Por daños en el agro
Juliá exige evaluar salida del ministro Campos tras polémicos dichos
La controversia por las declaraciones del ministro de Agricultura, Jaime Campos, continúa escalando en la Región de Coquimbo. Luego de que el secretario de Estado afirmara que el reciente sistema frontal “no dejó daños estructurales en la agricultura chilena” y descartara afectaciones relevantes para los productores, diversas autoridades y representantes del mundo rural reaccionaron con dureza, encabezados por el gobernador regional, Cristóbal Juliá.
Las palabras del ministro surgieron al ser consultado por las consecuencias que dejaron las intensas lluvias registradas en distintas zonas del país. En esa instancia sostuvo que “todos los sectores y todas las regiones han soportado bien este temporal” y que, en el caso específico de los productores pisqueros, la cosecha ya había finalizado hace varios meses.
Sin embargo, en una región que aún enfrenta las secuelas de uno de los sistemas frontales más intensos de los últimos años, las declaraciones fueron recibidas con indignación por agricultores, crianceros y autoridades locales.
Uno de los primeros en reaccionar fue el presidente de la Cooperativa Agrícola Control Pisquero, Mauricio Stay Urqueta, quien calificó los dichos como una “falta de respeto” hacia las familias que dependen de la actividad agrícola.
Pero la respuesta más contundente provino desde el Gobierno Regional, cuyo titular, Cristóbal Juliá, cuestionó duramente al ministro y aseguró que sus afirmaciones desconocen completamente la realidad que vive el sector productivo de la zona.
“La afectación a la agricultura en la Región de Coquimbo ha sido realmente terrible”, sostuvo la autoridad regional, quien enfatizó que no solo los agricultores han sufrido pérdidas, sino también los crianceros, quienes han debido enfrentar la muerte de animales producto de las condiciones climáticas y de las dificultades para acceder a sectores rurales aislados.
“Los crianceros vieron con espanto cómo sus animales se morían, pero también los hortaliceros, los productores de fruta y quienes mantienen distintos cultivos se han visto fuertemente afectados”, afirmó.
En esa línea, calificó las declaraciones del ministro como “totalmente destempladas” y propias de un “desconocimiento supino” de la situación regional.
La crítica del gobernador fue más allá y apuntó directamente a la gestión del Ministerio de Agricultura durante los años de sequía que afectaron a la zona.
“En la Región de Coquimbo veníamos de una megasequía de más de 20 años, pasándola muy mal, donde Agricultura hasta este momento no ha hecho absolutamente nada y ahora sale con estas declaraciones que no corresponden”, señaló.
Incluso, emplazó al Presidente de la República a evaluar la continuidad del secretario de Estado.
“Yo espero que el Presidente evalúe realmente su salida”, manifestó.
Molestia de alcalde
Las críticas también fueron compartidas por el alcalde de Monte Patria, Cristian Herrera Peña, quien sostuvo que las palabras del ministro reflejan una profunda desconexión con la realidad que enfrentan miles de familias rurales.
“Lamentamos profundamente las declaraciones del ministro. Quizás se dejó llevar por la recuperación de los embalses, pero para que esa agua llegara hubo un costo enorme: dolor, sufrimiento, pérdida de vidas, destrucción de infraestructura pública y privada y una angustia inmensa para cientos de miles de personas de nuestra región”, afirmó Herrera.
Según explicó, el aumento en los niveles de los embalses no significa que la actividad agrícola haya recuperado su normalidad, ya que gran parte de la infraestructura productiva resultó dañada.
“Cuando una autoridad habla de normalidad, lo que se entiende es que no vendrán ayudas ni apoyo para el mundo agropecuario, y eso sería un grave error”, sostuvo.
El jefe comunal detalló que numerosos canales de regadío permanecen destruidos o cubiertos por derrumbes, mientras que sistemas de riego intrapredial fueron arrastrados por las crecidas. A ello se suman plantaciones dañadas, infraestructura agrícola destruida y dificultades para alimentar ganado debido al corte de caminos.
Por lo mismo, llamó al gobierno a implementar un plan extraordinario de apoyo para la reconstrucción del sector productivo rural.
Mundo rural indignado
Desde el mundo campesino también surgieron cuestionamientos. Consuelo Infante, integrante de la Mesa Campesina de la comuna de Monte Patria, acusó que las comunidades rurales siguen siendo ignoradas en la toma de decisiones.
“Cuando llegan estas lluvias nos damos cuenta de que las obras que venimos impulsando son las correctas, pero se nos ignora. El mayor daño de todo esto es el ninguneo de las autoridades”, señaló.
Una visión similar expresó Julio Araya Huerta, productor agrícola y dirigente campesino de la misma comuna, quien reconoció que las precipitaciones permitirán enfrentar de mejor manera la escasez hídrica, pero advirtió que los daños materiales son enormes.
“La agricultura se salva gracias al temporal, pero los daños son catastróficos. Hay pozos aterrados, canales destruidos, cañerías y sistemas de riego completamente afectados. Hay que hacer recambio de prácticamente todo”, indicó.
A juicio del dirigente, las declaraciones ministeriales evidencian una falta de conocimiento de lo ocurrido en terreno. “Cuando el ministro dice que la agricultura en la región no tuvo afectaciones está equivocado. Tiene que venir a terreno, porque las cosas no se ven desde un escritorio”, afirmó.
Palabras que duelen
En medio de la polémica, sin embargo, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, intentó matizar los dichos del secretario de Estado.
Walker señaló que el ministro probablemente buscaba transmitir que el abastecimiento de alimentos para el país está asegurado y que no se proyectan alzas significativas de precios producto del temporal.
No obstante, reconoció que sus declaraciones generaron molestia entre quienes sufrieron pérdidas directas.
“Esas palabras duelen a quienes perdieron sus predios”, señaló Walker, agregando que el norte del país enfrentó un fenómeno climático extraordinario, con precipitaciones que no se observaban desde hace décadas y que provocaron graves daños en infraestructura hídrica, viviendas y explotaciones agrícolas en las regiones de Atacama y Coquimbo.