UN OFICIO EN EXTINCIÓN
El último lustre de la bohemia serenense: La historia de José Norberto Juárez
En medio del ajetreo cotidiano de La Serena y el constante ir y venir de turistas, hay una figura entrañable que parece resistir el paso del tiempo. Se trata de José Norberto Juárez Rivera, de 52 años, oriundo de Vallenar, quien ostenta con orgullo y humildad un título casi extinto, es el último lustrabotas ambulante que recorre los bares, fuentes de soda y locales de la ciudad.
Hombre de pocas palabras pero de trato amable, "El Beto" -como lo conocen sus cercanos- adoptó este oficio como un salvavidas. Para él, sacarle brillo al calzado es el refugio al que siempre regresa en momentos de escasez y desempleo. Su historia con el cajón y los betunes comenzó a los 10 años en el recordado “barrio chino” de Vallenar, donde un amigo de la infancia le heredó su primer lustrín para dedicarse a cuidar autos. Desde entonces, el aroma al tinte de cuero y el roce de la franela lo han acompañado a donde vaya.
Tras la muerte de su madre en 2003 y atraído por la presencia de su única hija, llegó a La Serena para rehacer su vida. Intercaló durante años labores operativas en municipios -estuvo siete años en Vallenar y recientemente en la delegación serenense de La Antena hasta el pasado 14 de agosto-, pero tras quedar cesante, volvió a tomar las calles.
Su centro de operaciones abarca sectores emblemáticos como La Recova y el restaurant El Buque. No trabaja en la plaza ni ocupa una esquina fija, entra a las fuentes de soda previa autorización del dueño, saluda con respeto y ofrece sus servicios. Aunque reconoce que hoy la gente usa más zapatillas que zapatos de cuero, se ha adaptado a los tiempos, a las de lona o cuero sintético las limpia aplicando hábilmente vapor.
Residente del sector La Antena vieja, José trabaja con un horario acotado, por lo general desde el mediodía hasta pasadas las dos de la tarde. El tiempo libre le permite dedicarse a su otra gran pasión, la rayuela, disciplina tradicional en la que compite lanzando un cilindro de metal (tejo) para dar directo en la línea.
A pesar del auge de las modas pasajeras, asegura recibir siempre un buen trato del público y de los locatarios. Consciente de que es el único que va quedando en el rubro tras el fallecimiento de los antiguos lustrabotas de la zona, afirma sin titubear que seguirá en el oficio “hasta que el cuerpo no dé más”, dándole vida y brillo al alma de la bohemia serenense.