Elías, en el olimpo del fútbol criollo

lunes 07 de mayo de 2012

Cuando se habla de fútbol, por lo general se termina discutiendo. Claro, siempre sale a relucir el color de la camiseta, ya sea blanca, azul, granate o aurinegra. Es que entre gustos, la verdad, no hay nada escrito. A veces prima el talento, en otras la garra, la habilidad, el don de mando o el olfato goleador. Son muchas las cualidades que hacen destacar a un jugador y, por lo mismo, es muy difícil decidirse por el mejor. Salvo cuando se habla de quién fue el más grande de nuestro deporte nacional. Ahí no hay discusión alguna, pues todos tienen a Elías Figueroa en el Olimpo.
Como zaguero central ha sido nominado como uno de los mejores de la historia. Fue tanto su talento, que figuras al nivel del Kaiser Franz Beckenbauer o el mismísimo Pelé lo han considerado el mejor en su puesto. Pero eso no son todos los laureles que fue cosechando a lo largo de su exitosa carrera, puesto que la Historia y Estadística de Fútbol lo reconoce como el 8° mejor jugador sudamericano del siglo XX, mientras que los brasileños señalan que ha sido el mejor extranjero que haya jugado en la liga de ese país. ¡Nada!
Ahora, cuando diario El Día le consultó a Don Elías de por qué en él hay consenso en señalarlo como el mejor, humildemente nos señala que “quizás fue por mis condiciones de líder y de ser respetuoso dentro y fuera de la cancha. Además, soy uno de los pocos jugadores de Sudamérica que he dado la vuelta olímpica en tres países diferentes y también sumé 12 títulos. Marcelo Salas es el otro que ha logrado eso. Por si se me olvida, también soy el único chileno que está en una selección del siglo de la FIFA”, agregó el zaguero que también forma parte del equipo de Peñarol de todos los tiempos y en el Internacional de Porto Alegre aún le prenden velitas. Lo más simpático, cuenta Don Elías, fue que “me eligieron el mejor de América en tres ocasiones seguidas entre puras figuras a nivel mundial. Partiendo por Pelé, Gerson, Rivelino, Tostao, Jairzinho, Carlos Alberto, Zico, Teófilo Cubillas, Héctor Chumpitaz, Perfumo y Mario Kempes. La época de oro del fútbol sudamericano”.
“La gracia”, agrega el defensa central que ha sido el único fubolista chileno en jugar tres mundiales: Inglaterra 1966, Alemania 1974 y España 1982, “es que es difícil que un defensa sea considerado el mejor cuando las estrellas de los equipos por lo general son los volantes o goleadores. Eso resalta aún más mis condiciones”.
Don Elías, quien se inició en Santiago Wanderers, pasando por Unión La Calera, Peñarol, Inter de Porto Alegre, Palestino y Colo Colo, además de un paso por el fútbol de Estados Unidos, señala que en su historia de fútbol lo enorgullecen muchas cosas, pero sin duda se queda con el “Gol Iluminado” que le anotó al Cruzeiro en la final del Brasileirao. ¿La razón? Simple: “La cancha estaba cubierta por sombra, pero cuando salté y conecté de cabeza, en las fotos sale un rayo iluminándome. No hay explicación para eso. Y lo que más me enorgullece, es que el Ministerio de Salud publicó la foto en la tele, en los diarios y en los letreros de todo el país para enseñar a la juventud. Y decía: ¡No fume! Use la cabeza como Figueroa”.
Acerca de por qué llegó a ser crack en Uruguay y Brasil, Elías detalló que “el chileno tiene buen técnica y es táctico, pero le falta desarrollar la personalidad. Yo trabajé en eso y le agregué la perseverancia. Además, nunca bajé los brazos, ya que siempre fui un luchador incansable. Si ya a los 18 años estaba en la selección adulta y en Peñarol. Y qué mejor formación que la charrúa”.
- Entonces, me imagino que ahí aprendió algunas cositas, ¿verdad?
“Claro, y aunque siempre me gustó salir jugando con la pelota dominada y la vista al frente, cuando tenía que pegar, lo hacía, jejé. Me fui a Uruguay con 18 años y adquirí la garra charrúa, lo que en definitiva me ayudó mucho para triunfar en Brasil. Imagínate que al segundo partido en Internacional ya era capitán y nunca más dejé la jineta”.
- ¿Qué consejo les puede dar a los jóvenes zagueros?
“Ser fuerte en el juego aéreo y tener buena técnica. Todo eso se consigue trabajando. Es un sacrificio personal. Yo siempre me quedaba después de los entrenamientos practicando, entrenando. Hay que ser profesional en esto. Yo cuando venía de vacaciones a Chile, descansaba una semana y a la otra ya estaba entrenando. Por eso cuando llegaba al club y a la pretemporada, ya estaba más adelantado que el resto. De hecho, cuando vuelvo a Palestino, haciendo un sacrificio enorme en la parte económica, recuerdo que terminamos de entrenar un viernes y el partido era el domingo, por lo que nos concentrábamos el sábado en la noche. Y yo pregunto, estando todo el plantel presente: “Bueno,¿no se entrena mañana?”. Todos quedaron como extrañados y tiempo después Marcos Cornez en una entrevista dijo que cuando llegué al club se comenzó a entrenar, jejé. Quizás eso hizo que el equipo estuviera más de 40 partidos invictos”.
-¿Qué siente haber jugado con los mejores de la historia?
“Haber jugado contra Pelé, Platini, Ermindo Onega, Spencer, Beckenbauer, Rivelino, fue lindo, pero lo que me llena de orgullo es que soy amigo de todos ellos. Mira, cuando estuve en Peñarol siempre me quisieron del Real Madrid, pero nunca me fui, porque en Brasil estaban los mejores. En esa época nadie quería jugar en Europa, sino que en Brasil, donde estaban los más grandes. Imagínate que Pelé toda su vida jugó en su país y luego en los Estados Unidos, pero ya cuando le quedaba poco para el retiro. Además, que en aquellos años en Europa no pagaban los sueldos millonarios de hoy, así que mejor te quedabas en Sudamérica, donde, insisto, estaban los mejores y que hasta el día la gente recuerda. Era una motivación jugar en Brasil en aquella época”.
-¿Y cuáles eras sus virtudes como futbolista?
“Aparte de mis condiciones innatas y que creo que eran muchas, está mi fuerte personalidad. Y por eso siempre terminaba por imponerme”.
-A propósito de jugadores de todas las épocas, ¿usted pudo lucirse en cualquier tiempo...?
“Sin duda. Los buenos jugadores son buenos en todos los tiempos y en todas las canchas”.
-Y en Chile, ¿usted es el “más grande”?
“Por ahora nadie ha equiparado mis logros, pero igual Chile ha tenido grandes jugadores y ojalá los jóvenes de ahora luchen y trabajen para poder ser mejores que Caszely -a quien encuentro injusto que aún la gente se acuerde del penal que falló en el Mundial de España, cuando hoy vemos que figuras que ganan millones también fallan, como o Ronaldo y Kaká-, Leonel, “Chamaco”, “Cua-Cuá”, Jorge Toro, Quintano, Manuel Muñoz, René Orlando Meléndez, Honorino Landa, Marcelo Salas, Iván Zamorano... Tengo claro que cumplí, que hice una linda campaña, en una etapa en donde había muchos jugadores de nivel. Ahora miro hacia atrás y digo: ‘hice camino al andar’”.
- ¿Y quién le quita el sueño por estos días en Chile?
“En estos momentos hay una generación muy buena de jugadores que ya logró participar en un Mundial y se está trabajando para llegar al próximo. Y si bien la gran mayoría triunfa en sus equipos, principalmente en Europa, creo que el más regular por todo lo mostrado es Arturo Vidal”.
- ¿Qué le parece Alexis?
“Al ritmo que va, pronto será un consagrado. Si se tuvo un muy buen rendimiento en el fútbol italiano, que es muy complicado, en España, donde hay menos marca, y en un equipo muy bueno colectivamente, se verá mucho mejor”

