Tras los últimos eventos meteorológicos

La Región de Coquimbo ante un nuevo escenario climático

Especialistas plantean que el futuro no necesariamente traerá más lluvias, sino eventos menos frecuentes y potencialmente más intensos. La actualización de los planes reguladores aparece como una de las principales tareas.
Para el director regional de SENAPRED, Ángelo Hernández, los eventos recientes son una oportunidad para actualizar estudios de riesgo e instrumentos de planificación. (Foto: El Día)
Para el director regional de SENAPRED, Ángelo Hernández, los eventos recientes son una oportunidad para actualizar estudios de riesgo e instrumentos de planificación. (Foto: El Día)
viernes 14 de agosto de 2026

Las intensas lluvias y aluviones que afectaron recientemente a la Región de Coquimbo volvieron a poner en evidencia una realidad que expertos vienen advirtiendo desde hace años: los eventos meteorológicos extremos están modificando las condiciones bajo las cuales se planificó históricamente el territorio.

Más allá de la respuesta de emergencia desplegada por las autoridades, la discusión comienza a trasladarse hacia un aspecto de fondo: cómo preparar a las ciudades y comunidades para enfrentar un escenario climático cada vez más complejo.

La activación de los protocolos de emergencia permitió reducir riesgos para la población durante los episodios de precipitaciones, pero las consecuencias observadas en quebradas, caminos rurales y sectores habitados demostraron que persisten importantes niveles de vulnerabilidad. Asentamientos emplazados en zonas expuestas, infraestructura crítica afectada y comunidades aisladas volvieron a instalar el debate sobre la necesidad de fortalecer la denominada Reducción del Riesgo de Desastres (RRD).

El fenómeno, por cierto, no es ajeno a los efectos del cambio climático. Sin embargo, los especialistas advierten que el panorama para la zona centro-norte de Chile no necesariamente implica más lluvias, sino precipitaciones menos frecuentes, aunque potencialmente mucho más intensas.

La visión de los expertos

En ese contexto, Cristian Delpiano, especialista en biología y ecología aplicada del Laboratorio del Desierto de la Universidad de La Serena, explica que "las precipitaciones van a disminuir de manera general y las temperaturas van a aumentar, por lo tanto la aridez se va a incrementar. Lo que uno debería esperar con un incremento de la aridez es que existan ciertas transiciones abruptas: un decaimiento importante en la cobertura vegetal y una serie de transformaciones en la relación suelo-planta-atmósfera”.

A juicio del investigador, uno de los principales desafíos será desarrollar una estrategia regional orientada a la recuperación de tierras degradadas y al fortalecimiento de la cobertura vegetal.

“Lo que más importa ahora es generar un plan a escala regional de recuperación de tierras degradadas, aprovechar estos eventos de lluvia como una especie de recarga de agua de los sistemas y prepararse mejor para este futuro más árido. La vegetación es nuestro principal aliado contra el cambio climático”, agregó.

Una visión similar, aunque con matices, plantea Cristián Martínez-Villalobos, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez e investigador titular de Data Observatory.

Según explicó el académico, a nivel global existe consenso respecto a que una atmósfera más cálida tiene capacidad para contener una mayor cantidad de vapor de agua, lo que puede favorecer precipitaciones extremas. Sin embargo, en regiones semiáridas como Coquimbo la situación es más compleja.

“Podemos perfectamente tener un clima más seco en promedio y, al mismo tiempo, mantener o incluso aumentar el riesgo de lluvias muy intensas cuando se dan las condiciones adecuadas”, indicó.

El académico señaló que investigaciones realizadas mediante simulaciones climáticas de alta resolución para Chile muestran una señal especialmente relevante para la región.

“Si miramos la lluvia acumulada en 24 horas, los cambios podrían ser relativamente modestos. Pero dentro de esas mismas 24 horas, una mayor parte de la lluvia podría concentrarse en unas pocas horas, con intensidades mucho mayores”, afirmó.

De acuerdo con Martínez-Villalobos, este comportamiento aumenta considerablemente el potencial de daño, especialmente en territorios semiáridos donde los sistemas naturales y urbanos tienen menor capacidad para absorber grandes volúmenes de agua en poco tiempo.

“La lluvia podría venir cada vez más concentrada e intensa. Y eso tiene implicancias directas en aluviones, inundaciones y afectación de infraestructura”, advirtió.

Por su parte, Ángelo Hernández, director regional de SENAPRED, coincide con que las proyecciones muestran condiciones más secas y temperaturas más altas, pero con eventos de precipitación intensa y concentrada que generen crecidas, aluviones y daños en viviendas e infraestructura.

“Para SENAPRED, el riesgo depende de cómo esos eventos impactan territorios expuestos, muchos urbanizados sobre antiguas quebradas o cauces naturales”, señala Hernández.

Planificación territorial bajo revisión

A partir de estos antecedentes, especialistas coinciden en que la planificación urbana deberá adaptarse a una realidad climática cambiante.

Carla Latorre, directora de Geología de la Universidad Central, recordó que los Planes Reguladores Comunales deben justificar técnicamente la zonificación del suelo mediante estudios territoriales, ambientales y de riesgos naturales.

La académica destacó además la entrada en vigencia de la Ley 21.807, promulgada este año, que establece la actualización periódica de estos instrumentos de planificación.

“Considero que los planes deberían revisarse después de eventos climáticos significativos. El principal problema es que el territorio no es estático; va cambiando con el tiempo y zonas que antes eran aptas para urbanización pueden modificar su nivel de riesgo”, explicó.

En ese contexto, señaló que quebradas que permanecen secas durante años no dejan de constituir potenciales zonas inundables cuando se producen precipitaciones excepcionales.

“Resulta mucho más eficiente incorporar el riesgo en la planificación territorial antes de construir que intentar corregir posteriormente un problema generado por haber urbanizado una zona expuesta”, enfatizó.

Una opinión similar manifestó Ángela Prado, investigadora del Centro de Estudios Territoriales de la Universidad de los Andes, quien sostuvo que existe una necesidad urgente de actualizar los estudios de riesgo incorporados en numerosos instrumentos de planificación.

“Muchos planes reguladores fueron elaborados con información hidrológica y territorial antigua, por lo que pueden no reflejar adecuadamente las actuales zonas expuestas a inundaciones, desbordes o anegamientos”, indicó.

La especialista subrayó que la planificación debe avanzar hacia una lógica preventiva, evitando nuevas urbanizaciones en sectores donde el riesgo no pueda mitigarse y estableciendo medidas de protección donde sí sea posible reducir las amenazas.

En ese sentido, para el director regional de SENAPRED, Ángelo Hernández , los eventos recientes son una oportunidad para actualizar estudios de riesgo e instrumentos de planificación, contrastando lo modelado con quebradas activadas, sectores inundados y daños reales.

“Desde mi óptica, esto no implica necesariamente establecer una prohibición general de construcción en toda zona susceptible de inundación, sino aplicar un principio fundamental de la reducción del riesgo: evitar generar nuevos riesgos. En aquellos sectores donde exista un riesgo alto y no mitigable, debiera evitarse incrementar la exposición de personas y bienes; y donde el riesgo sea mitigable, el desarrollo debería estar condicionado a estudios técnicos y a la ejecución previa de medidas efectivas de reducción del riesgo”, señaló Hernández.