Patricia Narváez, geóloga
“La tecnología en minería es bienvenida, pero debe ocuparse con mucho criterio”
Patricia Josefina Narváez de Dinamarca lleva más de cinco décadas vinculada a la geología y a la minería.
Formada en la Universidad de Chile, fue una de las primeras mujeres en dedicarse a la geología económica y al trabajo directo en faenas mineras, en una época en que todavía persistían prejuicios sobre la presencia femenina en los yacimientos.
Llegó a La Serena en 1970, ciudad donde formó su familia y en donde desarrolló parte importante de su trayectoria profesional. Su compromiso con el desarrollo de la disciplina también la llevó a participar en la fundación del Colegio de Geólogos de Chile, institución que presidió durante seis años.
Durante su gestión impulsó, junto a otros profesionales, la creación de FEXMIN, la Feria de Exploraciones y Minas, iniciativa destinada a dar visibilidad a proyectos de exploración que buscan financiamiento e inversionistas. Actualmente continúa vinculada al colegio y preside el comité organizador de este encuentro.
Recientemente fue reconocida entre las 100 Mujeres Líderes Mayores, distinción que recibió como un reconocimiento a su trabajo y compromiso con la geología.
-Usted fue una de las primeras mujeres en estudiar geología y dedicarse a la minería. ¿Cómo recuerda esa etapa?
“Debo haber estado dentro de las primeras diez, aunque hubo otras mujeres en generaciones anteriores. Sin embargo, fui la primera que se dedicó a la geología económica y a la minería, a trabajar directamente en el sector. Durante 15 años fui la única. Costaba que alguna colega se decidiera a entrar a la minería”.
-¿Existía mucha discriminación hacia las mujeres? Incluso se decía que daban mala suerte si entraban a un yacimiento.
“Eso decían. Cuando estudiábamos, fuimos a conocer El Teniente y no dejaron entrar a las mujeres a la mina. Nos dijeron que solamente podían ingresar los hombres y que nosotras recorriéramos el hospital y otros lugares. Mis compañeros encontraron que era una tontera, así que tampoco entraron y nos devolvimos todos. Esa fue la única vez que vi que ese mito se pusiera en práctica. Comencé a trabajar en minería en 1968, en los alrededores de El Teniente, en Pangal. Allí estudié un sector donde descubrí que podía existir una mina, que después se llamó Juanita. Posteriormente me trasladé a La Serena y he trabajado en distintas partes del país, incluido El Salvador”.
-También tuvo una participación importante en el Colegio de Geólogos de Chile.
“Fui presidenta del colegio durante seis años y todavía participo. Con colegas de la directiva iniciamos FEXMIN porque encontramos que era necesario que las personas pudieran exponer sus proyectos de exploración y encontrar inversionistas para desarrollarlos. Hubo una época en que las exploraciones en Chile prácticamente se detuvieron. Ahora están volviendo a desarrollarse con mayor intensidad, pero el tiempo perdido durante más de 20 años no se recupera. Eso le va a costar caro a la minería”.
-Los grandes yacimientos descubiertos en Argentina, particularmente en San Juan, han generado expectativas. ¿Cómo observa ese escenario?
“Me alegra que hayan encontrado esos grandes yacimientos. Están en una franja donde nosotros también teníamos varios depósitos descubiertos, por lo que todavía pueden encontrarse más. En el caso de los proyectos cercanos a la frontera con Chile, existe una oportunidad de colaboración, porque necesitan agua y deben resolver cómo sacar su producción. Chile podría ser una alternativa para el transporte hacia puertos cercanos a Copiapó, como Caldera”.
-¿Considera que la minería chilena ha avanzado lo suficiente en los últimos años?
“Se aplica más tecnología, naturalmente, porque ha evolucionado. Pero la forma de explotar y las personas que se requieren siguen siendo similares. Se habla de hacer las cosas a distancia y utilizar robots, pero no sé si los resultados serán los esperados. La tecnología es bienvenida, pero tiene que ser ocupada correctamente y con mucho criterio. La presencia humana y el control en terreno siguen siendo fundamentales”.
-¿Relaciona esa falta de supervisión con los accidentes fatales que han ocurrido en la minería?
“Puede ser uno de los factores en algunos accidentes. Me pregunto, por ejemplo, cómo es posible que, sabiendo que las condiciones climáticas eran muy malas y que se había acumulado mucha nieve, hubiera trabajadores en una zona de riesgo como la que se conoció en el caso de El Teniente. ¿Por qué no se dieron cuenta de que había que trasladarlos y sacarlos de ese lugar? Pienso que la falta de control en terreno por parte de las personas puede explicar algunos de estos accidentes. No se trata de rechazar la tecnología, sino de utilizarla bien y mantener la supervisión que corresponde”.
-¿Qué ocurre con la pequeña minería? ¿Sigue trabajando de manera más artesanal?
“Hay una diferencia entre la pequeña minería y el pirquineo. La minería artesanal prácticamente no existe en la forma en que algunas personas la imaginan. La pequeña minería puede explotar hasta 5.000 toneladas mensuales e incluso más, y cuenta con maquinaria y profesionales según sus posibilidades económicas. Los pequeños mineros realizan un esfuerzo importante porque el negocio a esa escala no siempre es fácil. También tienen exigencias de seguridad y necesitan asesoría profesional. Algunos cuentan con maquinaria de perforación moderna, dependiendo de su nivel de producción.
Creo que las exigencias administrativas deben considerar la realidad de estas faenas. Por ejemplo, un plan de cierre puede ser necesario, pero no debería pedirse con el mismo nivel de complejidad que a la gran minería. Falta criterio en la forma en que se aplican algunas exigencias, porque los pequeños productores tienen menos recursos y necesitan que los procedimientos sean proporcionales a su escala”.
-Recientemente fue reconocida entre las 100 Mujeres Líderes Mayores. ¿Qué significado tiene para usted esta distinción?
“Me sorprendió, pero creo que me lo merezco. He seguido activa y siempre me he preocupado de hacer un buen trabajo en geología y con mis colegas. Me gustó mucho el reconocimiento, especialmente porque anteriormente se lo habían entregado a Claudio Canut de Bon, un ingeniero de minas con quien trabajamos juntos durante muchos años”.