OTRAS ESTRELLAS. Es cierto, “Don Elías” es el más grande, pero también existieron otros que engalanaron el fútbol nacional. Por lo mismo que diario el Día, que sabe más que la Biblia, indagó sobre estos mitos y leyendas y recordó a los grandes de nuestro fútbol, quienes con su talento y magia quedaron en la memoria de miles de fanáticos que hasta el día de hoy recuerdan sus maratónicas jornadas futbolísticas.
Uno de ellos fue Honorino Landa, quien con su alegre y chispeante sentido del fútbol deleitaba a toda la gente que asistía cada fin de semana al estadio. Cómo no resucitar cuando al “Palitroque” Rodenack, entonces arquero de Rangers de Talca, le quitaba su gorra y salía corriendo por toda la cancha con él. A “Pancho” Fernández, otrora portero de la Universidad Católica, cuando le bajaba los pantalones. Y aquella vez que a Colo Colo, en una Copa Libertadores, le metió un golazo y luego se fue por la pista con la pelota dribleando carabineros ante el delirio de la galería.
Otro grande fue René Orlando Meléndez, que a sus rivales los ponía en fila para pasarlos a todos y después de unos segundos echar la vista atrás y mostrar una leve sonrisa de gozo. Este pampino (nació en la oficina salitrera de Pedro de Valdivia) jugó en Everton, Universidad de Chile, Unión La Calera y en la “Roja de Todos” entre 1950 y 1960.
O Manuel Muñoz, el popular “Colo Colo”. Cuando se evoca la figura de este tocopillano, se viene a las retinas su estampa de nortino puro: Moreno, pómulos salientes, ojos rasgados, labios prominentes. Cuando se evoca al jugador, surgen al recuerdo la cintura cimbreante, la finta que dejaba invariablemente a contrapié al defensa adversario, la cortada en diagonal hacia el arco. Era inútil que los entrenadores aleccionaran a sus hombres: “No miren de frente al ‘Negro’, no le pierdan de vista la pelota”. Es que engañaba con la vivacidad de la mirada, con el cimbreo del cuerpo, con la pisada de la pelota, con el amague de irse por fuera para escurrirse por dentro. Jugó 10 temporadas en Colo Colo. Estuvo en 189 partidos oficiales, en los que hizo 120 goles y fue número puesto en las selecciones del 50 al 55.
Enrique Hormazába también está en nuestra lista. El “Cua Cuá” representó la inteligencia, el talento, la técnica, la picardía y el temperamento. O Jorge Robledo, que logró dos títulos con el Newcastle. También estaba Jaime Ramirez, un extremo derecho habilidoso, y de buena técnica. 4301iR