Tras suspensión de pampilla de San Isidro
Fonderos de Vicuña apuestan a "18 chico" para revertir duro golpe económico
Los efectos de la suspensión de la tradicional Pampilla de San Isidro, producto de las precipitaciones y el viento que afectaron a la Región de Coquimbo durante las Fiestas Patrias, siguen golpeando a los comerciantes que apostaron por la celebración como una de las principales oportunidades de ingresos del año.
Aunque han transcurrido dos semanas de aquello, los locatarios aún evalúan las pérdidas económicas derivadas de una inversión que, en algunos casos, alcanzó varios millones de pesos. No obstante, las esperanzas de los fonderos están puestas en la realización de un “18 chico”, programado para los días 10, 11 y 12 de octubre.
Al respecto, el alcalde de Vicuña, Mario Aros, explicó que el levantamiento de información aún está en desarrollo, aunque señaló que, en términos generales, las pérdidas no serían tan elevadas como se estimó inicialmente.
“Gran parte de lo programado, como artistas y servicios técnicos, pudo ser reagendado para nuestro '18 chico'. Entendemos que quienes pudieron verse más afectados fueron nuestros comerciantes y fonderos, y justamente esta nueva celebración busca darles una oportunidad para recuperar parte de esas pérdidas y sacar adelante sus ventas”, indicó.
Sin embargo, entre los afectados la realidad es diversa. Un fondero que participó en la pampilla sostuvo que, si bien logró rescatar parte de la mercadería, especialmente carnes, bebidas y licores, igualmente sufrió pérdidas importantes.
“Perdimos principalmente lo que habíamos dejado listo para servir esos días. La idea era adelantar preparaciones para atender más rápido y también se perdieron verduras y otros insumos. Además, están las ganancias que uno esperaba obtener y que finalmente no llegaron”, señaló.
Por su parte, desde la Cámara de Comercio y Turismo de Vicuña, su presidenta, Mane Vidaurrazaga, sostuvo que el impacto fue más amplio que el experimentado por los locatarios instalados en la pampilla.
“La suspensión afectó a los comerciantes que estaban dentro del recinto, pero también a hoteles, restaurantes, centros turísticos y distintos servicios que dependen de la llegada de visitantes. La pampilla de San Isidro es un atractivo turístico en sí mismo y al desaparecer ese panorama también disminuyó el flujo de público”, afirmó.
La dirigenta agregó que, además del impacto económico, existió también un golpe emocional para la comunidad. “Son tradiciones muy arraigadas y ver cómo las familias tuvieron que levantar sus campamentos generó mucha tristeza”, aseguró.
Pese a ello, afirmó que existe optimismo respecto al evento de octubre. “Esperamos que la comunidad y toda la región apoyen esta nueva fiesta. No sólo se beneficia el comerciante, también muchas personas que trabajan de manera indirecta en estas actividades”, sostuvo.