COLUMNA DE OPINIÓN:
¿CUÁNTOS MUERTOS VALE UN SEMÁFORO?
Frente a las pérdidas evitables en nuestras rutas y la lentitud en obras clave como El Olivar y la D-41, un llamado urgente a planificar y prevenir en lugar de esperar una cuota de muertes para mejorar la infraestructura vial.
Hace pocos días nuestra región vivió una nueva tragedia carretera: dos funcionarios de la Municipalidad de La Higuera perecieron cuando el automóvil en que viajaban junto a otros dos colegas colisionó de frente contra un bus que circulaba en sentido inverso. El hecho se produjo en el sector cuesta Buenos Aires la ruta 5 Norte, justo en el tramo de dicha arteria que resultó más destruido por el temporal de julio pasado.
Es inevitable solidarizar con las familias y los compañeros de trabajo de estas nuevas víctimas; también lo es reflexionar sobre las causas de una desdicha como esta.
Lamentablemente, con cierta frecuencia nos vemos obligados a padecer la pena y la rabia por pérdidas de vidas en accidentes de tránsito, la mayoría de ellas perfectamente evitables. Hoy esa preocupación de siempre se ha vuelto más compleja y urgente debido a las afectaciones que las torrenciales lluvias del presente año han ocasionado a nuestra red vial, agravando los problemas de arrastre que ya la afectaban. Así a la habitual necesidad de mantener en buen estado las calzadas y la red de señales de tránsito y mejorar nuestra insuficiente red carretera, ahora se suma la urgencia de reparar la conectividad perdida. Por lo tanto, estamos obligados a pensar en lo urgente en simultáneo a lo importante.
Siguiendo esta lógica, cuando pensamos en la mencionada ruta 5 Norte nos preocupa la señalización y reparaciones de emergencia para afrontar los daños dejados por las lluvias; pero eso no nos hace olvidar problemas de larga data, como aquel monumento a la inamovilidad burocrática que es el nudo carretero en el área de El Olivar, en la salida norte de La Serena, que lleva ya 11 años sin avance alguno y constituye, a la vez, una incomodidad y un riesgo para todo aquel que circule por el lugar. Del mismo modo, estamos conscientes de las masivas averías sufridas por las rutas que vinculan a la capital regional con el interior del valle de Elqui –incluso con la caída de un puente–, mas no por eso olvidaremos los años que han pasado sin que se resuelva la necesidad más que evidente de una doble vía en la ruta D-41.
Se dice que en Chile se precisa de una cuota mínima de muertes para que se instale un semáforo, un paso de cebra o un resalto, y consecuentemente, de una cuota mucho más alta si el objetivo es una infraestructura mayor. Preferiríamos pensar que, en realidad, no es así; que somos capaces de planificar y de actuar proactivamente para prevenir, antes que lamentar.
Cuando se acerca rápidamente un nuevo periodo de Fiestas Patrias, con su habitual afluencia masiva de visitantes y abundancia de viajes a lo largo y ancho de nuestra región, reforzamos nuestro llamado a las entidades competentes a recordar el sentido profundo de sus respectivas funciones, que no es otro que servir y proteger a las personas.
Por: Ricardo Guerrero
Gerente de la Corporación Industrial para el Desarrollo Regional de Coquimbo.
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