Cecilia Castro, presidenta nacional de la Corporación También somos chilenos: "Chile tiene plata, pero es tremendamente desigual"
Esta semana el campamento El Culebrón de Coquimbo fue sede de un encuentro entre líderes sociales y autoridades regionales. Una instancia organizada por la corporación “También Somos Chilenos” que desde el año 2006 trabaja en la formación de dirigentes de estos asentamientos vulnerables y que durante este mes está impulsando la campaña “Pongámonos los pantalones por los campamentos”. En una ruta por todo Chile, esta corporación está abriendo espacios de diálogo donde los pobladores puedan expresar sus inquietudes y propuestas para mejorar sus condiciones de vida.
Esta cruzada está siendo encabezada por Cecilia Castro Herrera, presidenta nacional de este movimiento, quien en el año 2008 fue destacada como una de las 100 mujeres líderes más influyentes de ese año.
Y es que su trabajo ha sido públicamente reconocido, incluso en Latinoamérica. Vivió 20 años en el campamento Lo Boza de Renca, con su marido y dos hijos, donde levantó su comité de vivienda hasta conformar hace 3 años atrás el Barrio Antumalal para 170 familias.
Dice orgullosa que representa la fuerza de esa mujer dirigente “que se saca la mugre día a día”, subrayando que la mayoría de las líderes de campamentos son madres de familia. “Las mujeres somos más soñadoras, más aperradas y, si nos dicen que no, somos tozudas”, expresa durante esta entrevista cargada de sinceridad.
-¿Cómo ha evaluado el poder de los dirigentes desde que se formó esta corporación?
“Creo que es súper relevante que haya participación de los dirigentes sociales. En Chile siempre han existido, pero nunca se les había dado la importancia que efectivamente tienen. Cuando se formó esta corporación nos preguntábamos por qué los campamentos no salían de su condición, por qué había tanta pobreza, por qué estábamos tan marginados y discriminados. Y eso era porque el problema y las decisiones eran tratados en cuatro paredes sin la gente que conocía la realidad. Hubo programas muy buenos, pero que no funcionaron porque no había participación de las familias. Lo que nos faltaba eran dirigentes con capacidad de dialogar y proponer desde su propia experiencia de vida”.
-¿Ha sido difícil este camino?
“Capacitar a los dirigentes era fundamental. Había que entregarles herramientas para que pudieran sentarse con una autoridad para plantear soluciones sin tener que llegar a agachar la cabeza o sentirse menos. Lo primero que se pensaba es que los dirigentes eran estos tipos que van a insultar o garabatear. Pero hoy es distinto”.
-¿Se sintieron subestimados cuando dialogaban con las autoridades?
“Aquí dos cosas nos han costado. Primero, que las familias de campamentos se sientan parte del país y convencerlos de que tienen derecho a opinar, a exigir, a organizarse. Ha sido difícil que se crean el cuento, principalmente porque nadie nos ha tomado en cuenta. Y lo segundo, es que las autoridades nos validen y que entiendan cuando nosotros opinamos distinto”.
¿Con el tiempo eso ha cambiado?
“Durante estos últimos años, con el trabajo que hemos hecho ha permitido que las autoridades sepan que nosotros decidimos. Pero ha costado un montón. No porque uno tenga menos estudios, no tenemos la razón. Pero esto de a poco ha cambiado. Con los últimos movimientos sociales, las autoridades han logrado una apertura de mente en entender que hay que hacer mesas de trabajo. Hemos ganado espacios gracias a la formación de estos líderes, sin necesidad de pelear ni que nos moje un guanaco. Y nosotros también hemos tenido que aprender a confiar en las instituciones”.
-¿Confían en el compromiso presidencial de terminar con los campamentos en el año 2.020?
“Nosotros fuimos los más molestos cuando se anunció esto. Nos dolió, porque no entendemos por qué tenemos que esperar tanto tiempo para una solución. Ha costado confiar en el gobierno, en los políticos porque durante mucho tiempo no nos han pescado. Hoy lo que falta en Chile es la inversión en la personas. Ningún programa contempla capacitación para la gente de campamento. Hay una deuda pendiente, pero hoy día se está reconociendo que la participación de la comunidad es clave. Hemos recuperado de a poco las confianzas, porque hay muchos temas por resolver todavía”.
