DE LA CAMANCHACA A LA LLAVE
La hazaña que convirtió la niebla en agua en Caleta Chungungo
La historia de los atrapanieblas en la localidad costera de Chungungo, en la comuna de La Higuera, constituye un hito mundial de la ciencia y la innovación, fue la primera vez en el planeta que se abasteció de agua potable a una población completa utilizando exclusivamente el agua de las nubes. Este proyecto pionero demostró que la camanchaca -la densa niebla costera que abraza el norte chico chileno- podía transformarse en un recurso hídrico vital.
Históricamente, los habitantes de Caleta Chungungo carecían de agua potable y dependían de camiones aljibe que cobraban altos costos por un suministro limitado y de baja calidad. Esta realidad comenzó a cambiar en 1980, cuando el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile inició estudios en el Cerro El Tofo, una cumbre de 780 metros de altitud situada sobre el poblado. Los geógrafos Pilar Cereceda, Horacio Larraín y Nazareno Carvajal identificaron condiciones ideales para aplicar la tecnología ideada décadas atrás por el científico chileno Carlos Espinosa.
En 1987, con financiamiento del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) de Canadá y el apoyo de CONAF, se instalaron cerca de 100 atrapanieblas en la cumbre. Estos grandes paneles con mallas de polietileno (tipo Raschel) atrapaban las microgotas en suspensión. Las gotas se unían y caían por gravedad hacia canaletas, desplazándose a través de un acueducto y tuberías de 5,6 kilómetros cerro abajo.
En 1992, el sistema se conectó a las casas. Por primera vez, más de 90 hogares contaron con agua limpia directa en sus hogares, cosechando un promedio de 14.000 litros diarios.
El éxito convirtió a Chungungo en un laboratorio global, inspirando proyectos similares en Perú, México, Guatemala, España y África. Aunque a fines de los 90 el desgaste por el clima y la falta de un modelo de mantenimiento comunitario deterioraron la red, el hito derivó en la posterior llegada de una planta desalinizadora. El legado de El Tofo queda como el día en que Chile enseñó al mundo a cosechar agua del cielo.