O’Higgins frena la marcha del aurinegro
El fútbol da y quita. En la fecha pasada Coquimbo Unido había dado una muestra de eficacia en la conversión aplastando a Everton de Viña del Mar por 4-0. La efectividad resultó a cabalidad, inyección que abrigó la esperanza goleadora de los aurinegros en la semana, ya que anoche estaban a cargo de abrir la fecha 4 del Campeonato Oficial, desafiando al local O’Higgins de Rancagua en el estadio El Teniente.
El choque, al que asistieron un poco más de siete mil personas, respondió a las expectativas previas, mostrando, en especial el once de Patricio Graff, una identidad y definición de un equipo de años, que apagó y frustró los afanes ofensivos del elenco celeste en cada balón que disputaron en la primera fracción.
Miguel Pinto
Cano, el meta de los piratas, prácticamente fue un observador privilegiado en esta fracción. Salvo para iniciar las jugadas de ataque de su equipo, poco y nada debió intervenir, ya que el juego se concentró en la zona rancagüina donde Miguel Pinto realizó un par de intervenciones para dejar en el recuerdo, como el remate que envió al lanzamiento de esquina del argentino Jonathan Benítez o un cabezazo de Sebastián Silva, cuando los aurinegros comenzaban a desplegar su juego por las bandas.
La presión y la alta intensidad impuesta por los jugadores del barbón no encontró oposición en los celestes que perdían en velocidad y en cada balón en juego.
De ese modo Coquimbo fue monopolizando el accionar como las mayores aproximaciones al arco de Pinto, aunque la construcción del juego no encontró el premio que todos esperaban: el gol. Se lo perdió nuevamente el zurdo Benítez a los 37’ al ingresar prácticamente sin marca por el costado izquierdo cuando Pinto salía desesperado a presionar y el ariete Rubén Farfán, en el inicio de la segunda fracción, cuando resultaba más difícil enviarla para afuera. Un pique antes del contacto ayudó a desperdiciar la más clara del aurinegro y la última por cierto de un partido que desde ahí cambió.
El penal
Las variantes de Marco Antonio Figueroa le dieron resultado, en especial con el ingreso de Matías Sepúlveda quien se estacionó recostado por la izquierda para aprovechar las espaldas de John Salas. El partido ya mostraba otra característica. La precisión de los porteños ya no era la misma y si bien ya no se jugaba como en la primera fracción, el desacierto del juez Cristian Rojas, de cobrar lanzamiento penal en una caída del propio Sepúlveda en un cruce del defensor Oyarzún, que luego cobró por gol Maximiliano Salas a los 70’, le dio aire y respiro a los dueños de casa que comenzaron a manejar el partido con su perspectiva. Fue un duro golpe para un equipo que había llevado el desgaste.
Ribery Muñoz
Como era de esperar, Coquimbo Unido se fue con todo en busca de conseguir la paridad. Ya sin el orden y la claridad, por cierto. Los ingresos de Julio Doldán por Pineda y de Giovanni Bustos por un extenuado Benítez, apuntaban a mantener la presión alta y seguir imponiendo la administración de las bandas, en especial la izquierda donde sacó aplausos el trabajo del joven Sebastián Cabrera., aunque nada se logró.
Sin embargo, O’Higgins y en especial Ribery Muñoz no estaban para sufrir. El atacante, quien recibió sin marca en el círculo central, avanzó un par de metros con el balón para despachar un zapatazo de 48 metros, a una velocidad de 81 kilómetros por hora, para anidarse en el arco de Matías Cano que sólo pudo ver como éste paraba su marcha en la red.
Fue el golpe de nocaut para los aurinegros que a esas alturas no tuvieron la limpieza mental y frescura para ir por un descuento, O’Higgins se reforzó con ese tremendo tanto del atacante. Lapidario.