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¿Por qué condenados a muerte en EEUU no pueden pedir alcohol?

En Estados Unidos, los condenados a muerte tienen derecho a una última comida, pero una regla es clara: el alcohol está prohibido en el pabellón.
lunes 29 de junio de 2026

Los condenados a muerte en Estados Unidos tienen la opción, en algunos estados, de elegir su última comida antes de ser ejecutados, una tradición que arrastra costumbres europeas. Aunque pueden solicitar platos muy variados, existe una prohibición clara: el alcohol está completamente vetado en el pabellón de la muerte, sin importar el menú elegido por el recluso.

Esta práctica, que genera tanto interés como debate, se mantiene vigente en ciertas jurisdicciones que conservan la pena capital. A pesar de la diversidad de preferencias, la norma del alcohol es casi universal.

Curiosamente, más allá de algunos pedidos excéntricos, las elecciones de los reclusos suelen ser bastante similares.

Un estudio de la Universidad de Cornell, publicado en la revista científica Appetite, analizó 193 últimas comidas y reveló un patrón claro: la mayoría opta por alimentos altos en grasas, proteínas y calorías. Los investigadores detallaron que el 84% pidió carne, el 68% incluyó frituras, el 66% solicitó postres y un 60% eligió bebidas gaseosas. El análisis también estimó que estas comidas aportaban, en promedio, 2.756 calorías, superando en 2,5 veces la ingesta diaria recomendada de proteínas y grasas.

Entre los alimentos más solicitados por los reclusos del pabellón de la muerte se encuentran:

  • Bistec
  • Pollo frito
  • Hamburguesas con queso y tocino
  • Pizza, con opciones populares como carne o pepperoni
  • Papas fritas y puré de papas
  • Aros de cebolla
  • Helado y otros postres
  • Bebidas gaseosas o saborizadas

¿Cuál es la razón detrás de estas elecciones tan calóricas? Los expertos sugieren que la motivación va más allá de la simple necesidad de alimentarse. Los autores del estudio de Cornell explican que estos alimentos suelen ser lo que en psicología se conoce como "comfort food" o comida reconfortante, platos vinculados a recuerdos de familia, celebraciones o momentos de bienestar. En circunstancias de estrés extremo, como la proximidad de una ejecución, las personas tienden a elegir comidas ricas en grasas, azúcar y sodio por la familiaridad y el posible consuelo emocional que estas pueden ofrecer.

No es coincidencia, entonces, que la palabra “frito” aparezca con frecuencia en las listas analizadas por los investigadores, con opciones como pollo frito, bistec frito y papas fritas entre las más recurrentes.

La prohibición del alcohol es una constante en casi todos los sistemas penitenciarios estadounidenses, a pesar de que cada estado fija sus propias reglas para las ejecuciones. La razón principal es que las bebidas alcohólicas son consideradas contrabando dentro de las cárceles. Esta misma regla aplica a cigarrillos y otros productos de tabaco, si bien se han registrado excepciones históricas, como la de Manuel Fernández, ejecutado en 1833, a quien se le permitió brandy y un cigarrillo.

No todos los estados de Estados Unidos mantienen la tradición de la última comida especial.

El Death Penalty Information Center (DPIC), una organización que monitorea la pena de muerte en el país, señala que mientras algunos estados permiten el pedido de una comida específica, otros eliminaron esta costumbre hace años o simplemente ofrecen a los condenados el menú estándar de la prisión.

Los estados que aún conservan la tradición a menudo establecen límites presupuestarios. En Florida, el gasto máximo es de 40 dólares (aproximadamente 36 mil pesos chilenos), mientras que en Oklahoma se limita a 25 dólares (poco más de 23 mil pesos chilenos).

El caso de Texas, en 2011, es un ejemplo notorio del fin de esta tradición.

El supremacista blanco Lawrence Russell Brewer, condenado por un asesinato por odio racial, solicitó un banquete extravagante: dos filetes de pollo frito, una hamburguesa triple con tocino, una pizza de carne de Pizza Hut, fajitas, asado, helado y bebidas. Sin embargo, cuando la comida fue entregada, Brewer simplemente se negó a comerla, afirmando que no tenía hambre.

Este incidente, documentado por el diario The Guardian, generó una fuerte indignación pública. Como resultado, el estado de Texas decidió eliminar permanentemente la tradición de las comidas especiales. Desde entonces, los condenados en Texas reciben el mismo menú que cualquier otro recluso el día de su ejecución.

Algunos pedidos quedaron en la memoria colectiva por su peculiaridad.

El célebre asesino serial John Wayne Gacy, conocido como el “Payaso Asesino”, pidió un balde de pollo frito original de KFC, 12 camarones fritos, papas fritas y medio kilo de frutillas.

En contraste, Timothy McVeigh, responsable del atentado contra el edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma City en 1995, eligió una opción mucho más sobria: dos litros de helado de menta con chispas de chocolate.

Si bien estos singulares pedidos despiertan curiosidad, la tradición de la última comida especial ha ido disminuyendo con el tiempo. Varios estados la han suprimido por motivos económicos, de seguridad o para evitar controversias como la provocada por Lawrence Russell Brewer. Para algunos, permitir esta elección es un gesto humano simbólico antes de una ejecución; para otros, es un privilegio inmerecido para quienes cometieron crímenes graves. Lo innegable es que, donde la tradición persiste, la elección tiene límites claros: el alcohol siempre queda excluido del menú.