EL RECUERDO DE DOS PROFESIONALES DE LA HIGUERA
La huella de Catalina y Rodrigo: dos vidas marcadas por el servicio, la familia y la alegría
Este miércoles, un accidente de tránsito en la cuesta Buenos Aires, en la ruta 5 Norte, dejó como fatal saldo la muerte de dos profesionales de la municipalidad de La Higuera: Catalina Contreras (29) y Rodrigo Gartmendia (38), dos personas queridas no solo en su núcleo familiar, sino también, en el laboral y, en general, en donde desempeñaron sus funciones.
En el caso de Catalina, abogada de profesión, prestaba servicios profesionales en el Departamento Jurídico del municipio de La Higuera.
Uno de sus primos, Felipe Araya, desentraña en conversación con El Día, el perfil humano de la profesional. Más allá de su reconocida labor en el servicio público y su carácter resuelto, emerge la figura de una mujer profundamente unida a sus raíces, apasionada por la música y con una inquebrantable vocación de justicia.
Felipe la recuerda no solo como una profesional destacada, sino como su "primita del alma" y un pilar fundamental en la vida de una extensa familia.
La infancia de Catalina transcurrió, precisamente, rodeada de numerosos primos. "Tuvimos una infancia hermosa en una familia muy querendona, un verdadero 'familión'. Ella y yo éramos el puente de unión entre primos y tíos, teníamos muy desarrollado el sentido del legado familiar", recuerda Felipe.
Las reuniones en la casa de los abuelos maternos y paternos - donde convergían las actividades de la familia - marcaron esa etapa formativa.
Cursó sus estudios en el Colegio Seminario Conciliar y la carrera de Derecho, uno de sus mayores anhelos, la hizo en la Universidad Central. No obstante, tras su rigurosa formación jurídica existía una faceta artística que pocos conocían a fondo: su pasión por el canto.
"A ella le gustaba mucho cantar y la poesía; tenía un sentido social y de justicia muy marcado. De niños jugábamos a que yo sería rapero y ella cantante. Lo hermoso es que hace solo un par de meses había comenzado a tomar clases de canto. Le festejé mucho ese paso, porque era algo muy suyo, un anhelo íntimo que estaba haciendo realidad", recuerda su primo
En el ámbito laboral - donde se desempeñó en el servicio público, incluyendo su paso por el municipio de Vicuña y posteriormente en otras reparticiones locales - Catalina destacó por un carácter firme, una oratoria clara y una defensa irrestricta de sus convicciones.
Pero sus cercanos dicen que existían “dos Catas”: la abogada, la autoridad, con una voz poderosa, directa, empoderada y con un sentido de la justicia infranqueable. Pero también tenía un lado sensible y espiritual. Era un alma pura y sensible que, por las exigencias de la vida y el servicio público, debió a veces endurecerse por fuera, pero en su esencia siempre tuvo un corazón extraordinario.
En el plano personal, Catalina mantenía una relación de más de siete años con Christopher, psicólogo de profesión, con quien conformaba una pareja consolidada y con proyecciones de vida en común.
Actualmente, Catalina está siendo velada en las dependencias de la funeraria Eternidad, donde familiares, amigos y colegas del ámbito municipal han concurrido a brindar el último adiós.
Sus funerales se llevarán a cabo este viernes en Los Andes, donde su círculo más íntimo despedirá a quien recuerdan, por sobre todo, como una defensora de la justicia y un faro de unión familiar.
Alegría que se va a extrañar
Por su parte, Rodrigo Garmendia Galleguillos (38) era considerado como una persona alegre, optimista dinámica y amable. Soltero y sin hijos, repartió amor entre toda su familia, especialmente con sus dos sobrinos.
Sus cercanos y familiares lo reconocen como un hombre que tenía la capacidad de hacer reír a los demás, transmitir alegría y de iluminar con su forma de ser, incluso los días más difíciles. De pequeño fue inquieto y un buen hijo que fue desarrollando con el paso del tiempo sus talentos, poniendo alma y corazón en su profesión de kinesiólogo, sirviendo con entrega en la comuna de La Higuera, como lo hizo en todos los desafíos que emprendió en su vida.
Sus características suman también el ser una persona esforzada y talentosa, con dedicación en lo que hacía.
Hijo de Fancy Galleguillos y Rafael Garmendia, reconocidos profesores, estuvo siempre muy ligado a sus padres a los que amaba.
Sus cercanos destacan su lealtad en la amistad, generoso y noble, perseverante y amante del deporte, donde mostró perseverancia, encontró nuevos desafíos y disciplina.
Practicó la pesca en Club de Pesca Scualos, en tanto que practicó fútbol en el equipo Jardines Familiares y practicó jiu-jitsu, que le exigió esfuerzo, dedicación y constancia.
Rodrigo era una persona con grandes sueños y siempre pensando nuevos proyectos y sumando amistades, por lo que su abrupta partida ha dejado a muchos con una profunda tristeza en el alma, pero sin olvidar la alegría que sembró durante su vida.