SALUD PÚBLICA
Marihuana: consumo baja en Chile, pero la percepción de riesgo sube
El consumo de marihuana en Chile ha generado un intenso debate entre quienes la ven como una práctica recreativa o medicinal, y especialistas que alertan sobre sus riesgos. Para muchos, es parte de su vida, pero para expertos, es una sustancia que puede causar dependencia, alterar el día a día y aumentar problemas de salud mental, especialmente en ciertos grupos.
La complejidad de este tema radica en diferenciar el consumo recreacional de un trastorno problemático por consumo de cannabis, todo esto mientras aumenta la percepción de riesgo y crece la conversación sobre su uso medicinal.
Según datos del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) de 2025, el 10,1% de la población chilena declaró haber usado marihuana el último mes. Esta cifra, aunque similar al 10,9% de 2022, muestra una disminución cercana al 30% desde el peak de 14,5% en 2016.
En el grupo de adolescentes de 12 a 18 años, el consumo bajó del 6,7% a un 2,4%, siendo el nivel más bajo registrado desde el inicio del estudio. Pese a esta baja en el consumo, la percepción de riesgo se elevó al 44%, su punto más alto en una década.
La salud mental, en particular en quienes inician el consumo a temprana edad, es un foco de preocupación. Un estudio de Revista Andes analizó 198 hospitalizaciones por trastornos psicóticos asociados al consumo de cannabis entre 2020 y 2023. La tasa más alta se observó en adolescentes de 15 a 19 años, con cerca de 1 hospitalización por cada 135.000 personas de este grupo etario. Este trabajo sugiere una asociación entre el uso de cannabinoides y el desarrollo de trastornos psicóticos, especialmente en jóvenes que empiezan a consumir precozmente.
Además, un proyecto de investigación conjunto de la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de los Andes y la Universidad Alberto Hurtado busca determinar si el consumo de cannabis durante la adolescencia podría incrementar la probabilidad de desarrollar compulsividad en la adultez. Esto se debe a que el cerebro adolescente está en una etapa de cambios dinámicos, haciéndolo vulnerable a las alteraciones causadas por la exposición a drogas.
“Lo preocupante aparece cuando comienza a consumir más de lo que había previsto, intenta reducir el uso y no lo consigue, experimenta deseos intensos de consumir o siente que necesita marihuana para relajarse, dormir o sentirse bien”,
explicó a BioBioChile el psiquiatra Sergio Cabrera Melita, médico de Clínica Andes Salud y docente de la Universidad de Concepción. Él destaca que la pérdida progresiva de control es la principal señal de una posible adicción. Un consumo habitual no es suficiente para diagnosticar dependencia.
Otros indicadores son la tolerancia (necesitar más cantidad para los mismos efectos) y la abstinencia (síntomas al reducir o suspender el consumo). Cabrera subraya que el diagnóstico de un trastorno por consumo de cannabis no se basa solo en la frecuencia, sino en cumplir al menos dos criterios específicos durante un período de 12 meses.
La clave es el deterioro de la vida cotidiana. Si el consumo afecta estudios, trabajo o relaciones, es una señal de alerta.