Seguridad aeronáutica
Pasajeros disruptivos aumentan presión sobre vuelos y aeropuertos en Chile
Con insultos al personal, falsas amenazas de bomba, pasajeros ebrios y hasta destrucción de pantallas y módulos de embarque. Lo que durante años fue visto como un problema aislado dentro de la aviación hoy comenzó a transformarse en una preocupación creciente para aerolíneas, aeropuertos y autoridades aeronáuticas.
La industria ya habla derechamente de un fenómeno en escalada: el aumento de los pasajeros disruptivos.
La tendencia no solo se observa en Chile. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) advirtió que los incidentes protagonizados por pasajeros conflictivos mantienen una trayectoria ascendente a nivel mundial, afectando la seguridad operacional, la experiencia de viaje y el funcionamiento completo de los aeropuertos.
Según cifras recopiladas por IATA, durante 2024 se registró un incidente por cada 392 vuelos a nivel global, mientras que en 2023 la tasa era de un caso cada 404 vuelos.
El organismo sostiene que, aunque proporcionalmente estos episodios siguen siendo minoritarios, su impacto es “desmesurado”, debido a que pueden poner en riesgo la seguridad de pasajeros y tripulación, además de generar retrasos, cancelaciones y alteraciones operacionales.
Pasajeros disruptivos, un problema en alza
Un “pasajero disruptivo” es una persona que, dentro de un aeropuerto o a bordo de una aeronave, altera el orden, la seguridad o el normal desarrollo de las operaciones mediante conductas agresivas, desobedientes o perturbadoras.
Esto puede incluir insultos, amenazas, estado de ebriedad, agresiones físicas o verbales, daños a infraestructura, falsas alarmas o el incumplimiento de instrucciones impartidas por la tripulación o autoridades aeroportuarias.
En Chile, las cifras muestran una evolución todavía más pronunciada.
Datos entregados por LATAM Airlines Group indican que los incidentes disruptivos pasaron de 122 casos en 2023 a 127 en 2024. Sin embargo, el salto más significativo ocurrió durante 2025, cuando se contabilizaron 280 episodios, es decir, un aumento de 120% respecto al año anterior.
Solo durante el primer trimestre de 2026 ya se registraban 74 casos en el país.
Desde la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) distinguen dos tipos de comportamientos. Por un lado, están los “pasajeros perturbadores”, definidos como personas cuya conducta genera molestias, desorden o altera el ambiente operacional, aunque sin desobedecer directamente instrucciones de la autoridad o la tripulación. Ahí se incluyen discusiones, gritos, insultos o estados de ebriedad con conductas molestas.
Distinto es el caso de los “pasajeros insubordinados”, categoría que considera a quienes desobedecen instrucciones legítimas impartidas por tripulación, personal de seguridad o autoridades aeroportuarias, comprometiendo la seguridad operacional.
Negarse a utilizar cinturón de seguridad, resistirse a controles aeroportuarios, fumar dentro de una aeronave o incluso agredir a funcionarios forman parte de esa clasificación.
Incidentes a lo largo de los años
La propia DGAC reportó 78 incidentes de pasajeros insubordinados en 2023 y 87 durante 2024. A ellos se sumaron episodios catalogados como “perturbadores”, que prácticamente no existían en registros anteriores y que comenzaron a aparecer con mayor frecuencia desde 2025.
Para el Aeropuerto de Santiago, el problema ya tiene efectos visibles en la operación diaria.
Manuel Valencia, subgerente de comunicaciones y asuntos corporativos del terminal aéreo, afirmó que el aeropuerto ha observado un incremento cercano al 30% en las denuncias relacionadas con pasajeros disruptivos durante los últimos años.
Entre los casos más frecuentes aparecen insultos y agresiones verbales contra trabajadores aeroportuarios, daños a infraestructura y falsas amenazas de bomba.
“En todos los casos hemos observado un impacto a la operación, lo que puede afectar la experiencia de cientos de pasajeros y usuarios”, explicó.
El ejecutivo sostuvo que las consecuencias no solo recaen sobre quienes protagonizan los incidentes, sino también sobre pasajeros que terminan enfrentando retrasos, reprogramaciones o interrupciones de vuelos.
Destrucción, agresiones y falsas bombas
Dependiendo de la gravedad del hecho, una destrucción de equipamiento puede inutilizar zonas completas de embarque, mientras que un aviso falso de bomba puede activar protocolos de seguridad que incluyan evacuaciones, revisión de aeronaves y suspensión temporal de operaciones.
Desde la DGAC detallaron que cada aeropuerto del país cuenta con planes de contingencia específicos para responder ante actos de interferencia ilícita o situaciones que amenacen la seguridad aeroportuaria.
Esos protocolos consideran coordinación con policías, aislamiento de aeronaves, desembarque de pasajeros y despliegue de equipos especializados, dependiendo de la magnitud del incidente.
Uno de los casos más recordados ocurrió en febrero de 2025, cuando un ciudadano haitiano destruyó pantallas y módulos de autoatención en el terminal internacional del Aeropuerto de Santiago. Según el propio aeropuerto, el hombre incluso reincidió pese a existir medidas cautelares de no acercamiento.
A juicio de Valencia, situaciones como esa evidencian la necesidad de revisar las sanciones y fortalecer la capacidad de respuesta de las autoridades.
“Hemos observado que se requiere fortalecer la presencia de Carabineros y observar con mayor atención las medidas cautelares de no acercamiento para que se cumplan adecuadamente”, señaló.
Legislación y sanciones contra pasajeros disruptivos
Actualmente, la legislación chilena contempla sanciones asociadas a amenazas de bomba y atentados contra la seguridad de la aviación civil, con penas que pueden llegar hasta cinco años de presidio.
Sin embargo, desde la industria aérea consideran que la aplicación práctica de esas normas sigue siendo limitada y con bajo efecto disuasivo. En paralelo, otros países comenzaron a endurecer sus regulaciones.
Estados Unidos mantiene desde 2021 una política de “tolerancia cero” impulsada por la FAA, que permite aplicar sanciones civiles inmediatas a pasajeros que agredan o intimiden a tripulaciones. Las multas pueden superar los 40 mil dólares y, en casos graves, derivar en procesos penales.
Brasil, en tanto, promulgó en marzo de 2026 una normativa que incorpora multas, distintos niveles de infracción y prohibiciones temporales de embarque para pasajeros conflictivos.
La IATA sostiene que el desafío no pasa únicamente por castigar, sino también por fortalecer campañas de prevención y concientización.
En esa línea, el Aeropuerto de Santiago implementó una campaña con más de 200 gráficas distribuidas en counters de check-in, módulos de información y puertas de embarque, buscando reforzar mensajes de respeto y convivencia dentro del terminal.
“Esta iniciativa busca resguardar un ambiente favorable para las millones de personas que viajan por el aeropuerto y la gran cantidad de trabajadores que cada día posibilita esos vuelos”, indicó Valencia.