Gustavo Muñoz "Mi meta era dar a conocer la historia de los crianceros. Verlos ser libres"
Criarse en las faldas de la cordillera llevó a Gustavo Muñoz, fotógrafo argentino, a desarrollar un interés especial por el quehacer de los crianceros y la misteriosa belleza de las montañas.
Ambos factores también generaron en Muñoz una pasión por la fotografía que, con el paso de años, lo traería hasta la Región de Coquimbo para realizar un trabajo de gran preponderancia con los crianceros de la zona, experiencia que derivó en el libro “Trashumantes de la cordillera de los Andes, los últimos pastores del hemisferio sur”, que fue estrenado hace unos meses.
Sin embargo, éste no ha sido el único lazo del fotógrafo con Chile, sino que también, luego del terremoto del 27F, apoyó con donaciones desde Argentina, y actualmente está trabajando para lograr una comunicación estable entre los crianceros y las autoridades chilenas ante cualquier emergencia en la cordillera.
“Tengo una relación muy cercana con nuestro país vecino (Chile), de toda la vida. De hecho, cuando fue el terremoto del 2010, estuve trabajando con la gentede Dichato, Talca y otros lugares, llevando donaciones; no sólo de alimentos, sino también de alguna maquinaria, como motores y generadores. Esto surgió como una iniciativa propia, en realidad, sin ningún fin comercial ni publicitario”, manifestó el argentino indicando que esa acción surgió como una forma de devolverle la mano a Chile. “Me pareció una buena oportunidad para mostrar mi agradecimiento y ayudar a mis amigos de allá”, dijo.
El fotógrafo oriundo de San Juan, que ya cuenta con más de 20 años de experiencia en el rubro, destaca que “siempre he estado muy involucrado con la producción audiovisual y el trabajo interdisciplinario”.
Pero ¿cómo nació esa pasión? En relación a eso, Muñoz manifiesta que todo tiene que ver con sus orígenes.
“Nací y me crié en Tocota, Iglesia. Es un pueblito de mi provincia que está ubicado a los pies de la cordillera de los Andes. Desde chico me emocionaron los paisajes espectaculares y la magia de las tradiciones”, y agregó que “siempre me sentí atraído por ese gigante montañoso tan imponente, así que mi inclinación por la fotografía surge de intentar capturar su belleza e inmortalizar esos instantes”. Respuesta que deja entrever el porqué de su último libro sobre la trashumancia.
En relación a este trabajo fotográfico que retrata las vivencias de un grupo de crianceros de la región, específicamente las circunstancias que éstos deben pasar durante esos meses que suben a la cordillera para llevar a cabo su trabajo, también significó que el fotógrafo se inmiscuyera en este ambiente y compartiera las experiencias de aquellos a quien quería inmortalizar con el lente de su cámara.
“El libro ‘Trashumantes de la cordillera de los Andes, los últimos pastores del hemisferio sur’ es un libro que combina fotografía y texto y, habla sobre el duro trabajo de estos pastores. Son crianceros de cabras que durante 6 meses al año viven aislados casi por completo del resto de la sociedad, en plena cordillera de los Andes. Es un trabajo muy sacrificado”, comentó el fotógrafo.
Ese aislamiento del que habla Gustavo está perfectamente retratado en el texto de la trashumancia, puesto que el argentino tuvo que vivirlo de primera fuente.
“Tuve la suerte de conocer a varios de ellos en mis viajes a la montaña, y desde un primer momento sentí la necesidad de contar su historia, cómo es su vida y su trabajo. También noté la gran carencia que tiene esta gente, sobre todo con respecto a la comunicación. Así que cuando se hizo la publicación del libro me pareció una linda oportunidad para acercarles, no sólo el producto de mis investigaciones y sesiones fotográficas anteriores (es decir, el libro en sí), sino, además, de llevarles un equipo de radio HF (High Frequency). Me pareció un dispositivo vital en caso de emergencias, ya fueran climatológicas, de salud, o de cualquier tipo; la idea era no dejarlos aislados”, señaló Muñoz.
- ¿Cómo recibieron los crianceros este regalo?
“Uh, fue una experiencia inolvidable. A uno de los crianceros, que hace 59 años que vive en ese ruco. ¡59 años!, cuando le mostramos el libro, la película y le llevamos el aparato, tenía una emoción muy grande. Cuando prendimos la radio, y le enseñamos cómo son los códigos de la comunicación radial, cómo hay que dirigirse y cómo contestar, la verdad que fue muy divertido, tanto para él como para nosotros. Y finalmente cuando pudo entablar una conversación y escuchar que alguien le respondía desde el otro lado… fue un momento increíble”.
-¿Cómo te gustaría que se recibiera el libro?
“Para mí, el objetivo siempre fue dar a conocer la historia de los crianceros, que es la gente más humilde, más aislada que vive en la zona. Quería contar cómo es la vida desde su punto de vista: Cómo se trabaja con tantas adversidades, el sol, el viento, la nieve. Realmente admiro mucho su esfuerzo y su trabajo, y me gusta cómo son, sus valores… Como dijera un amigo, ‘me gusta verlos libres’. Esa es la idea fuerte de este trabajo”.