En los últimos 63 años

Tres ataques de tiburones con resultado de muerte se han registrado en la región

Si bien hasta ahora no existe confirmación oficial que vincule la desaparición del reconocido buzo Carlos Aquea con el ataque de un escualo, el caso ha reabierto el recuerdo de, al menos, tres ataques fatales documentados en la zona durante las últimas décadas.
viernes 02 de octubre de 2026

Antes de que surgieran las versiones sobre un eventual ataque de tiburón en la desaparición del buzo Carlos Aquea Álvarez, en Chañaral de Aceituno, la Región de Coquimbo ya había sido escenario de episodios similares que, incluso, quedaron registrados en las páginas de Diario El Día.

El más antiguo de los registros corresponde al domingo 29 de marzo de 1963, hecho que ocurrió en el sector de El Panul, en la comuna de Coquimbo.

Crisólogo Urizar, de 32 años, integraba el Equipo de Caza Submarina del Club de Yates de La Herradura. Estaba casado con Gladys Ripamonti y era padre de cuatro hijos. Ese día participaba en una jornada de buceo acompañado por Norman Lettura, Alejandro Ascui, Alfonso Cabrera y uno de sus hijos.

De acuerdo con los registros de Diario El Día de la época, el ataque ocurrió mientras Urizar se encontraba sumergido con varios especímenes que había capturado adheridos a su cuerpo.   Alejandro Ascui, quien fue testigo directo de los hechos, relató en aquellos años lo impactante de la situación.

“Todo fue muy rápido, cuestión de segundos. Se me heló la sangre en las venas cuando vi pasar casi rozándome los pies al gigantesco tiburón, el que se dirigió directamente hacia el lugar donde se hallaba Crisólogo, el que apenas tuvo tiempo de reaccionar. El agua se arremolinó y después el pez se alejó. En el hocico llevaba clavado el arpón que estaba usando Urizar”, relató entonces.

Tras el ataque se desplegó una intensa búsqueda en la que participaron efectivos de la Armada y numerosos buzos. Incluso se arrojaron al mar restos de sangre y carne obtenidos en el matadero municipal con el objetivo de atraer al animal, capturarlo y revisar su contenido estomacal.

Sin embargo, del buzo únicamente fueron hallados algunos elementos de su equipo: un pequeño fragmento de la casaca de buceo, una aleta y sus anteojos de hombre rana.

Años más tarde, el 5 de enero de 1980, en las aguas de Pichidangui, el buzo mariscador, José Larenas Miranda, oriundo de Quilimarí, murió tras ser atacado por un tiburón blanco de aproximadamente seis metros de longitud.

La noticia provocó alarma entre residentes y turistas que se encontraban en el balneario. Numerosos veraneantes aseguraban haber observado una gran cantidad de tiburones en la zona, aunque las autoridades marítimas de la época sostenían que se trataría de un solo ejemplar.

Los propios buzos del sector señalaban haber encontrado restos de lobos marinos flotando en las cercanías de la isla de Pichidangui, situación que interpretaron como una señal de que el escualo permanecía en el área atraído por la abundancia de alimento.

El tercer caso documentado ocurrió el 15 de diciembre de 1984 frente a las costas de Los Vilos. La víctima fue Juan Luis Tapia, de 34 años, quien realizaba labores de buceo cuando fue atacado por un tiburón blanco estimado en cerca de seis metros de largo.

Según los antecedentes publicados entonces por Diario El Día, la principal hipótesis apuntaba a que el animal habría confundido al trabajador con un lobo marino debido al color negro de su traje de neopreno.

Tapia se encontraba sumergido entre ocho y diez metros de profundidad mientras sus compañeros permanecían a bordo de una embarcación esperando su regreso. Fueron ellos quienes relataron la violencia y rapidez del ataque.

“El animal actuó de manera muy rápida, no dejándole tiempo al trabajador para subir, ni defenderse. Le destrozó gran parte del cuerpo en la región abdominal”, declararon en aquella oportunidad.

Tres ataques de tiburones con resultado de muerte se han registrado en la región
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