-¿Sigue en pie su postura sobre que la postergación de los campamentos creció con las tareas de reconstrucción post 27-F y por las movilizaciones estudiantiles?
“Lo que más nos molestó es que después del terremoto hubo un esfuerzo de todos los ministerios para poner recursos para reconstrucción de aldeas y no fue difícil hacerlo. Entonces lo que nos sorprendió es que por qué eso nunca se ha hecho con los campamentos, si aquí se vive en peores condiciones durante 20 ó 40 años. No ha habido voluntad. Y en cuanto a las movilizaciones, si bien entendemos que son válidas, hay otras cosas que están pasando en el país. Estamos un poco sentidos, porque creemos que las cosas se pueden resolver. Creo que es un grave error que el Presidente haya dicho que terminarán con los campamentos en el 2020 porque hoy están las condiciones para que los campamentos dejen de vivir en las condiciones en las que están”.
-Una de las dudas que se generan es qué viene después de que logren salir de los campamentos. ¿Cómo las familias enfrentarán tener que pagar agua, luz, etc.? ¿Hay una mirada asistencialista?
“Creo que esa visión de que la gente está acostumbrada a que le den cosas ha pasado porque las instituciones siempre han hecho justamente eso: dan, pero no ha habido jamás una herramienta para que la persona aprenda a sobrevivir. Te entregan la caja con mercadería, pero no te dan alternativas para que puedas trabajar. Hoy en día no estamos esperando que nos den. Apostamos a que las familias tengan su casa, pero exigimos que los programas de vivienda contemplen preparar a las familias para que aprendan a pagar luz, agua. Acá en el campamento Quebrada Las Rosas están pidiendo a la empresa eléctrica que les instalen un medidor para poder pagar, pero la privada no lo hace porque los pobladores no son propietarios del terreno. No hay voluntad para regularizar eso”.
-¿Cómo analiza la realidad de los campamentos de la Región de Coquimbo?
“Acá los campamentos están muy ocultos. Tú pasas por la carretera y no te das cuenta que están cerca. Otro de los problemas es que hay pocos terrenos para la construcción de viviendas. Hemos visto preocupación por parte de los municipios para solucionar los problemas. Se está estudiando si es posible que en vez de sacar a las familias a otro lugar, se urbanice el lugar donde habitan. Nosotros no hablamos de erradicar los campamentos, sino de mejorar las condiciones de vida con proyectos de vivienda integrales que estén pensados con un consultorio cercano, colegios, locomoción colectiva. No queremos que el término de los campamentos se transforme en sólo la entrega de una casa, sino que capaciten a las familias”.
-Pero si no se erradican los campamentos ¿no sería caer en un círculo que nunca se corte?
“Es que cada campamento tiene su característica. Si hay uno donde las familias puedan quedarse, se deberían hacer todos los esfuerzos para que la habitabilidad de ese lugar sea mejor. Pero tiene que haber un plan completo detrás, y ahí municipios e intendencias son claves, o si no las familias van a volver a armar otro campamento (…) Para que no aumenten los campamentos, se tiene que mejorar la entrega de información sobre cómo postular a los subsidios”.
¿Y qué resultados esperan con la campaña “Pongámonos los pantalones por los campamentos”?
“Queremos lograr que todos nos comprometamos. Este no es sólo un problema de las familias o del Ministerio de Vivienda. Si nosotros tuviéramos un país efectivamente comprometido con las familias más vulnerables, la solución sería mucho más fácil. Necesitamos constructoras con una verdadera responsabilidad social empresarial, que construyan casas dignas. Necesitamos que el Estado agilice la entrega de subsidios (3 años se demora). Chile tiene plata, pero es tremendamente desigual. También necesitamos potenciar la labor de Un Techo para Chile y que la sociedad civil, especialmente los jóvenes, nos ayude a presionar”.