En la región

Embalses y desaladoras: llaman a combinar ambas obras para asegurar agua

Las fuertes precipitaciones permitieron recuperar los niveles de agua embalsada y entregar mayor seguridad hídrica para las próximas temporadas, pero también evidenciaron la vulnerabilidad del sistema de abastecimiento. Especialistas plantean que ambas infraestructuras cumplen funciones distintas y deben desarrollarse de manera complementaria.
Especialistas coinciden en que las desaladoras y los embalses deben ser obras complementarias para asegurar el recurso hídrico. (Foto: El Día)
Especialistas coinciden en que las desaladoras y los embalses deben ser obras complementarias para asegurar el recurso hídrico. (Foto: El Día)
martes 04 de agosto de 2026

Las intensas precipitaciones registradas durante el reciente sistema frontal marcaron un antes y un después para la Región de Coquimbo. Si bien el evento dejó una estela de destrucción, miles de damnificados y cortes de agua potable que en algunos sectores se extendieron por casi dos semanas debido a la alta turbiedad de los ríos, también permitió recuperar de manera significativa las reservas hídricas de la zona, asegurando disponibilidad de agua para al menos las próximas dos temporadas.

Este nuevo escenario ha reabierto un debate que se arrastra desde hace años: ¿la región debe seguir priorizando la construcción de embalses o acelerar el desarrollo de plantas desaladoras para enfrentar los efectos del cambio climático y garantizar el abastecimiento futuro?

Para los especialistas, la respuesta no pasa por elegir una alternativa sobre la otra, sino por entender que ambas cumplen funciones diferentes dentro de una estrategia integral de seguridad hídrica.

El académico de la Universidad de La Serena y director del Laboratorio PROMMRA y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, Pablo Álvarez, sostiene que es necesario diferenciar claramente los objetivos de cada infraestructura.

"La desaladora y los embalses persiguen propósitos diferentes. En mi opinión, hay que comprender que las desaladoras tienen el objetivo de dar seguridad hídrica para el consumo humano", explica.

En ese sentido, recuerda que incluso antes del reciente temporal, el sistema de embalses del río Elqui se encontraba en una situación muy ajustada para abastecer a la conurbación La Serena-Coquimbo.

"Antes de este evento, entre el embalse La Laguna y el embalse Puclaro había una cantidad de agua muy cercana a la demanda hídrica de la conurbación La Serena-Coquimbo para una temporada", señala.

Por ello, considera que las lluvias recientes entregan un escenario más favorable principalmente para las actividades productivas. "Este evento va a generar seguridad hídrica, pero principalmente pensando en la agricultura", afirma.

A juicio del experto, el desafío futuro es separar las fuentes destinadas al consumo humano de aquellas orientadas a otros usos.

"Lo que hay que hacer es separar las fuentes de abastecimiento que den seguridad al consumo humano de aquellas que den seguridad a otros usos, como la agricultura o la industria. Mezclarlas solo genera controversia y una competencia que no conduce al desarrollo equilibrado de los territorios", enfatiza.

Infraestructura complementaria

Una visión similar plantea Rafael Palacios, vicepresidente ejecutivo de la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES), quien sostiene que el debate entre embalses y desaladoras no debe entenderse como una competencia.

Según explica, ambas obras forman parte de un mismo sistema de infraestructura hídrica y su implementación dependerá de variables como las condiciones climáticas, la geografía, la cercanía al mar, la demanda de agua, la disponibilidad energética, los costos y los tiempos de construcción.

En esa línea, señala que ambas tecnologías pueden operar de manera integrada. Mientras los embalses permiten almacenar grandes volúmenes de agua para distintos usos, las plantas desaladoras pueden transformarse en una fuente de respaldo durante períodos de sequía o frente a eventos extremos que afecten las fuentes tradicionales de abastecimiento.

Como ejemplo, menciona el modelo implementado en South East Queensland, Australia, donde una red hídrica conecta embalses, plantas de tratamiento, desaladoras y sistemas de reutilización de aguas mediante una extensa red de tuberías. Allí, las plantas desaladoras no funcionan permanentemente a máxima capacidad, sino que aumentan o disminuyen su producción de acuerdo con los niveles de almacenamiento de los embalses, permitiendo optimizar costos y garantizar el suministro de agua.

En la Región de Coquimbo, el debate adquiere especial relevancia considerando que actualmente avanza la construcción de la planta desaladora para la conurbación La Serena-Coquimbo, proyecto que busca reforzar el abastecimiento de agua potable para la población, mientras las recientes lluvias devolvieron capacidad a los embalses destinados principalmente al riego agrícola.