Cuando la víctima termina siendo la culpable

El silencioso impacto del abuso reactivo laboral

Una dinámica de hostigamiento sostenido puede llevar a trabajadores a reaccionar emocionalmente al límite. Expertos advierten que estas respuestas suelen ser utilizadas para desacreditar a la persona afectada, ocultando el verdadero problema. Con la entrada en vigencia de la Ley Karin, comprender este fenómeno se vuelve clave para prevenir y abordar el maltrato en los espacios laborales.
Para quienes creen estar viviendo una situación de hostigamiento, la recomendación principal es documentar todo. Registrar fechas, conversaciones, correos electrónicos, conductas específicas y posibles testigos puede transformarse en evidencia fundamental
Para quienes creen estar viviendo una situación de hostigamiento, la recomendación principal es documentar todo. Registrar fechas, conversaciones, correos electrónicos, conductas específicas y posibles testigos puede transformarse en evidencia fundamental
domingo 07 de junio de 2026

Llorar en una reunión, levantar la voz, cometer errores por agotamiento o simplemente colapsar emocionalmente. A simple vista, estas conductas podrían interpretarse como una falta de profesionalismo o incapacidad para manejar la presión laboral. Sin embargo, detrás de muchas de estas reacciones existe una realidad mucho más compleja y dolorosa llamada “abuso reactivo laboral”.

Se trata de un fenómeno poco conocido, pero cada vez más estudiado en el ámbito de la psicología organizacional. Ocurre cuando una persona ha sido sometida durante meses o incluso años a situaciones de hostigamiento, menosprecio, exclusión o provocaciones constantes, hasta que finalmente reacciona emocionalmente. Paradójicamente, es esa reacción la que termina siendo observada y juzgada por el entorno, mientras las conductas que la provocaron permanecen invisibles. En muchas ocasiones es tal el acoso que terminan con la renuncia de la victima de este acoso.

La historia de Andrea (nombre ficticio) refleja cómo esta dinámica puede desarrollarse silenciosamente dentro de una organización. Tras años desempeñándose con compromiso y vocación en una institución educacional de La Serena, una serie de conflictos laborales, situaciones que percibió como injustas y la sensación de no ser escuchada comenzaron a afectar profundamente su bienestar.

"Me sentí humillada, totalmente vulnerada en mis derechos. Siempre daban a entender que el problema era uno", recuerda.

Según relata, tras un conflicto relacionado con un estudiante, intentó expresar a su jefatura el impacto emocional que la situación había tenido para ella. Sin embargo, sintió que sus inquietudes no fueron acogidas y que, con el tiempo, comenzaron a acumularse episodios que deterioraron progresivamente su estado anímico.

La situación alcanzó un punto crítico cuando fue citada a una reunión con directivos de la institución, donde se le expusieron una serie de observaciones y acusaciones que, según afirma, no reconocía como propias.

"Sentí que mucha gente estaba confabulada en mi contra y no tenía cómo defenderme. Quedé en shock. Lloré durante días y terminé renunciando porque emocionalmente ya no podía más", relata.

Meses después de haber dejado su trabajo, reconoce que las consecuencias aún permanecen. "Pensé que tenía superado muchas cosas de eso, pero veo que todavía me afectan. No he podido volver a integrarme a un trabajo formal. Hay miedo, estrés y muchas preguntas que aún no logro responder", señala.

¿QUÉ ES EL ABUSO REACTIVO?

Para la psicóloga laboral Silvana Oros, académica de la Universidad Central y vicepresidenta de la Sociedad Chilena de Psicología del Trabajo y las Organizaciones, este fenómeno está estrechamente relacionado con el denominado mobbing o acoso laboral.

"Es un concepto que se asocia al hostigamiento sistemático en el trabajo, que no solo daña directamente a la persona víctima, sino que la lleva a reaccionar de formas que pueden parecer inadecuadas o fuera de límites desde una mirada externa", explica.

