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Poliamor en debate: ¿es posible amar a dos personas a la vez?
José se enfrentó a una interrogante que lo despojó de certezas: ¿a quién amaba realmente? Esta inquietud, que muchos experimentan en la intimidad del silencio, es el núcleo del poliamor. Se trata de la práctica de sostener relaciones románticas paralelas donde existe pleno conocimiento y consentimiento de todos los involucrados, desafiando la norma establecida.
Para algunos, esta posibilidad es impensable; para otros, es una forma genuina de gestionar el afecto. Surge entonces la gran duda sobre si el amor es un bien que se reparte en fragmentos o si tiene la capacidad de crecer. La revista Psychology Today citó el testimonio de una mujer poliamorosa que ilustra el dilema con pragmatismo:
“Mi fantasía es tener cinco amantes. Sin embargo, no creo que mi esposo esté de acuerdo; y, de todos modos, no tendré tiempo para todos. Creo que tres es el límite”.
Este testimonio evidencia que, aunque el deseo no tenga techo, factores como el tiempo y la energía emocional imponen fronteras físicas a la cotidianeidad. Por décadas, la cultura occidental ha entronizado el mito de la "media naranja" a través del cine, la música y la literatura, vendiendo la idea de un ser único e irremplazable que otorga seguridad al orden emocional.
No obstante, la realidad no siempre encaja en esa precisión. Existe la sospecha de que quien ama a dos no ama a nadie, pero el debate no se cierra ahí. Se plantea la duda de si los vínculos pueden ser intensos y simultáneos sin causar daño. ¿Es el amor un recurso finito? Los críticos sostienen que al sumar personas, la atención hacia la primera disminuye inevitablemente.
Sin embargo, hay quienes ven el afecto como algo que genera bienestar y apertura. Una enseñanza de Buda explica que "miles de velas pueden encenderse con una sola, y la vida de la vela no se acortará". En esa misma línea, en la película Her, el personaje de Samantha afirma:
“El corazón no es como una caja que se llena; se expande cuanto más amas”.
Defender el poliamor implica entender que no se busca dividir el sentimiento, sino ampliar su alcance. El reto actual reside en descubrir si este modelo puede sostenerse en el tiempo frente a las demandas de la vida real y la gestión de los vínculos.