Mujeres de la salud que trabajan y deben hacerse cargo de sus hijos sin jardín ni sala cuna
Se cuentan por decenas las funcionarias de la salud que tienen hijas o hijos pequeños que trabajan en la salud y a pesar de la pandemia han tenido que seguir trabajando y hacerse cargo de sus hijos sin jardín infantil ni sala cuna, los que han sido cerrados por la contingencia sanitaria.
Para algunas de estas funcionarias el tema es mucho más complicado, puesto que, además, viven con sus padres que son adultos mayores, por lo tanto, personas de alto riesgo.
Por eso, deben extremar las medidas preventivas, primero, para evitar contagiarse en los hospitales o consultorios donde prestan funciones, pero también doblegar esfuerzos para cuando llegan a su casa no contagiar a su familia, una situación que no solo las mantiene preocupadas, sino que con un altísimo estrés a diario.
Las historias de vida son muchas, pero hemos elegido algunos ejemplos para conocer cómo desarrollan a diario su vida, sus funciones laborales y como madres.
Una de estas mujeres es Yaritza Collao, enfermera del Servicio de Cirugía del Hospital San Pablo de Coquimbo.
Ella trabaja hace cinco años en e recinto hospitalario, tiene una hija y dice que con la pandemia su vida le ha cambiado “de forma muy anticipada, muy terrible, porque he tenido que saber adaptarme a la situación actual y más todo el compromiso que implica ser mamá. Me ha sido muy complicado el hecho de tener que contar con una red de apoyo para poder estar con mi hija y prevenir el hecho de que se pueda contagiar”.
En el caso de Yaritza, la situación es complicada, puesto que no solo ella es funcionaria de la salud, también lo es su esposo, lo que, además, implica un doble riesgo de contagio.
Por lo anterior cuenta que la rutina que tiene hoy es muy distinta a la de antes, ya que “antes tratábamos de hacer actividades los tres afuera, salir, mi hija venía acá a la sala cuna, pero nosotros como familia decidimos no traerla por un buen tiempo, porque también estábamos exponiendo que se pueda contagiar no solo del Coronavirus, sino que de una enfermedad respiratoria que es muy común en este tiempo. Mi rutina por hoy es casa-trabajo y casa de mi suegra que es donde la dejo cuando mi marido no la puede cuidar, lo que significa levantarse más temprano, mayor sacrificio”.
Trabajo y terapia a su hijo
Élida Saavedra Takebayashi, es enfermera del Consultorio Adosado del Hospital San Pablo, donde trabaja hace seis meses, ya que antes estuvo como interna.
Dice que desde que partió ha sido un cambio del cielo a la tierra, porque cuando no había contingencia la carga laboral era menos, como también la carga emocional.
Ella trabaja una semana en el centro asistencial y otra con teletrabajo, pero el tiempo e que está en el hospital tambié4n tiene que velar por su hijo de dos años y medio. “Se hace lo que se puede, porque no estoy más de tres horas con él. Cuando salgo al trabajo dejo a mi hijo durmiendo y cuando llego a la casa tengo que hacer el ritual para cambiarme la ropa, bañarme y ahí recién lo voy a buscar, porque lo cuidan mis suegros”.
Explica que siempre está el temor de transmitirle un contagio a su pequeño y “no solamente a él, sino que como la mayoría de las que trabajamos aquí, tenemos niños en las casas, tenemos adultos mayores, alguna persona con alguna enfermedad de base y eso también es complicado en esta contingencia”.
Para ella es doblemente complicado, ya que su hijo tiene Trastorno de Aspectro Autista y no está yendo a sus terapias y le demanda más tiempo, ya que las terapias se las debe hacer ella. “El tiempo de descanso para uno es nada, porque llega a la cada, está con el niño, avanza con las tareas, con sus terapias, toma té, se acuesta y después de nuevo a la rutina, levantarse a las seis de la mañana”.
“Como la mayoría de las que trabajamos aquí, tenemos niños en las casas, tenemos adultos mayores, alguna persona con alguna enfermedad de base y eso también es complicado en esta contingencia”. Élida Saavedra, enfermera.
Todo ha cambiado
Tatiana Ossandón es secretaria y trabaja en el hospital hace 16 años, pero desde hace 10 presta funciones en el Servicio de Urgencia.
Dice que todo ha cambiado con la pandemia, desde la cantidad de funcionarios en la unidad de la cual es secretaria, donde se turna semana por medio con sus compañeras para trabajo presencial, pero en ese tiempo las labores son dobles.
“El ritmo siempre ha sido rápido acá, pero ahora ha cambiado, porque las formas de trabajo han cambiado, hay que estar preocupados en todo momento que no se olviden de hacer muchas cosas en coordinación con enfermeras, ayudando a reponer insumos, ver todo lo que se trata de bodega, no solo temas administrativos. Ver estadísticas, los pacientes sospechosos, cuántos fallecidos e ingresarlos al Minsal, es un trabajo importante en la unidad”.
Su esposo también trabaja en el área de la salud y tienen una hija de 12 años que tiene una enfermedad inmunológica, por lo que deben tenerla muy protegida.
Vive con sus padres además, quienes se encargan de su hija cuando no están, pero a la llegada deben tomar todas las medidas pertinentes, como bañarse, cambiarse la ropa antes de tomar contacto con la familia, “ahí podemos verla a ella, sin abrazos. Es difícil, porque él trabaja en el SAMU, donde trasladan pacientes y si uno se contagia nos contagiamos los dos”.