas no se puede entregar toda la energía durante los primeros kilómetros. Es necesario administrar las fuerzas, respirar bien, escuchar la canoa y confiar en los compañeros".
Javiera Tapia era la participante más joven de la competencia. ¿Qué importancia tuvo su trabajo como timonel?
"Fue fundamental. Javiera tiene solamente 16 años, pero condujo la canoa con mucha seguridad y madurez. Durante más de dos horas peleó cada metro frente a las embarcaciones femeninas de Maitencillo y Coquimbo.
Como peperu, supo leer las olas y guiar nuestra embarcación para aprovechar el impulso del mar. La diferencia de edad desapareció dentro de la canoa: cada integrante cumplió su función y todos dependíamos de todos".
¿En qué momento sintieron que podían superar a otra embarcación?
"Después de aproximadamente dos horas seguíamos disputando la posición con las dos tripulaciones femeninas. Al realizar el último giro ya no estábamos en el octavo lugar: avanzábamos séptimos y comenzábamos a pelear la sexta posición.
En los metros finales fue determinante la suma de experiencia del equipo. Mantuvimos la coordinación y logramos superar por menos de un minuto a una de las embarcaciones femeninas. Fue un cierre muy emocionante".
¿Qué sintió al llegar a la playa?
"Mucha alegría. Lo primero fue abrazar y felicitar a mis compañeros. Una travesía de esta naturaleza no se completa de manera individual; la completa toda la canoa.
Para mí también fue especial comprobar que, a los 71 años, podía mantener el ritmo de deportistas veinte, treinta e incluso cuarenta años menores. No se trata solamente de ganarle a otra tripulación, sino de demostrarse a uno mismo que la disciplina permite continuar enfrentando grandes desafíos".
¿Qué hizo después de cruzar la meta?
"Volví inmediatamente a mi rutina: elongué durante unos veinte minutos, me hidraté y comí algo liviano. Después pedí otro café pequeño. Siempre pequeño, para mantener la tradición y no perder la cabeza después de la carrera".
¿Cuál es el secreto para competir a este nivel después de los 70 años?
"No existe una fórmula mágica. El secreto está en el oficio, la alimentación, el descanso y la constancia. Voy tres veces por semana al gimnasio, remo tres veces por semana, camino uno de los días y utilizo la bicicleta dos veces a la semana.
También es necesario conocer el cuerpo, prepararlo adecuadamente y no saltarse las etapas. Una persona joven sin entrenamiento ni experiencia difícilmente podría mantener el ritmo de una prueba como esta".
¿Cuál es ahora su próximo desafío?
"El próximo gran objetivo es competir en el Campeonato Panamericano de Canotaje Polinésico. Espero participar en las categorías Máster 60 y Máster 70, representar de la mejor manera posible al club, a la Región de Coquimbo y a Chile, y regresar al país con una medalla.
Aunque, más allá del resultado, quiero seguir remando y demostrar que cumplir años no significa abandonar el deporte. Con paciencia, disciplina y cariño por el mar, todavía quedan muchas travesías por completar".
La canoa Coronel Ventura reunió a cuatro generaciones
La tripulación de Quitai Va’a estuvo compuesta por una deportista Junior de 16 años, tres competidores Open, un Máster 60 y un Máster 70. Jaime Villouta ocupó la posición de fa’ahoro; Gregorio Echeverria cumplió funciones de tare y Javiera Tapia fue la peperu, encargada de conducir la embarcación V6 Coronel Ventura y encontrar las mejores líneas sobre las olas.
Después de más de dos horas de navegación, la tripulación del Club Quitai Va’a todavía mantenía la intensidad. Al aproximarse al Fuerte Lambert, Bernardo continuaba remando sin mostrar señales importantes de agotamiento. La canoa, que había comenzado rezagada frente a las tripulaciones más veloces, ya disputaba el sexto lugar.
En el tramo final, la experiencia acumulada por Bernardo, Jaime y sus compañeros resultó decisiva. Con Javiera guiando la embarcación como peperu, el equipo sostuvo su coordinación hasta cruzar la meta frente al Club de Canotaje Polinésico Tartaruga.
Quitai Va’a completó los 29 kilómetros en un tiempo oficial de 2 horas, 40 minutos y 2 segundos, alcanzando el sexto lugar general y superando por menos de un minuto a una de las tripulaciones femeninas.