Las manos que aún trabajan el cuero

Talabarteros ovallinos resisten al paso del tiempo y mantienen vivo el trabajo artesanal

Entre cuero, monturas y trabajo artesanal, maestros talabarteros continúan desarrollando un oficio heredado por generaciones y profundamente ligado a la identidad rural de la provincia. Aunque reconocen cambios en el rubro y una disminución en el número de artesanos, aseguran que la tradición aún se mantiene vigente.
Talabarteros ovallinos continúan elaborando y reparando artículos en cuero ligados al mundo huaso y rural del Limarí.
Talabarteros ovallinos continúan elaborando y reparando artículos en cuero ligados al mundo huaso y rural del Limarí.
lunes 18 de mayo de 2026

Por: Martha Hecherdorsf

El olor a cuero, las monturas colgadas y las herramientas de trabajo aún forman parte del día a día en algunas talabarterías de Ovalle. En medio de un escenario donde muchos oficios tradicionales han ido desapareciendo o transformándose, artesanos locales continúan manteniendo viva una labor profundamente ligada al mundo huaso y rural del Limarí.

Botas, cinturones, billeteras, monturas, fundas, riendas y distintos aperos siguen siendo elaborados o reparados a mano por talabarteros que, pese a los cambios en las costumbres y al avance de los productos industrializados, continúan apostando por el trabajo artesanal y el detalle.

Uno de ellos es Fidel Díaz, talabartero de “El Huasito”, quien comenzó en este oficio durante la década de los sesenta y hoy acumula más de medio siglo dedicado al trabajo del cuero.

“Yo comencé en el año 63 y empecé solo en el año 65. Toda mi vida ha sido esto y lo hago porque me gusta”, relató.

En su taller, rodeado de cinturones, correas y distintos artículos confeccionados manualmente, explica que gran parte del aprendizaje nace de la práctica, la paciencia y el interés genuino por aprender.

“El mismo trabajo le va enseñando a uno. Usted aprende a coser a mano y después comienza a usar la cabeza para imaginar lo que quiere hacer”, comentó.

Díaz asegura que uno de los aspectos más importantes del oficio son los detalles y la calidad del trabajo artesanal, marcando diferencias con productos fabricados en serie.

“La talabartería tiene muchos detalles. El comerciante compra y vende, pero no va a encontrar esos detalles que uno hace artesanalmente”, sostuvo.

PREOCUPACIÓN POR EL FUTURO DEL OFICIO

Aunque el trabajo continúa vigente y mantiene clientes habituales, el artesano reconoce que existe preocupación por la disminución de personas dedicadas al rubro y por la dificultad de encontrar jóvenes interesados en aprender de manera permanente.

“Nunca he querido que esto se termine. Busco gente que quiera aprender, pero muchos vienen uno o dos días y después se van”, expresó.

A juicio de Díaz, el oficio requiere perseverancia y dedicación, especialmente porque muchas técnicas continúan realizándose manualmente, utilizando herramientas y métodos tradicionales que se han mantenido por décadas.

El talabartero también reconoce que los cambios en el mundo rural y la crisis hídrica han impactado indirectamente al rubro, disminuyendo parte de la actividad agrícola y el uso cotidiano de implementos ligados al trabajo de campo.

“Estamos en años sumamente secos. Mucha gente manda a hacer cosas más como hobby, para no olvidarse de lo que es la talabartería y la parte agrícola”, señaló.

Pese a ello, asegura que todavía mantiene clientes de distintos lugares y personas que continúan valorando la calidad y durabilidad del trabajo hecho a mano.

TRADICIÓN FAMILIAR

En calle Libertad, otro de los talleres que continúa desarrollando este oficio es la Talabartería Don René, donde René Canales lleva más de 30 años trabajando en el rubro junto a una extensa tradición familiar ligada al cuero y las monturas.

“Mi papá era el talabartero principal y así seguimos la generación. Somos once hermanos y la mayoría trabaja en esto”, comentó.

Actualmente, entre los productos más solicitados se encuentran cinturones, billeteras, fundas, arreglos de sombreros y artículos vinculados al mundo huaso y ecuestre.

Canales explica que, contrario a lo que muchas personas creen, todavía existe interés por aprender este oficio y por adquirir productos confeccionados artesanalmente.

“Siempre dicen que cada vez hay menos talabarteros, pero de donde yo vengo cada vez hay más. Nosotros les enseñamos a familiares y amigos, y así se va conservando”, indicó.

El artesano asegura además que en los últimos años ha visto a jóvenes acercarse a consultar por materiales, herramientas y técnicas relacionadas con el trabajo del cuero.

“Hay muchos jóvenes que llegan preguntando y quieren aprender a hacer ellos mismos las cosas. Uno los orienta y les explica cómo trabajar mejor”, señaló.

Para Canales, el creciente interés por productos hechos a mano también ha permitido que las personas vuelvan a valorar el trabajo artesanal y el tiempo que requiere cada pieza.

“Es bueno para los que somos artesanos, porque la gente le va tomando más valor a la artesanía”, sostuvo.

Más allá del aspecto económico, reconoce que uno de los elementos que más disfruta del oficio es el vínculo que ha construido con sus clientes y con la comunidad ovallina.

“No todo para mí es plata. Me gusta conversar con la gente, hacer amistad y prestar un buen servicio”, expresó.

Pese a los cambios en las costumbres y al paso de los años, los talabarteros locales coinciden en que mientras existan personas dispuestas a aprender y clientes que valoren el trabajo manual, la tradición seguirá formando parte de la identidad huasa y rural del Limarí.