Era atendida por las hermanas Contreras
¿La recuerdas? La tradicional confitería serenense donde el tiempo parecía haberse detenido
La Serena conserva en su centro histórico buena parte de la identidad arquitectónica que la distingue de otras ciudades del país. Sus fachadas neocoloniales, antiguas casonas y tradicionales locales comerciales forman parte de una memoria urbana que aún permanece viva entre sus habitantes.
Durante décadas, numerosos negocios marcaron la vida cotidiana de los serenenses y algunos de ellos se transformaron en verdaderos símbolos de una época.
Entre los recuerdos más entrañables de quienes crecieron recorriendo el centro de la ciudad aparece un establecimiento que parecía resistirse al paso del tiempo: la confitería ubicada en calle O'Higgins 459.
El local era administrado por las hermanas Contreras, aunque muchas personas también lo asociaban a la familia Cantuarias debido a sus vínculos familiares, ya que una de ellas estaba casada con una persona de ese apellido. Sin embargo, para sus clientes eran simplemente las queridas hermanas que durante décadas atendieron personalmente un negocio que terminó convirtiéndose en parte del patrimonio afectivo de La Serena.
Aunque el establecimiento no exhibía un nombre en su fachada, era conocido popularmente como “Las Brisas”. En su interior, el mobiliario, las vitrinas, los envases e incluso antiguos afiches publicitarios parecían mantenerse intactos con el paso de los años. Muchos recuerdan que el local conservaba prácticamente la misma apariencia desde hacía décadas, ofreciendo una experiencia cada vez más difícil de encontrar en el comercio moderno.
Pero su principal atractivo estaba en los productos. Las vitrinas exhibían una amplia variedad de dulces tradicionales que conquistaron a varias generaciones de serenenses. Entre ellos destacaban las famosas milhojas, las cocadas de zanahoria y su producto estrella: las catalanas elaboradas con chancaca. También sobresalían las gomitas gigantes, que captaban la atención de los más pequeños.
Otra imagen imborrable para muchos clientes eran los grandes frascos de vidrio repletos de dulces. Los niños elegían sus favoritos y las propietarias los entregaban cuidadosamente en bolsas de papel, una costumbre que con el tiempo desapareció de gran parte del comercio tradicional.
El local también era conocido por su particular horario de funcionamiento. Mientras gran parte de los negocios del centro cerraban al finalizar la tarde, la confitería abría a media tarde y extendía su atención hasta cerca de la medianoche.
La cordialidad de sus propietarias es otro de los recuerdos más repetidos entre quienes frecuentaban el lugar. Antiguos clientes destacan la amabilidad con que eran recibidos y la cercanía que las hermanas mantenían con quienes visitaban regularmente el establecimiento.
A medida que pasaban los años y el comercio serenense se modernizaba, la confitería se mantuvo fiel a sus tradiciones. Incluso cuando sus propietarias ya se encontraban en edad avanzada, continuaron atendiendo personalmente un negocio que para muchos representaba un vínculo con la ciudad de antaño.
Finalmente, alrededor de 2015, la histórica confitería cerró sus puertas, poniendo fin a una trayectoria que acompañó durante décadas la vida cotidiana del centro de La Serena y que aún permanece viva en la memoria de quienes cruzaron sus puertas.