La especialista sostiene que el abuso reactivo ocurre cuando una persona sometida a dinámicas persistentes de maltrato, provocación, exclusión o sobrecarga injusta finalmente responde emocionalmente. “Lo complejo es que esa reacción luego es utilizada por el hostigador o incluso por la organización para invertir los roles. Quien reacciona termina siendo señalado como conflictivo o problemático, mientras se oculta la causa real del problema", indica.

Este mecanismo, agrega, forma parte de lo que algunos autores denominan "perversión narcisista", donde el agresor provoca de manera constante hasta obtener una respuesta emocional que le permita presentarse como víctima frente a terceros.

CUANDO LA PRESIÓN LABORAL NO ES EL PROBLEMA

Uno de los aspectos más difíciles de identificar es la diferencia entre una alta exigencia laboral y una situación de hostigamiento.

Oros explica que la presión asociada a proyectos complejos, cumplimiento de metas o períodos de mayor carga laboral suele ser temporal y afecta de manera relativamente equitativa a los integrantes de un equipo. "En esos casos existe una explicación clara respecto a por qué se exige más, se puede conversar sobre las dificultades y la situación termina cuando concluye la tarea o proyecto", señala.

El hostigamiento, en cambio, posee características distintas. "Es sostenido en el tiempo, selectivo y dirigido hacia una persona específica. No tiene necesariamente relación con el desempeño laboral y suele expresarse a través de conductas como el aislamiento, el menosprecio, la rumorología o la exclusión de instancias importantes para el trabajo", explica.

LAS SEÑALES QUE NO DEBEN IGNORARSE

Las consecuencias del abuso reactivo pueden extenderse mucho más allá del ámbito laboral. Entre las principales señales aparecen una sensación permanente de estar haciendo las cosas mal, aumento de la autocrítica, pérdida de confianza profesional, problemas de memoria, dificultades de concentración y diversas manifestaciones físicas.

"Podemos encontrar síntomas gastrointestinales, enfermedades musculoesqueléticas, trastornos del sueño e incluso cuadros compatibles con estrés postraumático", advierte la Silvana Oros.

En los casos más severos, agrega, también pueden aparecer síntomas depresivos, crisis de ansiedad y riesgo suicida. "Las personas comienzan a creer que efectivamente son el problema. Se produce un deterioro de la identidad laboral y personal que puede tardar mucho tiempo en repararse", sostiene.

La especialista enfatiza que el abuso reactivo no ocurre en el vacío. Factores como culturas organizacionales permisivas, ausencia de protocolos claros, liderazgos autoritarios o ambientes donde los compañeros prefieren guardar silencio pueden facilitar la aparición y permanencia de estas conductas.

"Cuando una organización no establece claramente límites frente al maltrato, es más fácil que estas dinámicas se instalen y se perpetúen", afirma.

Por ello, considera que la entrada en vigencia de la Ley Karin representa un avance significativo. La normativa, vigente desde agosto de 2024, obliga a empresas e instituciones públicas a prevenir, investigar y sancionar situaciones de acoso laboral y sexual. "Más que crear conciencia, lo que ha hecho la Ley Karin es entregar herramientas y seguridad para que las personas puedan denunciar. Hoy existen protocolos obligatorios y mecanismos que permiten actuar desde las primeras señales de alerta", señala.

ROMPER EL SILENCIO

Para quienes creen estar viviendo una situación de hostigamiento, la recomendación principal es documentar todo. Registrar fechas, conversaciones, correos electrónicos, conductas específicas y posibles testigos puede transformarse en evidencia fundamental en caso de una denuncia.

También resulta clave buscar apoyo profesional y activar redes de confianza dentro y fuera del trabajo. "Lo más importante es no normalizar el sufrimiento ni esperar a que el daño sea irreversible. Mientras antes se intervenga, mayores son las posibilidades de evitar consecuencias graves para la salud mental", enfatiza Oros.

Porque detrás de una reacción emocional que muchas veces es juzgada o incomprendida, puede existir una historia de desgaste, silencios y hostigamiento que pocas personas alcanzan a ver.

Y como recuerda Andrea al mirar hacia atrás: "Con el tiempo comprendí que una experiencia difícil no define mi valor como persona ni mi trayectoria profesional. Pero el daño existe y sanar también requiere ser escuchado".