Fenómenos meteorológicos extremos
El Niño y sus efectos económicos: su impacto en el agro y la minería regional
Las lluvias registradas durante los últimos días en la Región de Coquimbo y en gran parte del país volvieron a poner sobre la mesa los posibles efectos económicos de los fenómenos meteorológicos extremos, especialmente en territorios donde actividades como la agricultura, la minería y el turismo tienen un papel relevante en la economía local.
Más allá de las consecuencias inmediatas de las lluvias, estos episodios plantean interrogantes sobre sus repercusiones en la producción, el transporte de mercancías y los precios de distintos bienes y servicios. Esto, en un contexto marcado por el fenómeno de El Niño, cuyas manifestaciones pueden variar según la zona geográfica y cuyos efectos económicos todavía son difíciles de dimensionar.
Juan Nagel, economista y académico de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes, explica que las consecuencias para el país dependerán, en buena medida, de dónde se produzcan los eventos meteorológicos y de las actividades que resulten afectadas.
“Como los mercados son globales, el efecto que esto va a tener sobre la economía chilena puede depender de dónde ocurran estas sequías o estas lluvias y qué sectores son afectados”, señala.
Y es que en una región como Coquimbo, donde la disponibilidad de agua constituye un factor relevante para la actividad agrícola y el desarrollo de distintas actividades productivas, los episodios de precipitaciones intensas y los periodos de escasez hídrica pueden tener consecuencias diferentes.
Mientras las lluvias pueden contribuir a la recuperación de las reservas de agua, también pueden provocar dificultades para la conectividad y el funcionamiento de determinadas actividades si afectan caminos, infraestructura o instalaciones productivas. Por otro lado, la falta de precipitaciones puede presionar la disponibilidad del recurso hídrico y generar dificultades para sectores que dependen de él.
En ese sentido, el economista advierte que la localización de estos fenómenos es determinante para comprender su alcance. En el caso de Santiago, menciona eventuales disrupciones en la industria de los seguros, el sector financiero o parte de la agricultura, mientras que un episodio de lluvias intensas en el norte podría repercutir en la minería.
Sin embargo, asegura, "aún no hemos visto todos los efectos de este Niño en nuestra economía y, por lo tanto, es difícil predecir qué sectores se van a ver más afectados y cuáles no”.
Los efectos internacionales
Las consecuencias económicas de los fenómenos climáticos no se limitan a lo que ocurre dentro del territorio nacional. De acuerdo con el académico, los periodos de escasez hídrica en otras partes del mundo también pueden generar dificultades para el comercio internacional, especialmente si afectan rutas estratégicas para el transporte de mercancías.
Uno de los ejemplos que menciona es el canal de Panamá, donde las restricciones asociadas a la disponibilidad de agua pueden afectar el tránsito de embarcaciones y, con ello, el traslado de productos que Chile importa o exporta.
“Puede encarecer su flete, causar demoras y generar cierta escasez”, señala.
A estos factores se suma el comportamiento de los commodities, cuyos precios pueden experimentar variaciones frente a cambios en las condiciones climáticas internacionales. Esto podría beneficiar a determinados productos chilenos, aunque sus efectos dependerán de las características de cada mercado.
El escenario más preocupante
Al evaluar las consecuencias de El Niño, Nagel plantea que "es peor para una economía cuando el efecto de El Niño es una sequía que cuando el efecto es la lluvia”, aunque el impacto concreto, insiste, dependerá de las condiciones de cada territorio y de las actividades involucradas.
En una región como Coquimbo, esta diferencia adquiere especial relevancia debido a la importancia de la disponibilidad hídrica para distintas actividades productivas. No obstante, las precipitaciones también pueden generar impactos negativos cuando alcanzan niveles capaces de afectar la infraestructura, la conectividad o el funcionamiento de los sectores económicos.