En junio se levantará la estructura
Familia de joven atropellado hace 7 años valora construcción de pasarela
Hay fechas que quedan marcadas a fuego en la memoria de una familia, transformando la realidad de un segundo a otro. Para Alejandro Rojas Cárcamo y su esposa, Rita Méndez, el mes de agosto no es una página más en el calendario.
En tres meses se cumplirán exactamente siete años desde aquel fatídico día en que su hijo, Benjamín, quien hoy ya cuenta con 20 años y se encamina a los 21 en febrero próximo, fue violentamente atropellado por un camión en la Ruta 5 Norte, justo frente al Colegio Adventista de La Serena, donde hoy se anuncia la construcción definitiva de una pasarela.
Aquel accidente ocurrido el 26 de agosto de 2019 paralizó a la comunidad y sumió a los Rojas Méndez en una de las pruebas más dolorosas que un núcleo familiar puede enfrentar. Hoy, acercándose a una década de lo sucedido, Alejandro conversa en exclusiva con diario El Día para repasar un camino marcado por el dolor, la incertidumbre, pero por sobre todo, por una resiliencia inquebrantable que les ha permitido volver a abrazar la vida cotidiana.
UN FUERTE DESGASTE
Al mirar hacia atrás, Alejandro no oculta las cicatrices de un proceso que describe como devastador en sus inicios. “Los primeros años fueron difíciles, muy, muy difíciles”, rememora con tono reflexivo. El impacto de ver a un hijo en estado crítico no solo golpeó el alma de los padres, sino que gatilló una crisis multidimensional. “Hubo un desgaste físico, psicológico y monetario tremendo que tuvimos que enfrentar como familia. Fueron momentos de una presión incalculable”, confiesa.
Durante tres o cuatro años, Alejandro debió alejarse por completo del ámbito laboral para centrar todas sus energías en el cuidado y la pelea por la sobrevivencia y recuperación de su hijo junto a su esposa.
Sin embargo, el panorama actual dibuja una realidad que en los momentos más oscuros pareció inalcanzable. Tras extenuantes jornadas de terapia, el milagro de la rehabilitación física se consolidó. “Al día de hoy, Benjamín ya no es un niño, es un adolescente autovalente, hace sus cosas solo. No necesita ayuda para caminar o movilizarse porque la rehabilitación física fue todo un éxito”, explica su padre.
A pesar de los monumentales avances, el accidente dejó huellas imborrables. Benjamín convive diariamente con secuelas neuropsicológicas derivadas del trauma: padece de afasia -un trastorno que afecta la comunicación y la expresión- y presenta una secuela cognitiva vinculada a la retención de información a corto plazo.
LA GRAN LECCIÓN DE VIDA
Estas limitaciones estructurales modificaron los proyectos tradicionales que se suelen proyectar para un joven de su edad. Benjamín intentó insertarse en la educación superior e ingresó a la carrera de Programador en Computación impulsado por su profundo amor por la tecnología. Sin embargo, el destino exigió otra velocidad.
“Estuvo dos meses y se vio muy complejo cuando empezaron a pasarle materias o asignaturas que son de la especialidad y se sintió con mucha presión. En ese tiempo se estresaba y sintió esa presión, por lo que decidió no seguir yendo. Nosotros lo dejamos así, la idea era que viviera la experiencia, pero entendimos que no puede seguir estudiando ni tampoco ejercer un oficio o trabajar”, detalla Alejandro, añadiendo que actualmente el joven cuenta con una pensión de invalidez del Estado.
Lejos de transformarse en una frustración perenne, este freno cambió radicalmente la filosofía de vida de la familia. “Este acontecimiento nos dejó una enseñanza: el valor del tiempo. Antes del accidente, en mi caso, yo era el que abastecía el hogar y mi vida era solo trabajo y sacrificio. Esto dio un giro de 360 grados. Ahora no le exigimos tanto a Benjamín. Dejamos que se desarrolle, que busque lo que le interese y, si no lo quiere hacer, no lo presionamos. Disfrutamos el día a día como Dios quiera que sea. Nuestro tiempo juntos es hoy lo más valioso”.
Actualmente, Benjamín mantiene una agenda activa gracias a su constancia y al apoyo de instituciones clave. Sigue asistiendo regularmente a sus terapias y actividades en la Teletón, entidad que Alejandro califica como “lo más importante” en este proceso e incluso asiste al gimnasio. Su mundo social se mantiene vivo a través de comunidades virtuales y del contacto estrecho con sus amigos de la época escolar. “Mantiene el contacto con su grupo de siempre. Se juntan en las casas de ellos cuando los dos que estudian fuera de la región vuelven de vacaciones, y el resto del tiempo hablan por WhatsApp”, comenta su padre.
EMPRENDIMIENTO Y REINSERCIÓN LABORAL
La reconstrucción familiar también ha alcanzado de manera muy positiva a los padres. Rita Méndez, la madre de Benjamín, fue quien sobrellevó la carga más pesada durante los años más álgidos debido a su rol en el hogar. No obstante, hoy vive un presente brillante como emprendedora de costuras y diseño de indumentaria y bolsos a escala local, tras adjudicarse proyectos gubernamentales de fomento. “Pudo comprar una máquina industrial, la invitan a talleres y exposiciones. Está fascinada, muy tranquila y contenta”, relata su esposo.
Por su parte, Alejandro logró romper la inercia del desempleo prolongado y se reinsertó con éxito en su área de especialidad. Hoy se desempeña en el área administrativa como jefe de Recursos Humanos en una empresa de servicios de guardia y seguridad. “Tengo que agradecer mucho a la empresa que me dio la oportunidad de volver tras estar años fuera del mercado laboral”, destaca.
LA ESPERADA PASARELA
El caso de Benjamín fue uno de los detonantes históricos que visibilizó el peligro peatonal en la Ruta 5 Norte frente al Colegio Adventista. Al ser consultado sobre el reciente anuncio gubernamental que proyecta la construcción definitiva de una pasarela peatonal con estándares de accesibilidad universal en un plazo de dos años (reemplazando la estructura mecano provisoria), Alejandro confiesa que la noticia lo toma por sorpresa, pero con profunda satisfacción.
“No tenía la confirmación, pero creo que va a ser de gran ayuda para todos los que transitamos hacia nuestros trabajos. Es un anhelo esperado por años. Desde que llegué a la región he escuchado la problemática de ese colegio”, afirma, aprovechando la instancia para reconocer la gestión de las autoridades de la época que instalaron la pasarela mecano actual.
Finalmente, Alejandro Rojas Cárcamo cierra el diálogo con El Día con un mensaje de profunda gratitud y una advertencia que apela a la conciencia colectiva: “Solo me queda agradecer a todas las personas e instituciones que nos tendieron la mano y con quienes creamos lazos de amistad que duran hasta hoy. Sobre la nueva pasarela, espero que se concrete rápido y que entendamos que los avances traen incomodidades temporales, pero son para un bien mayor. Ojalá esto no le vuelva a ocurrir a nadie. Con una pasarela no se elimina completamente el riesgo, porque el peligro de cruzar siempre está, pero sin duda salvará vidas”, concluye con la templanza de quien aprendió a valorar el milagro del presente.