En las costas de la región
Del jurel a la merluza: los peces que están cambiando de lugar por El Niño
El fenómeno de El Niño no solo modifica las temperaturas del océano. También puede alterar la distribución de los peces y, con ello, generar efectos sobre la actividad pesquera y el equilibrio de la fauna marina.
Así lo explica el doctor en genética y especialista en organismos acuáticos, Cristian Araya-Jaime, académico del Departamento de Biología de la Universidad de La Serena, quien señala que este fenómeno cálido afecta directamente la productividad de la Corriente de Humboldt al elevar la temperatura de la capa superficial del océano y debilitar la surgencia de aguas frías ricas en nutrientes.
En este escenario, disminuye la disponibilidad de fitoplancton y zooplancton, organismos que forman la base de la cadena alimentaria marina. Estos cambios se transmiten hacia especies como la anchoveta, sardina y jurel, y posteriormente hacia los depredadores que dependen de ellas.
Sin embargo, Araya-Jaime advierte que esto no significa necesariamente que los peces desaparezcan de la zona.
“En la pesca, el efecto no necesariamente significa que los peces desaparezcan, sino que pueden dejar de estar disponibles en los caladeros habituales”, explica.
Uno de los ejemplos es el jurel, especie que puede desplazarse mar afuera, hacia latitudes más frías o incluso hacia mayores profundidades. La anchoveta también puede modificar su distribución horizontal y vertical, mientras que la merluza común, por sus características demersales, puede ocupar sectores más profundos.
Para la pesca artesanal, estos movimientos representan un desafío adicional, ya que los cardúmenes pueden ubicarse fuera de las zonas donde habitualmente son encontrados.
“Esto se traduce en salidas más largas, mayor gasto de combustible, menor rendimiento e incertidumbre sobre dónde estarán los cardúmenes. No es solamente un problema de abundancia: también es un problema de accesibilidad del recurso”, precisa el académico.
Efecto en lobos marinos y aves
El desplazamiento de los peces también puede generar consecuencias en otras especies. Lobos marinos, aves marinas y otros depredadores dependen de estos recursos para alimentarse, por lo que, si sus presas disminuyen o se alejan de sus zonas habituales, deben realizar un mayor esfuerzo para obtener alimento.
Los individuos juveniles, las hembras en lactancia y aquellos animales con una condición debilitada son particularmente vulnerables a este escenario.
Según Araya-Jaime, una menor disponibilidad de alimento puede traducirse en pérdida de condición corporal y afectar el éxito reproductivo. En situaciones más severas, incluso podría contribuir a un aumento de varamientos y mortalidad.
En este punto, el especialista plantea que la falta de alimento asociada a eventos cálidos constituye una hipótesis relevante para explicar parte de los varamientos de fauna hidrobiológica observados recientemente, aunque recalca que no es el único factor que debe ser considerado.
“Es indispensable evaluar también otros factores, como enfermedades y condiciones locales”, advierte.